Un señor que se llama Camilo Jimenez gran editor él, "posteo" en su blog, ese sí de gran valía, ésta entrada que les comparto: http://elojoenlapaja.blogspot.com.co/2009/09/fusilado-joe-brainard.html
Muchos de quienes lo leímos, comentamos y compartimos nuestros "Me acuerdo" y creo, sin temor a equivocarme, que sin excepción todos y cada uno de nosotros quedamos con ganas de hacer el ejercicio.
Aquí va el mio sin saber hasta donde soy capaz de confesar y de llegar:
Me acuerdo que mi hermana y yo en Villavicencio esperábamos a mi papá cuando viajaba a Bogotá y nos traía manzanas acarameladas que nos comíamos delante de todos los vecinos sin ofrecerles.
Me acuerdo que yo sufría lo indecible cada vez que llegaban atracciones mecánicas a mi pueblo por que diferente a la fulana, yo no me montaba sino en los caballitos y acompañado por mi mamá, y sentía que eso era una desgracia para mi viejo.
Me acuerdo que yo era el dueño del único balón de fútbol de la cuadra pero no jugaba un culo.
Me acuerdo que nuestros vecinos hacían fila para entrar a ver televisión a mi casa a las cuatro de la tarde que empezaba la programación.
Me acuerdo que mi torpeza con el trompo, las cánicas y el yoyo me obligaron a perderlos una y otra vez, y otra vez, y otra vez...
Me acuerdo que mi abuelita materna -que no abuela- nos untaba remolacha en los cachetes para que no luciéramos pálidos.
Me acuerdo que una vez la fulana de seis años se fue de la casa con maletas y todo y se parcho en la esquina con los amigos a esperar que llegará mi papá para darle quejas de mi mamá.
Me acuerdo por supuesto de ir a alquilar comic´s al parque central de mi pueblo y pasar las horas leyendo.
Me acuerdo que la fulana comía carne con gordo, aceitunas, alcaparras, entreverado sólo para joderme con mi papá porque yo las odiaba.
Me acuerdo que una vez se me inflamaron las pelotas y la confianza para decirlo se la tuve a mi mamá que me las examinó con una aguja de crochet. (es verdad).
Me acuerdo que me daba un miedo todo rico cuando me quedaba en casa de la abuela y dormía con mi tía Nelly que era la más linda de las lindas. (tenía siete años, yo).
Me acuerdo que el cojo Jose vecino de al lado se robaba los hongos que crecían en la jardinera que tenía mi mamá.
Me acuerdo que moría de envidia porque a mi mejor amigo lo vestían como al hermano mayor, de bota campana y camisas de cuello largooo. (hoy le doy gracias a mi mamá por no dar su brazo a torcer).
Me acuerdo que cada vez que subíamos a Bogotá me sentía el más provinciano del mundo con mi saquito hecho por mi madre, los blue jeans marca Lec Lee y los tenis Croydon.
Me acuerdo que la primera vez que me dieron un beso con lengua me sorprendió que estuviera conectado con la verga, que delicia.
Me acuerdo -dulcemente- que tuve una vecina que me quitó el problema de la virginidad a temprana edad lo que me evito andar diciendo mentiras a mis amigos pubertos.
Me acuerdo que la primera vez que me fume un porro quería que todo el mundo se diera cuenta que estaba embaretado.
Me acuerdo, y todavía me avergüenza, que hacía solos de coreografías de "Saturday Night Fever y Grease" en las fiestas de quince.
Me acuerdo que siempre andaba afanado por complacer a mi papá y él me la ponía difícil.
Me acuerdo, vivamente, que sentía muchos celos cuando mis amigos me decían que mi mamá era muy linda.
Me acuerdo que siempre me quise comer a una prima y nunca lo logré (ella sabe quien es)
Me acuerdo que me afanaba mucho querer pertenecer a algo y sentía que no lo lograba, que no encajaba, que no encontraba mi lugar. Afortunadamente muchos años después entendí cual rol era el mio. (ellos dos lo saben).
Me acuerdo (y aquí termino), ver correr a mi padre tras de mi en el campo de paradas de la Escuela Militar el día de mi ingreso para entregarme su preciado reloj.
Aquí los dejo pensando en sus "Me acuerdo", que espero me compartan.
