Uno se sienta con ella a almorzar y de inmediato recibe esa descarga de buen equilibrio, de buena energía que la persigue a pesar de su a veces máscara de indiferencia, cansancio, frustración y algo de cinismo que lleva a cuesta la gente de su generación.
Tiene una cara demasiado expresiva y sus brazos en extremo delgados hablan por si solos, sus pulseras tintinean lánguidas colgadas de sus muñecas de mentirita reafirmándola, su espalda recta, sus gestos vehementes, sus tatuajes llenos de significados, su rebeldía suavizada con sus maneras de niña bien educada, su risa contagiosa, sus ojos llenos de amor y la generosidad con la que habla de sus tres hermanos, su seriedad cuando se trata de formar a su hijo casi más alto que ella, sus sueños, su lucha constante para encontrar su lugar, su cara hermosa de niña satisfecha con ella, su búsqueda interior para entenderse, sus buenas lecturas, su sentido común -quién lo creyera-, sus consejos cargados de cordura y de locura, la sensatez con la que enfrenta sus sueños, la facilidad con que logra poner todo en orden, en "su" orden. La sencillez aparente con la que ha logrado ser una mamá adolescente, una joven llena de sueños, una estudiante apasionada y hoy, una profesional capaz y llena de retos, en fin, un mapa inicial más concebido para pudrirse en la manigua de un pueblo con una humedad relativa del setenta por ciento que para trascender, como lo ha venido haciendo.
No es fácil hablar de ella por lo orgulloso que me siento. Es con ella o a través de ella que he venido a caer en cuenta que uno tiene hijos es para disfrutarlos como sus iguales, como sus pares, para sentarse con ellos alrededor de una copa o de un porro a verse a los ojos y para que a través de esas conversaciones intrascendentes, de esos lenguajes íntimos nos digamos cuánto nos amamos y cuán felices somos por tenernos.
Mi hija es la cosa más bella del mundo, y yo nunca encuentro las palabras suficientes para decirle lo mucho que la adoro y lo muy feliz que me hace su amistad, su cariño y su amor, deben ser por que no existen...las palabras, digo.
Mi hija está cumpliendo años y yo la celebro.
Sin palabras, me emocioné mucho. Dumit
ResponderEliminarPapás orgullosos es lo que necesitamos carajo!!!
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