jueves, 3 de diciembre de 2015

(Favor leer de corrido)

El pote de crema GOICOCHEA reafirmante para piernas recibido en el kit de cualquier carrera botado en el piso junto al sofá luego de ser usado, las llaves descansando en la mesita verde como si con ellas nos desprendiéramos del cansancio de la calle, el cuchillo aún untado de mantequilla, la pijama doblada debajo de la almohada, la ropa acomodada de cualquier manera en el sillón amarillo, el libro de turno abierto de par en par sobre la mesita de noche, las gafas de leer encima de la cama, el salero descansando en la mesa del comedor presto a ser usado en el desayuno de mañana, el frutero rojo con dos manzanas y una granadilla pidiendo a gritos que lo llenen, la blusa amarilla a cuadros lista para ser entregada, la rompevientos de la mañana colgada en una de las sillas, la ropa recién lavada exhibiendo nuestras vergüenzas en el acordeón dispuesto para el efecto, los trastos lavados y apilados en el escurridero sin ningún orden de dios, el trapero "siempre listo" detrás de la nevera, un traje y dos blazers  esperando desde hace treinta días ser llevados a la lavandería, el ibuprofeno adictivo en el aguamanil llamando a gritos ser consumido bajo cualquier excusa; porque el sueño no llega, porque el cuello molesta, porque la tristeza embarga, porque mañana habrá dolor de cabeza, porque sí, por si las moscas. La crema No. 4 para las escaldaduras de la vida y las de la entre pierna y la de las tetillas y la del culo que se quema en las carreras, la revista bocas de hace tres años en el baño de la habitación principal, el jabón usado y las gotas que escurren en la ducha, la estrellita metálica rebosante de monedas, de calderilla para comprar los huevos, los libros, los soldados de plomo en rigurosa formación custodiando la biblioteca de poetas, los portaretratos y las fotos de los hijos, los cuadros de pintor llanero comprados en subasta de club cuando había dinero y (más) esnobismo y tú (¿yo?) sentado en un comedor ajeno escribiendo ésto que no es nada, pero que lo es todo..que es mi hogar.

Punto 

miércoles, 28 de octubre de 2015

BITÁCORA

Proyecto

Bicicleto 

Duración: 

ocho días

Participante: 

Sujeto de mediana edad: 51 años, 
Estatura: 1,68 mts, 
Peso: 71 kilos, 
Condición física: aceptable

Lugar: 

Bogotá D.C

Herramientas: 

Bicicleta (obvio)


Día 1

Tres de la tarde, ruta, norte de la ciudad, desplazamiento hacía el cantón norte, encuentro algunas ciclo rutas y después de cinco minutos de intenso pedaleo comienzo a mirar a todo el mundo por encima del hombro con un sentimiento de clara superioridad por estar contribuyendo a la reducción de la emisión de gases y al claro ejemplo que estoy dando en relación con la cultura ciudadana y la disminución del tráfico en la ciudad.


Debo señalar que el grupo perteneciente al tráfico del sector público (también denominados como taxistas hijos de la gran puta) tienen la tendencia a embestir "dado" el afán que al parecer siempre los acompaña.

Tres veinticinco peeme, llego a mi destino y me encuentro con un compañero de promoción junto con su esposa, ella de abrigo y él de rigurosa corbata quienes a pesar del cariño que me profe
san no se ahorran la mirada sospechosa "deenqueandaráéstelocojijueputa".

Luego de una larga espera logro mi cometido y salgo a buscar el sector de Unilago, llueve, bueno, está bien, llovizna sobre la ciudad y yo, aprendiz que soy, no cargo más protección que mi corazón de roble y mi pecho henchido de orgullo para hacerle frente a la pertinaz llovizna. (perdónenme lo lírico pero entiendan que acabo de salir de una unidad militar y uno tiene para siempre sus afectos arropados bajo esas banderas -perdónenme por segunda vez-).

Me encuentro en el camino sobre la ciclo ruta de la once a cantidad de estudiantes desplazándose en bicicleta y sin hablarles siento que somos logia, que pertenecemos a un club selecto, a una minoría exclusiva, a los hijos de las águilas, a los hermanos adoradores de las santas bielas.

Nueve y media de la noche luego de pajarear por la ciudad y hacer la última parada en pizza de carrito cerca a mi casa, llegó feliz (bueno, no tanto, pero no por eso), todavía no siento dolor en el culo y sí quedó con la motivación para enfrentar el segundo día.

Nota mental:


No llevar a citas formales los converse rojos que estoy estrenando. (no tiene que ver con el tema pero quería chicanear maricos)


Día 2

05:30 am

Raudo parto hacía La Vieja en donde parqueo mi bicicleta bajo custodia de la Policía, subo, bajo, estiro y parto veloz a cambiarme para enfrentar un día que me va a llevar hacia el sur occidente de la ciudad y tipo medio día al centro de la misma, un reto para éste bicicleto novato.

08:00

Tomo la NQS en donde encuentro ciclorutas en estado muy aceptable y llego sin problema a mi oficina, pienso y tomo nota en que debo solucionar el problema del sudor excesivo

13:00

Parto hacia el centro a reunión formal con ejecutiva del sector financiero tomo la calle 13 desde la carrera 62 a buscar la 19 en donde debo batirme en franca lid a la altura de Paloquemado y antes de la Caracas con monstruos rodantes que echan humo que rememoran en mí la valiente batalla de Don Quijote contra los grandes monstruos a los que se vio enfrentado y de la que salió no muy bien librado.