Besos
martes, 22 de noviembre de 2016
lunes, 29 de agosto de 2016
Mis cartas
Cada vez que le llegaba una carta de su hermana Belencita -que no Belen-, mi abuelita Mercedes -que no abuela-, la escondía y esperaba a estar a solas conmigo para que yo se la leyera en voz alta (es la hora que no sé la razón pues ella leía, y bien) para luego con mi letra clara, y con renglones hechos a lápiz que luego borrábamos, escribir la respuesta mientras ella me iba dictando:
"Querida Belen he recibido su misiva y me alegra saber que todos estén bien de salud..."
Cada vez que nos llegaba una carta a la fulana y a mi de mi tío Ricardo quien fuera el primero de nosotros en ir a estudiar al exterior, la fulana y yo mirábamos por horas, antes de abrirlo, el sobre con su timbre de París-La France e imaginábamos al remitente siempre al lado de la torre Eiffel o entrando al claustro viejo de La Sorbonne-Universite de París. Leíamos su contenido, generalmente plagado de felicitaciones para la fulana y lleno de recriminaciones para mi, por mis bajas notas académicas. Viajábamos con cada carta.
Cada vez que tenía un breve descanso en la Escuela Militar me sentaba a escribir largas cartas nostálgicas a mi abuela y a mis padres en donde exageraba mis siempre escasos logros y rememoraba las comidas que tanto extrañaba.
Cada vez que en medio de la selva o de las montañas escuchaba el rotor de un helicóptero, mi corazón se aceleraba esperando el anhelado paquete lleno de cartas de quien era mi esposa en ese entonces para leer una y otra vez cada palabra y para ver una y otra vez cada foto que me enviaba de Camila. En la noche, ya acostado en la hamaca y con una linterna táctica, leía y releía y veía y volvía a ver.
Cada vez que recibía una carta de mi madre sabía que al final mi viejo escribía una par de párrafos para mi. Los dos con esa caligrafía hermosa que ellos aprendieron y que con ellos esta muriendo, y los dos llenos de recomendaciones e indicaciones para que me cuidara y cuidara a los hombres bajo mi mando.
Todavía si busco en rincones y cajones olvidados encuentro a muchas de ellas y por supuesto que viajo al pasado, evoco y recuerdo cada instante. De hecho, ahora escribiendo esto, rememoro el sobre clásico de ribetes rojos y azules con el nombre del remitente en la esquina superior izquierda, el timbre o la estampilla en la superior derecha y el nombre del destinatario en el centro.
Cuánta falta hace de vez en cuando enviar una carta, cuánta falta hace de vez en cuando esperarla pero sobre todo cuánta falta hace de cuando en vez tener un hoja en blanco, un estilográfico y comenzar a escribirle a alguien especial lo que previamente hemos pensado decir con el corazón.
Amaba las cartas.
PD: ya no nos conocemos la letra
PD: ya no nos conocemos la letra
viernes, 22 de abril de 2016
La Colonia de JuanDiegoR
"...una persona muere de hambre cada cuatro segundos, en el mundo; 1,5 millardos de personas carecen de agua limpia; cada día mueren 30 mil personas por causa de aguas impotables; bajo el nivel de pobreza se encuentran un millardo de niños; un niño muere, en el mundo, cada tres segundos a causa de la pobreza, [...] pero en el mundo disponemos de los recursos necesarios para alimentar adecuadamente a 12 millardos de personas. Y hoy la tierra alberga apenas 6,5 millardos. Dice Joseph Roth, en el profeta mudo: "El pan no será pan mientras no puedan comerlo todos y mientras su sonido vaya acompañado por el hambre, como un cuerpo por su sombra".
*Repartir el pan, AAguirre, el arte de disentir 2006
A hoy veintidós de abril del dos mil dieciséis las cosas -todos lo sabemos- no han mejorado, al contrario; guerras tribales, guerras sociales, guerras políticas, guerras religiosas, guerras interinas, guerras territoriales germinan cada día. Sistemas económicos aspiran el último denario de nuestros ya incólumes bolsillos, la canibalización producto de ambiciones desmedidas de hombres y corporaciones que es lo mismo suma y suma y sigue sumando miseria ante los menos afortunados, ante los siempre desposeídos, nada que ustedes no sepan por lo demás.
Por todo lo anterior y por más, pues en esto de la miseria hay mucho por hablar cuando uno lee un pequeño texto, una pequeña manifestación de un sueño no deja de por lo menos cerrar los ojos e imaginárselo.
