Eran ocho (las conté varias veces), todas ellas sentadas en una jardinera en plena calle al medio día y todas ellas con su coquita de almuerzo destapada, sus tenedores, sus frascos de mermelada con el jugo, todas ellas sonrientes, todas ellas felices y dicharacheras, todas ellas rapándose la palabra, todas ellas compartiendo las delicias que todas ellas en la mañana han preparado para ellas y los suyos, todas ellas riéndose de los piropos encendidos de sus compañeros, todas ellas enfundadas en su mono gris y con sus cascos protectores al lado, todas ellas coquetas con sus botas pesadas, sus radios de comunicación y sus ficheros de trabajo, todas ellas cumpliendo turno, todas ellas hablando de mezclas, de pinturas, de adoquines, de revoques...
Todas ellas, las obreras de mi ciudad.
¡¡¡Lindo!!! como siempre. Dumit
ResponderEliminarUno se las imagina a todas ellas, me gustó Gaby. Caro
ResponderEliminarNo dejes de escribir Gabriel, nos tenías muy aboandonados. Aida
ResponderEliminarTodas ellas, y las que no llevan ni overol ni botas, pero se las guerrean para sacar a toda una familia adelante.
ResponderEliminarTenía pendiente la lectura, hice bien, debía ser con la mayor calma y el mejor ambiente... lo he logrado y ohhhhhhh que forma de escribir, hay más?
ResponderEliminarYanethR