Recordemos:

¡Qué gigantes? -dijo Sancho Panza
-Aquellos que allí ves, -respondió su amo- de los brazos largos, que los suelen tener algunos casi de dos leguas.

Retomo, dos puntos, sobre éste sector no hay ciclorutas, -favor los entusiastas del Doctor Peñalosa (que los hay muchos por estos días,), hacerle saber de parte mía tamaño descuido, así como las losas levantadas que no son pocas, everiguer.

Decía; desafiando el peligro inminente en cada pedalazo, los cinco sentidos alerta, los nervios y músculos templados, la mirada altiva, el ceño fruncido, la ceja derecha levantada, el culo apretado, ¡yaaaaa marico conténgase! (lo anterior fue mi voz interior, debo señalar), logro llegar con puntualidad a mi cita, mi respiración agitada me recuerda una vez más que debo solucionar el problema de sudor excesivo.

Soy recibido por ejecutiva exitosa, chaqueta corta, blusa cruzada con escote conservador, pantalón de corte exclusivo color negro de caída impecable, joyas de buen gusto.


En fin, he sido recibido, he sido atendido, he sido acompañado a recoger mi bicivehículo y me han despedido con un mohín de desprecio, y yo, humilde que soy hoy en mi condición de bicicleto le dejo una lección mental a mi contertulia; "vamos querida que la vida es más liviana sin tanto prejuicio al hombro".


Lo demás es rutina, regreso por la trece, me encuentro con una ciclo ruta invadida por comunidad indígena (tengo prueba gráfica) y a pesar de que hay vía para bicicletas prefiero bajarme a la calle entre los carros porque prevenido que es uno prefiere el golpe de un carro a un asalto, sí lo sé, es tontería.

17:50

Regreso a mi casa por la 68 sin ciclorutas hasta el Salitre y no dejo de pensar cuando ya estoy sobre la Boyacá en lo feliz que me hace no estar metido en un trancón, me quito la ropa, examino el cuello de la camisa y recuerdo una vez más que debo solucionar el problema del sudor excesivo.










Día 3

Reto difícil, día especial, grado de mi hija en el centro de Bogotá, no he conciliado bien el sueño pensando en cómo carajos solucionar el problema del sudor excesivo, la camisa empapada y el mugre en el cuello de la camisa, tres aeme se me enciende una luz de esperanza cuando recuerdo haber visto a excelsos conductores de Expreso Brasilia -gente divinamente por lo demás- con un pañuelito blanco en medio de su cuello (el de ellos, obvio) y el de la camisa (la de ellos, a ver...)

Pues venga, que tengo uno de los temas solucionados. Me visto de riguroso paño, me consigo un par de ligas que acuño en la bota del pantalón para evitar la engrasada con la cadena y parto.

Ruta: calle 97 con Boyacá hacía la Universidad Jorge Tadeo Lozano rumbo a ver a mi niña graduarse. Trato de mantener un pedaleo pausado, frecuencia cardíaca al 60%, aprovecho el terreno con sus inclinaciones, hago todos los pares respectivos, mantengo mi ritmo, adopto una actitud serena, miro hacía los lados algo arrogante, siento que hoy vuelvo a mirar por encima del hombro pero esta vez la razón es porque me siento por encima del bien y del mal atravesando dos centros financieros importantes y mi mueca de desprecio tiene que ver porque me creo alejado de posiciones mundanas, frívolas, innecesarias, que allí pululan, diga usted, un audi, un beeme, un mercedes y otras chucherías innombrables.

Llego a mi destino, parqueo, veo a mi niña recibir su diploma e inevitablemente la recuerdo en mis brazos, detrás mío en las unidades militares haciendo flexiones de pecho junto a mis hombres de Fuerzas Especiales, esperándome en tierra mientras salto a tres mil pies de altura, recorriendo juntos la Guajira, la he visto crecer (es un decir), la he visto hacerse madre y hacerme abuelo.

Salimos a almorzar, nos encontramos con el joven de marras que la pretende y luego de unos ravioles regados con cabernet sauvignon (lo sé, se me salió el esnob que me habita y que pretendo mantener a raya), nos despedimos y mi bicicleta y yo nos vamos algo melancólicos.

Regresamos a casa (mi bici y yo), subo a mi apartamento y mi mirada perdida me hace saber que esto que siento tiene nombre propio.

Anotación al margen: el culo aún no me duele.


Día 4

Seis aeme y yo ya estoy encima de mi mejor amiga, y cuando digo mi mejor amiga hablo de la bici, ¿estamos?.

Enruto hacia los outlets de las américas en donde debo terminar de organizar un evento que nos conducirá al Cantón Militar de Puente Aranda para vender chiros al personal que trabaja en dicha unidad.