Lo voy a compartir sin autorización del dueño porque al leerlo uno sabe que la mezquindad no es su fuerte.
"Estoy pensando en buscar colegas, amigos, vecinos o recomendados e irnos a fundar un nuevo pueblo, lleno de árboles, sin trazarlo en cuadrícula, con varias plazas, muchas bibliotecas, esculturas y jardines, irnos a colonizar una ladera de montaña, llena de pájaros y zarigüellas, tigres y turpiales, donde nazcan campesinos con su cuadrita, su establo y su ganado, pacientes, tranquilos y decentes, con políticos pulcros y responsables, sin ejército y sin guerrilla, lejos de los narcotraficantes y los proxenetas, escoger un lejano rincón en tierras frías, cerca de un páramo que nos asegure agua, proteger la fauna que nos queda, alejar a niños y ancianos del ruido y el caos, aprender del arte, la ciencia y la tecnología sus mejores hallazgos, leer a Borges y a Yourcenar y cientos más, recordar a Budha y a Krishnamurti, a Whitman y a Piet Mondrian, alabar al sol y la luna, a la Vía Láctea que por fin veremos sin intermediarios, sembrar como un acto sagrado, escuchar la música de las manos de los virtuosos, hacer las calles sólo para peatones y bicicletas, y mantener buses, carros y motos a muy buena distancia, recuperar el silencio, la risa, el buen café, las tertulias sin whatsapp, espacios discretos e íntimos para la conectividad a internet, cerrar el ipad cuando te estrechen en un abrazo, cuando te ofrezcan una sonrisa, educar en la creatividad, en la curiosidad, en los proyectos, cultivar la física y las matemáticas al lado de la pintura y la danza, junto con la poesía y la geometría, la literatura y la natación, simplificar el derecho y la legalidad, reducir la burocracia a su mínima expresión, pagarle más los médicos y profesores que a los futbolistas y que a las presentadoras de farándula, desparramar la confianza entre todos los habitantes para que la palabra una en lugar de separar, recuperar al panadero, al cartero, al jardinero, a la vendedora de frutas y flores. Sólo un pequeño y anodino pueblo. Es que estoy pensando que las ciudades agotan, duelen y fatigan el alma, el sentido de la existencia, el encuentro con las cosas que siempre han sido simples, cansado de las personas que pasan tan a prisa que el saludo es un emoticón o un "qué mas, chao". Sólo estoy soñando, pensando, imaginando, también estoy sintiendo, amando...pero por algunas razones que ahora no vale la pena explicar, aún no estoy actuando, concretando, logrando, haciendo. Y creo que somos muchos, casi todos, que nos estamos resignando, perdiendo, muriendo sin hacer que la vida, la humana, la tuya, la mía, la nuestra, sea simplemente la vida, con todo lo que ofrece, no con todo lo que nos obligan o nos quitan, el miedo que nos cerca o la tristeza que nos oprime. Un pueblo nuevo, para ver si el optimismo por la humanidad puede renacer como una solitaria flor en el desierto".
