Soy padre, que ya lo saben, que ya lo he dicho. Soy padre, repito, de un par de jóvenes; una señorita de 30 años y un muchacho de 21. Soy padre de ese par y lo celebro. Me celebro.
Cuando supe que iba a ser padre de la señorita tenía la edad que hoy mi muchacho tiene y saber aquello se convirtió en la mejor aventura que he tenido en mi vida. Era joven, era pobre (sigo siéndolo), era subteniente, amaba mi carrera y amaba el hecho de saberme padre y de estar sirviendo a mi país (no tiene nada que ver una cosa con la otra, pero amaba esos dos hechos).
Lo demás ya lo he contado, cada cosa que hacía, cada obstáculo que vencía, cada (magro) logro que conseguía tenía una sola motivación, ella, la señorita de hoy, de quien vivo fanfarroneando de lo orgulloso que me siento.
Cuando supe que iba a ser padre del muchacho, rondaba los 32 años y me había casado por segunda vez. Ya no era subteniente, era capitán en uso de buen retiro que llamaban antes, trabajaba para uno de los bancos de don Luis Carlos y quería comerme el cuento del ejecutivo exitoso, seguía siendo pobre (en éste país todos los somos excepto una pequeña minoría) y seguía queriendo a mi país y a la fuerza a la que había pertenecido pero de la que me había hartado.
Lo demás ya lo he contado, tuve la fortuna de estar al lado del muchacho desde pequeño hasta verlo convertido en eso, en un muchacho, en el muchacho que es y en el hombre maravilloso en que se ésta convirtiendo y del cual me siento muy orgulloso.
Soy padre, que ya lo saben, que ya lo he dicho. Padre de un par de jóvenes; una señorita de 30 y un muchacho de 21,
También he dicho hasta el cansancio que me tocó en suerte ser padre de un par de maravillosas y buenas personas, pero lo que más quiero decir hoy con profunda convicción, es que en estos últimos tiempos de tantas de tribulaciones y profundas tristezas, en donde han sido más los que se van que los que se quedan, que ellos, la señorita y el muchacho han estado ahí, a mi lado, como uno solo, como un puño cerrado, haciéndome saber a cada instante, hasta el cansancio y de infinitas maneras, que cuento con ellos, con su amistad, con su apoyo, con su cariño y por supuesto con su amor que es en últimas lo que más me importa en este mundo.
Soy padre de ese par y lo celebro. Me celebro.