El viaje es de diez kilómetros pero ésta lejos de ser tranquilo, ésta vez tomé la 68 y no fue tan buena decisión pues las ciclorutas están muy deterioradas, amén de los discontinuas, mucho smog a decir verdad y mucha calle obligada junto a los carros, empiezo a acusar los efectos de la alta contaminación, mis ojos me han estado ardiendo, trato de no pensar en ello y tomo nota mental para usar gafas de ahora en adelante. No es una ciudad amable con los bicicletos la que encuentro hoy, intento recuperar mi mejor ánimo, llegó a mi oficina, alisto los chiros, empacamos todo en el camión y salgo como avanzada hacia la guardia del cantón, el sargento que me recibe me mira con cara de éste capitán en bicicleta debe andar mondado, finalmente nos deja seguir e iniciamos la venta que será muy buena durante toda la jornada, eventualmente salgo dentro del cantón a repartir volantes en la bici, es de gran utilidad éste adminiculo en instalaciones militares dado las distancias considerables que hay de un lugar a otro.

Nos hemos divertido, hemos vendido y por supuesto nos sentimos satisfechos por una buena jornada laboral (nótese que ya hablo en plural, pues ella y yo ya casi somos uno y que me perdonen mi romanticismo, eso sí)

Salimos por toda la cincuenta hacia Pontevedra, me empiezo a sentir mal, un sudor helado cubre mi frente lo cual me lleva a acelerar el pedaleo para llegar lo antes posible.

Hay algo que me llama la atención y es que todavía éste ejercicio es nuevo para mi, pues de alguna manera cada vez que me encuentro con más bicicletos en los pares obligados, yo estoy buscando su aprobación y ellos sin excepción me ignoran.

Llegamos, ella se queda descansando y yo...debo solucionar mi problema de sudor frío en la frente.

Punto


Día 5

Sábado seis y media de la mañana salgo para La Vieja (again) me espera la trepada al páramo pues debo entrenar fortaleza a ver si algunos de estos días logro hacer un tiempo decente en esas carreras en las que después de viejo me dio por participar y en la que la gente no para de preguntarme que en qué puesto llegué. Respecto a lo anterior lo que respondo es que cuando yo cruzo la meta los atletas keniatas ya van volando de regreso a su país de origen, así es la cosa y no estoy exagerando.

En fin, que me disperso, sé con los primeros pedaleos que va a ser un día difícil, he pasado una mala noche por cuenta de mi sudor frío en la frente, testarudo que soy decido sin embargo salir a entrenar (ya lo dije), parqueo, subo, bajo y estiro, no sé si será mi malestar pero no disfruto el entrenamiento, me he dejado importunar por unos muchachos que en plena montaña, donde todo es comunión, silencio, reflexión no tienen ningún problema en andar con una grabadora (lo sé, tengo cincuenta) a todo taco escuchando reggaeton (perrea mami, perrea). Recojo mi bicicleta, busco desayuno, bajo por la setenta y dos hacia los outlets de la floresta donde debo atender una reunión, me siento mal, me siento enfermo, me siento cansado, me siento viejo, me siento miserable, me siento y me cuesta levantarme una vez terminada la reunión, lo logro y llego a mi casa por instrumentos. Inesita me ésta esperando con un almuerzo con el que no soy capaz y ya mi malestar se torna peor.

Recibo una llamada que es muy importante para mi, debo volver a salir, hago de tripas corazón, invoco al comando que todavía me sobrevive de cuando en vez y me trepo de nuevo a buscar Chapinero alto (favor dejar las suspicacias a un lado maricones), llego con las últimas, debo emplearme al máximo y salgo en hombros a pesar del malestar.

Río solo porque el que ríe solo...

Regreso a mi casa lleno de escalofríos, tengo miedo, hace mucho tiempo no me sentía tan mal, cuelgo mi bici, me enfundo tres sacos, dos cobijas y un pasamontañas y me refugio en el lugar más seguro en este momento para mi; mi cama.

Adenda: lo único que no me duele es el culo...aún

Día 6

Domingo primero de noviembre he sobrevivido y en medio de mi delirio he bajado al llano, cruzado por Villavicencio y tomado rumbo hacia los llanos del Vichada buscando el rincón del que se enamoró mi papá en el setenta y nueve, he cruzado el Meta a la altura de Puerto López, he parado en La Virgen y he llegado a desayunar a Puerto Gaitán donde Luz Marina la mujer de Oscar "taca taca" Riobueno, me he quedado en casa de Daniel y he salido con Beto a rumbiar a la Tusa el bar discoteca que regenta Mario, todos ellos primos hermanos de mi papá por el lado Ruiz, por el lado de mi abuela doñaAna, todos ellos Riobuenos y llenos de taras, "chico, chico".

Madrugo a buscar el alto de neblinas, para meterme al medio Vichada a buscar la Cristalina, cruzó por Santa Sofía la finca del español y mil horas después veo a lo lejos Guanape saludo al viejo Rafael dueño del único radio teléfono a cien kilómetros a la redonda,  me tomo una gaseosa con doña Elena y me alisto para andar los últimos treinta kilómetros que me llevaran a La Surumba en dónde el viejo Cristobal me estará esperando con una totumada de guarapo cebado por él y mi papá me recibirá con su vieja sonrisa de "éstemaricosechiflódeunabuenavez", me mostrará su plantación de cocos enanos, me llevará a ver el ariete que nunca le funcionó, nos meteremos al porongo y yo bañado en lágrimas me despertaré para entender que él ya no está y que no habrá día en éste mundo en que dejaré de echarlo de menos, de extrañarlo, de llorarlo, de recordarlo.