Juan Diego Ramos B
"Estoy pensando en buscar colegas, amigos, vecinos o recomendados e irnos a fundar un nuevo pueblo, lleno de árboles, sin trazarlo en cuadrícula, con varias plazas, muchas bibliotecas, esculturas y jardines, irnos a colonizar una ladera de montaña, llena de pájaros y zarigüellas, tigres y turpiales, donde nazcan campesinos con su cuadrita, su establo y su ganado, pacientes, tranquilos y decentes, con políticos pulcros y responsables, sin ejército y sin guerrilla, lejos de los narcotraficantes y los proxenetas, escoger un lejano rincón en tierras frías, cerca de un páramo que nos asegure agua, proteger la fauna que nos queda, alejar a niños y ancianos del ruido y el caos, aprender del arte, la ciencia y la tecnología sus mejores hallazgos, leer a Borges y a Yourcenar y cientos más, recordar a Budha y a Krishnamurti, a Whitman y a Piet Mondrian, alabar al sol y la luna, a la Vía Láctea que por fin veremos sin intermediarios, sembrar como un acto sagrado, escuchar la música de las manos de los virtuosos, hacer las calles sólo para peatones y bicicletas, y mantener buses, carros y motos a muy buena distancia, recuperar el silencio, la risa, el buen café, las tertulias sin whatsapp, espacios discretos e íntimos para la conectividad a internet, cerrar el ipad cuando te estrechen en un abrazo, cuando te ofrezcan una sonrisa, educar en la creatividad, en la curiosidad, en los proyectos, cultivar la física y las matemáticas al lado de la pintura y la danza, junto con la poesía y la geometría, la literatura y la natación, simplificar el derecho y la legalidad, reducir la burocracia a su mínima expresión, pagarle más los médicos y profesores que a los futbolistas y que a las presentadoras de farándula, desparramar la confianza entre todos los habitantes para que la palabra una en lugar de separar, recuperar al panadero, al cartero, al jardinero, a la vendedora de frutas y flores. Sólo un pequeño y anodino pueblo. Es que estoy pensando que las ciudades agotan, duelen y fatigan el alma, el sentido de la existencia, el encuentro con las cosas que siempre han sido simples, cansado de las personas que pasan tan a prisa que el saludo es un emoticón o un "qué mas, chao". Sólo estoy soñando, pensando, imaginando, también estoy sintiendo, amando...pero por algunas razones que ahora no vale la pena explicar, aún no estoy actuando, concretando, logrando, haciendo. Y creo que somos muchos, casi todos, que nos estamos resignando, perdiendo, muriendo sin hacer que la vida, la humana, la tuya, la mía, la nuestra, sea simplemente la vida, con todo lo que ofrece, no con todo lo que nos obligan o nos quitan, el miedo que nos cerca o la tristeza que nos oprime. Un pueblo nuevo, para ver si el optimismo por la humanidad puede renacer como una solitaria flor en el desierto".
Juan Diego Ramos B
miércoles, 9 de marzo de 2016
Mi Nacho
Siempre que se hace una historia se habla de un viejo de un niño o de sí, pero mi historia es difícil no voy a hablarles de un hombre común.
Y cómo dice la cita que corresponde a la canción del elegido de Silvio; es un viejo, es un niño y no es común y todavía no ha hecho nada para acreditarle de acuerdo a los cánones establecidos de hoy día el éxito que todos quieren -¿queremos?- lograr. En realidad no estoy tan seguro que él mismo quiera ese reconocimiento, lo único que he observado desde hace ya no pocos años son su claridad, el empeño, la disciplina, la constancia, la confianza y la perseverancia con la que se despierta cada día a luchar por su sueño.
A claras luces notamos quienes estamos cerca a él que no es afectada esa lucha y que por el contrario proviene desde lo más profundo de su ser y esa, "su" convicción, nos ha hecho en no pocas ocasiones criticarlo o desearle un camino menos pesado porque nos abruma tanta seguridad, nos atemoriza, nos descoloca estar ante una persona que no logramos entender del todo.
Lo hemos subestimado y hemos, repito, querido para él (a lo cual no tenemos derecho), la vida que nosotros mismos tuvimos a su edad. Particularmente, en algunas ocasiones he deseado verlo parrandear más, ser más sinvergüenza, más vago. En resumen, más mediocre, así, como yo fui, como son casi todos sus amigos y sus contemporáneos.
Lo hemos subestimado y hemos, repito, querido para él (a lo cual no tenemos derecho), la vida que nosotros mismos tuvimos a su edad. Particularmente, en algunas ocasiones he deseado verlo parrandear más, ser más sinvergüenza, más vago. En resumen, más mediocre, así, como yo fui, como son casi todos sus amigos y sus contemporáneos.
Yo que lo he tenido por tanto tiempo a mi lado me he angustiado al punto del colapso, porque creo que tanta entrega a su sueño, a sus metas, pueden llevarlo a una frustración que no quiero para él, sin embargo me sigue, nos sigue, demostrando con hechos, con valentía, con sensatez, con tenacidad que lo suyo no es una quimera, y yo, que lo amo con tanta pasión cada vez me aseguro que estoy ante una persona como pocas y que su voluntad es una fuerza motriz más poderosa que una bomba atómica, como decía Einstein.
Sí claro, no me voy a engañar, ha sido un niño y un joven privilegiado, no ha aguantado hambre, y ha tenido las oportunidades que más de la mitad de los jóvenes de éste país no tienen, sin embargo eso a mi manera de ver no le resta méritos, por el contrario, los magnifica, pues por lo mismo podría tomársela con menos severidad.
