viernes, 20 de marzo de 2015

Mi fulana

Yo no sé cuando llegó a mi vida, o mejor, si sé pero no recuerdo el momento exacto, es decir, una cosa que uno diga; el día tal a la hora tal tengo el primer recuerdo de esta fulana.

La fulana en cuestión es mi hermana y acaba de cumplir cincuenta años, léanlo bien...CINCUENTA AÑOS, una vaina que uno dice; qué tiemponononón. 

Mi querida fulana es mi única hermana, nos llevamos exactamente once meses y yo no recuerdo infancia sin ella al lado, ni adolescencia, ni ningún momento de mi vida importante. Yo siempre he tenido la fortuna de contar con ella y en algunas ocasiones debo decir que he olvidado esa fortuna y sin embargo ella ha estado ahí, a mi lado, silente, siempre haciéndome saber que está ahí... a mi lado.

Es extraño, pues mientras pensaba escribir esto y ahora mismo que lo hago, trato de esforzarme para recordar cuándo la vi por primera vez y por más que lo intento no lo logro. Lo que si recuerdo son momentos entrañables de nuestra niñez, puedo verla lanzándose en su triciclo cuadra abajo enfundada en el casco de la moto de mi papá o escondiéndose de mi abuelo Enrique para obligarlo a buscarla debajo de la cama, la puedo ver trepándose al tejado e irse conmigo hasta la casa de Quiroz cuadra y media arriba de  la nuestra, resulta imposible no ver los ojos orgullosos de mi padre con su Pochola en las piernas y verla tocando guitarra para sus amigotes (los de mi padre, debo aclarar) y aún sigo viéndola estafando a mi abuela materna con su venta de helados y estafando a las vecinas con aretes de pepas de guama, renegando por los viajes a La Surumba, peleando con su viejo por los globos que nunca se elevaron y conmigo por mula para manejar (mula ella, debo aclarar por segunda vez) y por supuesto que la recuerdo dando quejas (su actividad preferida de aquellas épocas) porque yo le ganaba en los juegos de mesa y obligando a mi papá a que me obligara a qué la acompañara a sus fiestas de quince lo cual luego agradecí pues las niñas más lindas de Villavicencio estudiaron con ella. La veo sentada en la vieja oficina de Telecom de la Escuela Militar de Cadetes haciéndome visita entre semana y llevándome la mesada, acompañándome en mi primer matrimonio, visitándome en el Cauca con su novio de la época, contemplando (de más, debo decir) a Camila y luego a Miguel. Es increíble, pues mientras sigo escribiendo esto puedo escucharla montándosela a mi padre, jorobándolo, alzándolo, chocholiándolo, pero la imagen con la que nos quedamos quienes la conocemos de hace tantos años no es ninguna de las anteriores. 

La imagen que todos tenemos de mi querida fulana es verla en el centro de Villavicencio cada tarde con mi mamá a su lado yendo a ver zapatos al Marulanda.

Es imposible hablar de mi hermana sin que a mi se me "aguarapen" los ojos por lo buena que es y lo afortunado que soy por tenerla a mi lado.

¡Coño! lloré...




4 comentarios:

  1. Como siempre algo me haces sentir. Esta vez fue envidia. MaríaI

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  2. Que lindo, me sacaste la gran sonrisa y también me hiciste llorar...Lina

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  3. eche........... 51 días de estéril lectura.......... por favor escribe a diario, 1224 horas pasaron sin que me alegraras el día con tus escritos, 73440 minutos pensando, de qué se tratará la próxima entrada????

    Me encantan tus escritos, me motivan

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