Más tarde me alisto aún sintiéndome mal, bajo a buscar mi bicicleta y encuentro la llanta trasera desinflada.

Lo tomo como una epifanía; es la vida recordándome lo vulnerable que soy y lo insignificante que ídem

Día 7

Lunes festivo, no me pregunten de qué o por qué. Día de disfrutar, mi bici y yo, la ciclovía, no hay afanes, no hay reuniones, no hay sino personas en trance de hacer deporte. Me acompañan a despinchar la bici porque la vida sigue rodando y algunas veces para nuestro placer, acompañado.

A mi la ciclovía dominical o festiva me genera perspectivas variadas, por un lado están los que salimos ése día a correr fondo, a correr largo, a matarnos contra el asfalto, con ellos tengo, por obvias razones, una conexión especial -favor recordar que los pájaros del mismo plumaje vuelan juntos-, nos reconocemos, muchos ya somos parte de ese paisaje, nos saludamos con un leve movimiento de cabeza, miramos de reojo su zancada, su braceo, su técnica y seguimos nuestra ruta, También están aquellos que están en trance de empezar con la onda del deporte; los patinadores en busca de equilibrio, los corredores con tenis inapropiados, pantalonetas de baloncesto, busos de algodón y tula a la espalda, ciclistas con el sillín muy bajo y el casco ladeado, bicicletas compradas en Al Kosto, MaKro, el éxito, Falabella que no les durarán muchas pedaleadas, también están las parejas de caminada de dos kilómetros y mazorca cada cien metros (se les nota, además), pero definitivamente el grupo fuera de concurso es el de los papás con sus chiquitines al lado en bicis rosaditas, con corneta, con rueditas de apoyo.

Yo siempre he creído que ésta raza tiene futuro mientras los papás enseñen  a sus hijos a montar en bicicleta, a nadar, a bailar, a elevar cometas.

La ciclovía es un espacio creado para recrearse y eso hacemos mi bici y yo desde mi casa, subiendo por toda la 116 hasta la séptima y de allí hacia el sur hasta la plaza de Bolivar y regreso. Nos reímos, nos conmovemos, nos burlamos (¿porque no?), paramos por un jugo de naranja en el parque nacional, vemos a los ancianos hacer aeróbicos descoordinados pero plenos, pedaleamos suave, sabemos, ella y yo, que no tenemos afanes y que hoy no la estamos gozando...y sí.


Día 8

Último día de mi Bitácora y ya me están haciendo falta ustedes mis doctos lectores, me recibe un día brumoso que se convierte en lluvia pertinaz mientras ella y yo vamos hacía la oficina, ésta vez, diferente al primer día voy un poco mejor preparado, a saber: chaqueta liviana impermeable, guantes de enduro, pasamontañas sobre mi cabezota, que no cabeza y gafas, soy lo que se dice un bicicleto plei, que lleva su morral merrell a la espalda (jueputa esnobismo el mío depordios!!!).

Prosigo, dos puntos, tengo sentimientos encontrados, soy feliz porque he logrado aventarme a andar ocho días sobre una bicicleta en una ciudad con unos índices de seguridad lejos de ser optimistas y por otra parte me embarga la melancolía (saudade diríamos los que posamos de intelectuales bohemios, otra maricada mía propia de mi formación en ni mierda pero con ínfulas), pues en mi vanidad estoy convencido que he logrado crear un vinculo especial, íntimo, entrañable, inseparable, fraternal, recóndito, profundo con cada uno de ustedes mis más caros lectores (mucho hablar mierda yo mano).

Retomo; han sido ocho días a cuestas de mi bicicleta que me ha enseñado otra ciudad, que me ha dejado verla de otra manera, desde otro ángulo o bajo otra perspectiva si lo prefieren, he concluido por ejemplo que los bicicletos somos gente solitaria, nunca vi combos, siempre cada uno con su bicicleta, sus audífonos y la mirada al frente esperando llegar raudos a sus destinos, vi bicicletos con cigarrillos en la mano, con el porro presto a ser consumido (moríme de la envidia, marihuaneros que en el mundo hemos sido), bicicletos con sus niños adormilados rumbo al cole, bicicletos haciendo malabares con su celular, bicicletos enfundados en bufandas, bicicletos en bermudas, bicicletas, muchas niñas en bicicleta y para ellas mi admiración, no es fácil ser mujer en éste país machista y por ende mucho menos debe ser para ellas desplazarse en bicicleta y soportar la patanería disfrazada de piropos que algunas veces escuché amén de los improperios por torpes y lentas (según ellos). Finalmente el mundo de lo bicicletos, cómo el de los motonetos es un reflejo de lo que somos, es decir una parranda de intolerantes que buscan su bienestar particular sin importar que para ello se atropelle a los demás, nada que difiera de lo que pasa todo el tiempo, todos los días.

Pero venga. que la idea cuando me decidí por éste proyecto era responderme una sola pregunta:

¿Es amable ésta ciudad para andar en bicicleta?