Es mi hijo es cierto y esto para muchos no pasará de palabras escritas por un padre exultante de amor, más sin embargo, yo lo admiraré por siempre, pues nunca había conocido a nadie tan determinado en la vida a cumplir sus metas.
Hoy éstas cumpliendo años querido hijo y como cada año al llegar esta fecha yo lo primero que recuerdo es haberte recibido en mis brazos diciéndote:
Te amo
PD: Mi regalo:
https://www.youtube.com/watch?v=FqcHYIVu2k8
Es mi hijo es cierto y esto para muchos no pasará de palabras escritas por un padre exultante de amor, más sin embargo, yo lo admiraré por siempre, pues nunca había conocido a nadie tan determinado en la vida a cumplir sus metas.
Hoy éstas cumpliendo años querido hijo y como cada año al llegar esta fecha yo lo primero que recuerdo es haberte recibido en mis brazos diciéndote:
"Te llamas Miguel Hurtado Tamayo, eres hijo de Gabriel y de Sissi y has nacido en un estado social de derecho que se llama Colombia"
Te amo
PD: Mi regalo:
https://www.youtube.com/watch?v=FqcHYIVu2k8
miércoles, 2 de marzo de 2016
El viaje
La niña pecosa de pies pequeños conectada a su minitablet acompañada del joven de abrigo negro alelado mirando la pantalla de su smartphone, el niño rollizo de gorra beisbolera y mameluco blanco sobre las piernas de su mamá a todas luces, ella, feliz y orgullosa de su pequeñin a quien todos vemos, la anciana respetable y venerable quien mecánicamente introduce cada cuatro segundos (lo juro, lo cronometré), su dedo pulgar e índice a un paquete de choclitos mientras observa fija e hipnópticamente mis medias verdes de cincuentón maricón, el estudiante que nos mira con cara de "tengo toda la vida por delante" y a quien le respondemos todos en silencio y al unísono con un: "en un país con pocas oportunidades, listillo". El hombre de barriga prominente, edad media y cara manchada que denota una vida de trabajo al aire libre, y yo, de espaldas al conductor y a la vida -como debe ser-, sentado en el "puff" que divide la silla del chofer y la del ayudante pensando en que por un tiempo insignificante de mi vida estos desconocidos son mis compañeros de viaje.
Punto
jueves, 18 de febrero de 2016
Voy a hablar de mi papá
Voy a hablar de mi papá porque no ha sido suficiente lo mucho que lo recuerdo las varias veces al día, porque necesito exorcizarlo o porque simplemente yo, francamente no puedo vivir sin él, y cada día en el espejo, en las mañanas, antes de entrar a la ducha o al salir, o ambas, me descubro en él.
Voy a hablar de mi papá porque nunca será suficiente lo mucho que yo hable de él conmigo mismo o con el primer contertulio que tenga la mala fortuna de cruzarse en mi camino.
Voy a hablar de mi papá porque es el mejor personaje que yo he conocido, voy a hablar de mi papá y recordar la vez que viajando hacía mi Gandul a la altura de casa é teja y después de haberme escuchado incrédulo que yo acabase de colgar una llamada con mi esposa de entonces quien se encontraba en Italia no pudiese creer que hablar con Europa fuese tan fácil como marcar el número.
Voy a hablar de mi papá porque es el mejor personaje que yo he conocido, voy a hablar de mi papá y recordar la vez que viajando hacía mi Gandul a la altura de casa é teja y después de haberme escuchado incrédulo que yo acabase de colgar una llamada con mi esposa de entonces quien se encontraba en Italia no pudiese creer que hablar con Europa fuese tan fácil como marcar el número.
Voy a hablar de mi papá para escucharle contar una y otra vez que sus abuelos habían atravesado Arauca huyendo de la revuelta de la humbertera para fundar El Gandul (el de ellos), cerca a las bocas del Pauto, voy a hablar de mi papá para que me cuente como el viejo Carlos Hurtado su abuelo, en unas fiestas de Trinidad coleando sobre la calle principal al recoger la cola del bicho e inclinarse para terminar la faena se encontró con una pared que lo mató. Murió de aprendiz, cómo decía su papá, el abuelo Don Enrique, quien junto con su hermano y doña Rosa se quedaron en ese rincón y se apropiaron del mercado de ultramarinos que recibían por el Meta desde Orocué. Voy a hablar de mi papá para seguir oyéndole contar la vez que el abuelo llevo la primera nevera al pueblo y le vendía helados a sus compadres que llegaban con ellos derretidos dentro de los zamarros al hato de su propiedad, el de ellos, no el del abuelo, que todo hay que explicárselo a ustedes.
