"...una persona muere de hambre cada cuatro segundos, en el mundo; 1,5 millardos de personas carecen de agua limpia; cada día mueren 30 mil personas por causa de aguas impotables; bajo el nivel de pobreza se encuentran un millardo de niños; un niño muere, en el mundo, cada tres segundos a causa de la pobreza, [...] pero en el mundo disponemos de los recursos necesarios para alimentar adecuadamente a 12 millardos de personas. Y hoy la tierra alberga apenas 6,5 millardos. Dice Joseph Roth, en el profeta mudo: "El pan no será pan mientras no puedan comerlo todos y mientras su sonido vaya acompañado por el hambre, como un cuerpo por su sombra".
*Repartir el pan, AAguirre, el arte de disentir 2006
A hoy veintidós de abril del dos mil dieciséis las cosas -todos lo sabemos- no han mejorado, al contrario; guerras tribales, guerras sociales, guerras políticas, guerras religiosas, guerras interinas, guerras territoriales germinan cada día. Sistemas económicos aspiran el último denario de nuestros ya incólumes bolsillos, la canibalización producto de ambiciones desmedidas de hombres y corporaciones que es lo mismo suma y suma y sigue sumando miseria ante los menos afortunados, ante los siempre desposeídos, nada que ustedes no sepan por lo demás.
Por todo lo anterior y por más, pues en esto de la miseria hay mucho por hablar cuando uno lee un pequeño texto, una pequeña manifestación de un sueño no deja de por lo menos cerrar los ojos e imaginárselo.
Lo voy a compartir sin autorización del dueño porque al leerlo uno sabe que la mezquindad no es su fuerte.
"Estoy pensando en buscar colegas, amigos, vecinos o recomendados e irnos a fundar un nuevo pueblo, lleno de árboles, sin trazarlo en cuadrícula, con varias plazas, muchas bibliotecas, esculturas y jardines, irnos a colonizar una ladera de montaña, llena de pájaros y zarigüellas, tigres y turpiales, donde nazcan campesinos con su cuadrita, su establo y su ganado, pacientes, tranquilos y decentes, con políticos pulcros y responsables, sin ejército y sin guerrilla, lejos de los narcotraficantes y los proxenetas, escoger un lejano rincón en tierras frías, cerca de un páramo que nos asegure agua, proteger la fauna que nos queda, alejar a niños y ancianos del ruido y el caos, aprender del arte, la ciencia y la tecnología sus mejores hallazgos, leer a Borges y a Yourcenar y cientos más, recordar a Budha y a Krishnamurti, a Whitman y a Piet Mondrian, alabar al sol y la luna, a la Vía Láctea que por fin veremos sin intermediarios, sembrar como un acto sagrado, escuchar la música de las manos de los virtuosos, hacer las calles sólo para peatones y bicicletas, y mantener buses, carros y motos a muy buena distancia, recuperar el silencio, la risa, el buen café, las tertulias sin whatsapp, espacios discretos e íntimos para la conectividad a internet, cerrar el ipad cuando te estrechen en un abrazo, cuando te ofrezcan una sonrisa, educar en la creatividad, en la curiosidad, en los proyectos, cultivar la física y las matemáticas al lado de la pintura y la danza, junto con la poesía y la geometría, la literatura y la natación, simplificar el derecho y la legalidad, reducir la burocracia a su mínima expresión, pagarle más los médicos y profesores que a los futbolistas y que a las presentadoras de farándula, desparramar la confianza entre todos los habitantes para que la palabra una en lugar de separar, recuperar al panadero, al cartero, al jardinero, a la vendedora de frutas y flores. Sólo un pequeño y anodino pueblo. Es que estoy pensando que las ciudades agotan, duelen y fatigan el alma, el sentido de la existencia, el encuentro con las cosas que siempre han sido simples, cansado de las personas que pasan tan a prisa que el saludo es un emoticón o un "qué mas, chao". Sólo estoy soñando, pensando, imaginando, también estoy sintiendo, amando...pero por algunas razones que ahora no vale la pena explicar, aún no estoy actuando, concretando, logrando, haciendo. Y creo que somos muchos, casi todos, que nos estamos resignando, perdiendo, muriendo sin hacer que la vida, la humana, la tuya, la mía, la nuestra, sea simplemente la vida, con todo lo que ofrece, no con todo lo que nos obligan o nos quitan, el miedo que nos cerca o la tristeza que nos oprime. Un pueblo nuevo, para ver si el optimismo por la humanidad puede renacer como una solitaria flor en el desierto".
Juan Diego Ramos B
"Estoy pensando en buscar colegas, amigos, vecinos o recomendados e irnos a fundar un nuevo pueblo, lleno de árboles, sin trazarlo en cuadrícula, con varias plazas, muchas bibliotecas, esculturas y jardines, irnos a colonizar una ladera de montaña, llena de pájaros y zarigüellas, tigres y turpiales, donde nazcan campesinos con su cuadrita, su establo y su ganado, pacientes, tranquilos y decentes, con políticos pulcros y responsables, sin ejército y sin guerrilla, lejos de los narcotraficantes y los proxenetas, escoger un lejano rincón en tierras frías, cerca de un páramo que nos asegure agua, proteger la fauna que nos queda, alejar a niños y ancianos del ruido y el caos, aprender del arte, la ciencia y la tecnología sus mejores hallazgos, leer a Borges y a Yourcenar y cientos más, recordar a Budha y a Krishnamurti, a Whitman y a Piet Mondrian, alabar al sol y la luna, a la Vía Láctea que por fin veremos sin intermediarios, sembrar como un acto sagrado, escuchar la música de las manos de los virtuosos, hacer las calles sólo para peatones y bicicletas, y mantener buses, carros y motos a muy buena distancia, recuperar el silencio, la risa, el buen café, las tertulias sin whatsapp, espacios discretos e íntimos para la conectividad a internet, cerrar el ipad cuando te estrechen en un abrazo, cuando te ofrezcan una sonrisa, educar en la creatividad, en la curiosidad, en los proyectos, cultivar la física y las matemáticas al lado de la pintura y la danza, junto con la poesía y la geometría, la literatura y la natación, simplificar el derecho y la legalidad, reducir la burocracia a su mínima expresión, pagarle más los médicos y profesores que a los futbolistas y que a las presentadoras de farándula, desparramar la confianza entre todos los habitantes para que la palabra una en lugar de separar, recuperar al panadero, al cartero, al jardinero, a la vendedora de frutas y flores. Sólo un pequeño y anodino pueblo. Es que estoy pensando que las ciudades agotan, duelen y fatigan el alma, el sentido de la existencia, el encuentro con las cosas que siempre han sido simples, cansado de las personas que pasan tan a prisa que el saludo es un emoticón o un "qué mas, chao". Sólo estoy soñando, pensando, imaginando, también estoy sintiendo, amando...pero por algunas razones que ahora no vale la pena explicar, aún no estoy actuando, concretando, logrando, haciendo. Y creo que somos muchos, casi todos, que nos estamos resignando, perdiendo, muriendo sin hacer que la vida, la humana, la tuya, la mía, la nuestra, sea simplemente la vida, con todo lo que ofrece, no con todo lo que nos obligan o nos quitan, el miedo que nos cerca o la tristeza que nos oprime. Un pueblo nuevo, para ver si el optimismo por la humanidad puede renacer como una solitaria flor en el desierto".
Juan Diego Ramos B
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