Mi respuesta es tanjante: NO, y esto sin desconocer el esfuerzo que se ha hecho para que así sea.

Mis razones son varias; por un lado ciclorutas muy deterioradas, grandes áreas de la ciudad descubiertas y mucha discontinuidad en las rutas y por otra parte nos mata nuestra agresividad, la falta de respeto, la intolerancia (ya lo había mencionado), la grosería, la guachada, la patanería o para ponerlo en palabras de mi padre la falta de buenas maneras, de cultura.


FIN

PS: El culo firme, eso sí.


jueves, 15 de octubre de 2015

El motoneto

La generosidad de una amiga a quien llamaremos Carolina, pues ha pedido la reserva de su nombre, me permitió contar con su moto durante ocho días (con su moto, la de ella, la de Carolina quien ha pedido la reserva de su nombre, qué ya les dije). 

Prosigo...

He pues, disfrutado una semana movilizándome por las calles de ésta caótica ciudad en una Scooter, lindita ella, la scooter digo. Carolina, que ya sabemos que no se llama así, también lo es, pero éste no es el caso, ni el tema de esta entrada, que aquí no venimos a alimentar egos, o sí, pero no ahora, faltaba más.

Ocho días, decía yo, feliz, con mi casco de enduro, mis gafas de enduro y mis guantes de enduro, conduciendo mi Scooter (si, ya sé que no es mía, sino de Carolina, que no se llama así, quenonecesitanandarrecordándomelo). 

Ocho días en los que llegaba presto a cualquier parte, ocho días que si bien fueron felices me pusieron a pensar, a echar globos, a reflexionar en lo hideputas que somos.

Hideputas los motonetos porque creemos que los pasillos o espacios entre carriles, entre carros, nos dan patente de corso para adelantarnos, para entorpecer.

Hideputas los carronetos pues cuando los motonetos usan un carril completo para andar nos encienden a pito, insultos e injurias, nos embisten con  sus carros atentando contra nuestra seguridad, pues ellos consideran que el carril es de su uso exclusivo.

Hideputas los bicicletos pues con carriles de ciclorutas disponibles optan por bajarse a las avenidas, a las calles, a atentar contra su vida y por supuesto, a generar más desorden.

Hideputas los vendedores ambulantes pues usan los carriles o espacios entre carros para ofrecer sus productos obstaculizando la vía natural de nosotros los motonetos. 

Hideputas los peatones y peatonas pues de manera imprudente van zigzagueando entre los carros haciendo caso omiso a las cebras de cruce ya no digamos a los puentes peatonales.

Hideputas todos, pues dependiendo del grupo al que pertenezcan, creen (¿creemos?) que el problema del caos es único y exclusivo de la administración de turno y no de cada uno de nosotros. 

Por supuesto que no se trata de eximir la responsabilidad de las autoridades, de los administradores, pero de algo si quedé muy convencido y es que mucho, MUCHO lograríamos mejorar si cada uno de nosotros aportase su grano de arena para hacernos la vida más cómoda y segura siguiendo unos mínimos de orden y prudencia en nuestros desplazamientos sea cual fuere la forma en que lo hagamos.

Punto.




miércoles, 16 de septiembre de 2015

Las niñas lindas

Conozcamos niñas lindas -todas lo son-, démonos la oportunidad de verlas a los ojos, de escucharlas, de descubrirlas. Exploremos cada palabra suya, cada gesto, cada movimiento, cada gemido, cada sonrisa misteriosa, cada risa abierta y franca. Repasemos con amor cada una de sus heridas, de sus cicatrices, acompañémoslas a recordar sus historias, escuchémoslas con atención, mirémoslas a lo lejos cuando hablan con otros, memoricemos sus abrazos, cerremos los ojos e imaginémolas con el pelo recogido, con una moña alta, con cola de caballo, recojamoles el mechón que rebelde opta por zafarse de la oreja, sorprendámonos con la belleza de su hombro izquierdo que se descubre bajo una blusa que resbala, gocemos cada que vez que cruzan sus piernas para nosotros o cuando las abren, ¿por qué no?

Sintamos en lo profundo de nuestro corazón cada caricia que ellas, las niñas lindas, nos dan, vibremos con sus cálidas palabras de aliento, con su mano que amorosa se posa en nuestros hombros, con sus ojos que brillan de amor por nosotros cuando nos tocan la barbilla, cuando acercan sus labios a los nuestros, cuando nos sorprenden por detrás con un abrazo fuerte, seguro. Besemos sus manos cada tanto, veamos sus ojos llenos de chispa y de esa sabiduría ancestral que sólo ellas tienen, escuchemos con atención cada vez que hablan con sus hijos...y aprendamos.

Enamoremos a una niña linda, dejemos que nos lean un poema recostados en sus piernas, leámosle un poema con ella recostada en nuestras piernas, cocinemos pasta para una niña linda, bebamos vino tinto con una niña linda, compartamos una tarta de chocolate con una niña linda, hagamos el amor con una niña linda.

Amemos (¿porqué no?) a una niña linda. 

No deberíamos pretender morir sin siquiera intentar esa osadía.