Voy a hablar de mi papá para imaginármelo de catorce años bajando de Sogamoso a Trinidad con el atajo de caballos del abuelo a pasar sus vacaciones de colegio. Doscientos setenta y cuatro kilómetros a caballo, catorce años de edad, acompañado por la peonada, recorriendo una ruta similar a la que uso Bolívar por Pisba sólo que de bajada, vía Aquitania, Pajarito, Aguazul, Yopal, Nunchia.
Voy a hablar de mi papá para imaginar al viejo Hector Riobueno concuñado de don Enrique llevándose todo el ganado del Gandul que no fuera blanco para fundar Santa fe cerca a Puerto Gaitán en el Meta, en donde tantas veces nos quedamos de viaje hacía La Surumba, el rincón del que se enamoró mi papá en el setenta y cuatro en las sabanas del Vichada y que partió en dos la historia de nuestra pequeña tribu.
Voy a hablar de mi papá para imaginar al viejo Hector Riobueno concuñado de don Enrique llevándose todo el ganado del Gandul que no fuera blanco para fundar Santa fe cerca a Puerto Gaitán en el Meta, en donde tantas veces nos quedamos de viaje hacía La Surumba, el rincón del que se enamoró mi papá en el setenta y cuatro en las sabanas del Vichada y que partió en dos la historia de nuestra pequeña tribu.
Voy a hablar de mi papá con los ojos cerrados para sentirlo detrás de mi mamá cantándole sus adaptadas composiciones o llevándome de madrina para amansar un potro cerrero, enseñándome a castrar un novillo y a herrar un bicho con el mismo hierro de su viejo que luego fue el mío, a curar una gusanera y a vadear un río bravero. Voy a hablar de mi papá para recordarnos juntos de a caballo sabaneando La Surumba buscando ganado enterrado en los bajos de la serranía, voy a hablar de mi papá manejando hacía Villavicencio al entierro de su mamá, callado, ido, recordando a doña Ana que nos esperaba ya muerta.
Voy a hablar de mi viejo con su oxigeno de lastre esperándome en su casa para darme un abrazo paterno y consolador que empezaba con sus ojos, pasando por sus brazos y terminando en sus palabras después de haber tenido una de las peores de experiencias de mi vida.
Voy a hablar de mi viejo con su oxigeno de lastre esperándome en su casa para darme un abrazo paterno y consolador que empezaba con sus ojos, pasando por sus brazos y terminando en sus palabras después de haber tenido una de las peores de experiencias de mi vida.
Voy a hablar de mi papá mientras recorro con mis dedos de niño de cinco años sus venas marcadas en las manos mientras que la fulana ronronea alrededor de la cama matrimonial y él, paciente, nos entrega la sección de monos de El Espectador para que lo dejemos en paz leyendo la columna de Klim.
Voy a hablar de mi papá sin parar, siempre.
Punto
Voy a hablar de mi papá sin parar, siempre.
Punto
sábado, 13 de febrero de 2016
HIJA
Uno se sienta con ella a almorzar y de inmediato recibe esa descarga de buen equilibrio, de buena energía que la persigue a pesar de su a veces máscara de indiferencia, cansancio, frustración y algo de cinismo que lleva a cuesta la gente de su generación.
Tiene una cara demasiado expresiva y sus brazos en extremo delgados hablan por si solos, sus pulseras tintinean lánguidas colgadas de sus muñecas de mentirita reafirmándola, su espalda recta, sus gestos vehementes, sus tatuajes llenos de significados, su rebeldía suavizada con sus maneras de niña bien educada, su risa contagiosa, sus ojos llenos de amor y la generosidad con la que habla de sus tres hermanos, su seriedad cuando se trata de formar a su hijo casi más alto que ella, sus sueños, su lucha constante para encontrar su lugar, su cara hermosa de niña satisfecha con ella, su búsqueda interior para entenderse, sus buenas lecturas, su sentido común -quién lo creyera-, sus consejos cargados de cordura y de locura, la sensatez con la que enfrenta sus sueños, la facilidad con que logra poner todo en orden, en "su" orden. La sencillez aparente con la que ha logrado ser una mamá adolescente, una joven llena de sueños, una estudiante apasionada y hoy, una profesional capaz y llena de retos, en fin, un mapa inicial más concebido para pudrirse en la manigua de un pueblo con una humedad relativa del setenta por ciento que para trascender, como lo ha venido haciendo.