FIN

viernes, 4 de septiembre de 2015

Mi casa

Hace pocos días alguien a modo de reclamo me decía que la única parte donde al parecer yo me sentía cómodo era en mi casa...Y sí



(Pensaba contarles que al principio el comentario me cayó pesado, me molestó, me incómodo y que, -visceral que soy- quise responder con alevosía, con grosería, con pedantería, pero no, no lo hice, no recuerdo porqué, pero no lo hice y eso estuvo mejor, pues al final me dí cuenta que ella tenía razón. Yo me siento muy cómodo en mi casa pero mi casa no es solamente el lugar dónde están mis cosas, mis libros, sino también mis recuerdos, mis fantasmas y mis refugios, mi casa guarda para mi rincones y nostalgias, rincones en los que me siento feliz; mi sillón amarillo, mi esquina de la cama, el lado derecho del sofá, mis pies encima de una de las estanterías de mi magra biblioteca, las fotos de mis hijos, que por alguna razón son de pequeños, mi ya viejo mini componente con mis ya anticuados discompactos, las caratulas de estos que me llevan al pasado, a ese pasado lleno de recuerdos, algunos gratos, algunos dolorosos. Mi casa también son los individuales country que ya hace muchos años me hizo una novia que ya no me habla junto con el perro de felpa imantado qué también me regaló y que no se desprende de mi nevera admirada por todos, qué no es mi nevera sino la de mi hija. Mi casa por supuesto, también es la vieja enciclopedia Salvat que saqué a hurtadillas de mi vieja casa paterna y los cascos de enduro que tienen pisos de polvo por falta de uso, obvio, mi casa son mis sueños y mis ilusiones y estos los cargo a cuestas sí pero allí en ese sitio, en mi casa, encuentran sus raíces. 
Mi casa cómo la de casi todos tiene dirección, pero hoy es está y mañana será otra, cómo tantas otras que en mi mundo han sido y cómo en casi todas cómodo me he sentido)

Sí, mi amiga tenía razón, yo no me siento cómodo sino en mi casa, pero, y... ¿Quién no?

viernes, 14 de agosto de 2015

Ser primeros

Un amigo publicó una foto de su hijo en una competencia en la que el niño iba ganando y de pie de foto puso algo así como: "Muy bien hijo, el primero siempre debe ser tu puesto".

No sé, no creo que esté bien hacerlo, digo yo (igual yo nunca sé nada), pero, y sí llega el día -que llegará- ¿en qué otro niño le gane? ¿Qué va a pasar con ese papá? o lo que es aún más preocupante, ¿Qué va a pasar con el niño?

Los hijos son para mimarlos y en eso está educarlos y en educarlos está prepararlos y en prepararlos está formarlos y en formarlos está quererlos y así podría seguir ad nauseam.

Si a un niño le estamos diciendo qué el primero debe ser siempre su lugar él terminará haciendo lo que sea para estar ahí y ese "lo que sea" es lo que no me gusta, lo que preocupa, lo que envilece a ese papá y lo envilece porque no lo está preparando para la vida con sus ires y venires, con sus frustraciones, con sus derrotas e inclusive con sus victorias, y ante todo y por encima de todo cuando uno decide ser papá debe responsabilizarse del rol que se escogió. Ahí no puede ser uno irresponsable, ahí no puede uno darse el lujo de joderle la vida al otro y menos si ése otro es su hijo.

Mis hijos son mejores que yo, y no lo digo por amor de papá, lo digo con la convicción de que son mejores personas. Son más cálidos, son más nobles, son más felices, son más desprevenidos, no tienen tantos prejuicios y tantos complejos cómo los tengo yo. No viven del qué dirán y les importa un forro si tienen cosas de marca o ser socios de clubes. Son mejores porque toman de la vida lo que ella amablemente les da, son mejores porque quieren lograr grandes sueños sin pisotear a nadie, y más bien con la compañía de "esos" alguien. 

Son mejores porque no temen hacerme saber lo que piensan, con respeto pero con firmeza, son mejores porque tienen la claridad de lo que quieren lograr, son mejores porque tratan a sus semejantes con calidez, son mejores porque son dignos pero no orgullosos, y son mejores que yo porque ante todo no les preocupa ser los primeros en nada pero si disfrutar y hacer su mejor esfuerzo en lo que se propongan.

¿Ser primeros para qué?

Esa es la pregunta que nos deberíamos hacer, pero sobretodo, responder.

miércoles, 29 de julio de 2015

ELA

Vas de un lado a otro alistando los trastos, picando tomates, revisando el punto de la pasta, ¿yo? intento leer, pero mis ojos no te quitan de encima.

La noche nos llena de sombras y el viento nos llena de música.

viernes, 17 de julio de 2015

Los aconsejadores

"Para que me preguntan si no van a hacer lo que uno les dice", era la frase que habitualmente soltaba mi papá cuando mi hermana y yo le pedíamos su opinión sobre algo.

Tenía razón en las dos cosas: No le hacíamos caso y por no hacerlo terminábamos cagándola.

Aprendimos los dos lo que él quería que aprendiéramos, es decir, a no dar consejos y a no asumir el papel de andar pretendiendo instruir a los demás sobre el cómo es que son las cosas, o el cómo es que se deben hacer. Algo de verdad odioso, con lo que he tenido que lidiar muy a menudo.

Se topa uno con un amigo que no ve hace mil años le cuenta uno un par de cosas como por hablar de algo y arranca el consabido...usted lo que debería hacer es...

Conoce uno a una nueva persona, habla con ella eventualmente del día a día, y arranca su perorata evangelizadora acerca de lo que debería yo hacer con mi vida, con mi empresa o con mis hijos.

Y no es que pretenda sabérmelas todas, faltaba más, pero ya estos años que me adornan me dan para buscar consejo en quienes confío, o mejor, en no preguntar, porque indefectiblemente sé que no voy a hacer caso y terminaré cagándola cómo siempre.

martes, 5 de mayo de 2015

La foto



Cuando me reencontré con esta foto pensé (¿pensaba?) que iba a recrear el momento, a contextualizarlo; pensaba contarles que ella tenía 22 años y trabaja en Hacienda y que a él le estaban celebrando sus treinta años en casa de sus primos Briceño Hurtado en el Barrio El Espejo que hoy no existe.

Pensé que era importante que supieran que él trabajaba en el poder judicial y que hace ya algunos años había dejado de ser el hijo de papá rico que alguna vez fue, y que ella vivía sola pues su mamá y hermanos se había ido para Mesitas del Colegio, y que en ese instante, ella era el principal sostén de una familia que a la temprana muerte del papá había quedado medio a la deriva, y que él, por el contrario, era un soltero conocido, medio cotizado y cómo buen llanero, parrandero, toma trago y sinvergüenza.

Por supuesto que no iba a dejar de contarles que se habían conocido hacía unos diez meses en unas elecciones de "mitaca" en casa de Cielito de Corredor en donde a pesar de la ley seca había francachela y comilona.

Iba a decirles también, que la foto fue tomada en Villavicencio en 1963 y que ellos se casarían en poco menos de tres meses, que en año y medio nacería yo y once meses exactos después "La fulana", de quien he dejado registro de sus fechorías en este mismo espacio en no pocas oportunidades. Por último y antes de terminar, quería contarles que ese par estuvieron casados durante 44 años con todo lo que eso significa.

Todo esto pensaba decirles, pero he decidido qué mejor no, que prefiero que se queden con la foto, con la imagen de una pareja bailando aún su soltería y él tomándola de la mano como muchas veces la fulana y yo los vimos desde niños hasta adultos; unas veces bailando merengue, porro y boleros pero por supuesto nuestra preferida y la de él; bailando un joropo recio y altanero pero acompasado y suave cómo solo los verdaderos criollos saben hacerlo y no ese zapateo irrefrenable que han dado en mostrar ahora a los turistas.

Ahí están, ellos dos, felices e ignorantes de todo lo que se les venía encima y que iba a durar la no despreciable cifra, repito, de cuarenta y cuatro años.


PD: Mi mamá (quien es mi fiel lectora) les manda a decir que yo todo lo invento y que así no fueron las cosas.

lunes, 6 de abril de 2015

Regalo

"¡¡¡¡Papiii buenos díaaaaas y feliz cumpleañossssss!!!

Te amoooo mucho papi y ojalá hoy estés muy felicitado, muy regalado y bien acompañado, ojalá cumplas muchos más y ojalá yo puedo acompañarte en muchos cumpleaños más y pueda felicitarte así como hoy.

Quiero agradecerte por todo lo que me das y lo que me has dado, siempre has sido el mejor papá así a veces peleemos siempre buscamos una manera de arreglarnos, gracias por enseñarme tantas cosas y gracias por apoyarme con mis sueños y nunca haberme cortado las alas sin importar lo que a veces piensas, te amo infinitamente y sabes que eres mi héroe, y mi todo, 
te amo papi,

 feliz cumpleaños".

viernes, 20 de marzo de 2015

Mi fulana

Yo no sé cuando llegó a mi vida, o mejor, si sé pero no recuerdo el momento exacto, es decir, una cosa que uno diga; el día tal a la hora tal tengo el primer recuerdo de esta fulana.

La fulana en cuestión es mi hermana y acaba de cumplir cincuenta años, léanlo bien...CINCUENTA AÑOS, una vaina que uno dice; qué tiemponononón. 

Mi querida fulana es mi única hermana, nos llevamos exactamente once meses y yo no recuerdo infancia sin ella al lado, ni adolescencia, ni ningún momento de mi vida importante. Yo siempre he tenido la fortuna de contar con ella y en algunas ocasiones debo decir que he olvidado esa fortuna y sin embargo ella ha estado ahí, a mi lado, silente, siempre haciéndome saber que está ahí... a mi lado.