No es fácil hablar de ella por lo orgulloso que me siento. Es con ella o a través de ella que he venido a caer en cuenta que uno tiene hijos es para disfrutarlos como sus iguales, como sus pares, para sentarse con ellos alrededor de una copa o de un porro a verse a los ojos y para que a través de esas conversaciones intrascendentes, de esos lenguajes íntimos nos digamos cuánto nos amamos y cuán felices somos por tenernos.
Mi hija es la cosa más bella del mundo, y yo nunca encuentro las palabras suficientes para decirle lo mucho que la adoro y lo muy feliz que me hace su amistad, su cariño y su amor, deben ser por que no existen...las palabras, digo.
Mi hija está cumpliendo años y yo la celebro.
martes, 9 de febrero de 2016
Todas ellas
Eran ocho (las conté varias veces), todas ellas sentadas en una jardinera en plena calle al medio día y todas ellas con su coquita de almuerzo destapada, sus tenedores, sus frascos de mermelada con el jugo, todas ellas sonrientes, todas ellas felices y dicharacheras, todas ellas rapándose la palabra, todas ellas compartiendo las delicias que todas ellas en la mañana han preparado para ellas y los suyos, todas ellas riéndose de los piropos encendidos de sus compañeros, todas ellas enfundadas en su mono gris y con sus cascos protectores al lado, todas ellas coquetas con sus botas pesadas, sus radios de comunicación y sus ficheros de trabajo, todas ellas cumpliendo turno, todas ellas hablando de mezclas, de pinturas, de adoquines, de revoques...
Todas ellas, las obreras de mi ciudad.
lunes, 4 de enero de 2016
CMH
Para ti, ¿para quién más?
Ella desde su posición individual y yo desde la general concordamos en la necesidad de aceptar o de aceptarnos como sociedad, como sujetos. Habíamos corrido los diez kilómetros de la ya memorable "Carrera de los Héroes". Yo había llorado entonando el himno nacional y recordando a mis muchos compañeros caídos en acción, y ambos, habíamos visto como abucheaban al presidente que incólume intentaba animarnos con su proceso de paz.
Terminamos de correr y coincidimos en el mismo grupo que se reunió a desayunar, la vi frente a mi y me causaron curiosidad sus movimientos torpes de persona que no termina de acomodarse bien a éste mundo, me gustó. Minutos después me gustaron aún más su inteligencia, su frescura y añadámosle su desparpajo y seguridad. Resulta imposible no prendarse de alguien así.
En fin, ahí estábamos, uno frente al otro coincidiendo en darle una oportunidad a la paz y a la gente, algo que no debería ser defendible, pero dado el extremo de polarización a que nos han abocado los reaccionarios de turno, hemos terminado (algunos) por defender el derecho a vivir en paz.
Así te conocí, el resto no deja de ser un producto anecdótico de las relaciones actuales, nos hicimos amigos por FaceBook y por ahí mismo comenzamos a interesarnos el uno en el otro, mucho like, algo de interacción y demasiada pensadera (hablo por mi). Esas cosas que uno mismo se dice ahora: ¿será que sí?, ¿me estaré empeliculándo?, ¿y sí solamente es amable? "Anyway", ustedes saben, nada que no hayan vivido; puro y físico cliché contemporáneo.
Descubrir a alguien y porqué no, descubrirse en alguien siempre resultará mágico, o mejor, esperanzador y a eso llegaste, a construir de nuevo la esperanza, mi esperanza.
Nunca tendremos la certeza de nada, tu misma me lo has hecho saber, sin embargo me hace ilusión la idea de seguir viéndote durante mucho tiempo enfundada en tu gorra negra, con tu acelere característico, tus sentencias lúcidas, tu mirada brillante, tu sonrisa fresca y tu desespero (que es el mio), cuando comienzo a rascarme la barba.
Así fue, así vamos. Punto
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