Es extraño, pues mientras pensaba escribir esto y ahora mismo que lo hago, trato de esforzarme para recordar cuándo la vi por primera vez y por más que lo intento no lo logro. Lo que si recuerdo son momentos entrañables de nuestra niñez, puedo verla lanzándose en su triciclo cuadra abajo enfundada en el casco de la moto de mi papá o escondiéndose de mi abuelo Enrique para obligarlo a buscarla debajo de la cama, la puedo ver trepándose al tejado e irse conmigo hasta la casa de Quiroz cuadra y media arriba de  la nuestra, resulta imposible no ver los ojos orgullosos de mi padre con su Pochola en las piernas y verla tocando guitarra para sus amigotes (los de mi padre, debo aclarar) y aún sigo viéndola estafando a mi abuela materna con su venta de helados y estafando a las vecinas con aretes de pepas de guama, renegando por los viajes a La Surumba, peleando con su viejo por los globos que nunca se elevaron y conmigo por mula para manejar (mula ella, debo aclarar por segunda vez) y por supuesto que la recuerdo dando quejas (su actividad preferida de aquellas épocas) porque yo le ganaba en los juegos de mesa y obligando a mi papá a que me obligara a qué la acompañara a sus fiestas de quince lo cual luego agradecí pues las niñas más lindas de Villavicencio estudiaron con ella. La veo sentada en la vieja oficina de Telecom de la Escuela Militar de Cadetes haciéndome visita entre semana y llevándome la mesada, acompañándome en mi primer matrimonio, visitándome en el Cauca con su novio de la época, contemplando (de más, debo decir) a Camila y luego a Miguel. Es increíble, pues mientras sigo escribiendo esto puedo escucharla montándosela a mi padre, jorobándolo, alzándolo, chocholiándolo, pero la imagen con la que nos quedamos quienes la conocemos de hace tantos años no es ninguna de las anteriores. 

La imagen que todos tenemos de mi querida fulana es verla en el centro de Villavicencio cada tarde con mi mamá a su lado yendo a ver zapatos al Marulanda.

Es imposible hablar de mi hermana sin que a mi se me "aguarapen" los ojos por lo buena que es y lo afortunado que soy por tenerla a mi lado.

¡Coño! lloré...




martes, 27 de enero de 2015

Paulina

A riesgo de posar de frívolo, -que lo soy- (¿lo somos?) estuve leyendo y escuchando los miles de comentarios acerca de la respuesta que la señorita Colombia, nueva miss universo, dio a los jurados cuando le preguntaron algo así como:

 ¿Qué pueden aprender las mujeres de los hombres?

A saber: la niña tuvo razón, era una pregunta muy difícil y segundo, cualquier cosa que ella hubiera respondido igual la hubieran vuelto mierda como de hecho han intentado hacerlo.

Dos cosas me llaman la atención (nuevamente), la primera es que son las mujeres las más crueles, las más encarnizadas con sus comentarios y la segunda, es la costumbre cada vez más generalizada de hacer daño por deporte, porque sí, y a mi se me da por pensar que esto proviene de la frustración individual de las pobres y miserables ejecutorias de los matoneadores de marras.

A mi el reinado ni me va ni me viene, que una mujer adulta se preste para cosificarse es problema de ella, que todo un pueblo se pegue a un televisor a ver el concurso habla mal es del estado que lo dirige pues es esté el responsable de educar a su sociedad, y si de algo adolecemos precisamente es de educación y de cultura. Tanto adolecemos de está (de la cultura, hablo) que lo único y más "original" que se nos ocurre es salir a burlarnos de una niña que cumplió su sueño, el de ella y no el de nadie más.

Se puede estar de acuerdo o no con ese tipo de certámenes, lo que si es reprochable es volver "shit" a través de las redes a una niña de 22 años que además, cómo si fuera poco, resultó siendo la ganadora.

Rechimbo eso.

viernes, 23 de enero de 2015

Sin más

Les juro que pensaba echarme un ladrillo acerca de los juegos en que caen las parejas en desgracia, intentando hacer un análisis sesudo (que poco se me da) acerca de los egos, de los ruegos, de los orgullos, de las dignidades e indignidades, de las arrastradas, de las rabias, de las inseguridades, de las tristezas y de la desazón que produce casi siempre intentar que una de las partes se interese de nuevo y que la relación vuelva a su cauce feliz sin obtener el  logro esperado por  él (la) interesado (a), pero me encontré esta vaina en el muro de mi amiga Laura Grisales que creo que resume de manera definitiva lo que quería concluir.

Dice así:

Por favor no te engañes a ti mismo. Nadie está demasiado ocupado, es simplemente un asunto de prioridades. Si se quiere, siempre hay tiempo.


martes, 13 de enero de 2015

Olga Elena

Esté poema que les dejo de regalo es de Olga Elena Mattei poetisa nacida en el 33 del siglo pasado. Yo en realidad la acabo de descubrir a través de una entrevista que le hacen a Abad Faciolince quien la trae a colación. Picado por el bicho de la curiosidad me he encontrado con una iconoclasta que logra definirse así misma a través de esto que aquí les transcribo sin más.


Yo soy una señora burguesa
con la barriga inflada
y escribo poesías
con dolor de garganta.
He sido
niña prodigio
muchachita insoportable
mala estudiante
reina de belleza
modelo
de esas que anuncian
sopas, o telas o artículos diversos…
Me metí en este lío inevitable
de enamorarme
y sacrificar a un pobre hombre
hasta convertirlo en un marido
(sin mencionar de paso
en qué me he convertido)
y cometí el abuso social
imperdonable
de tener cinco hijos.
He fracasado como madre
como esposa
como amante
como lectora
como filósofa.
Lo único que puedo hacer
mediocremente bien
es ser
señora burguesa
y despreciable
imperdonablemente inútil.
Y eso
es precisamente lo que me infla
la barriga
y me hace escribir poesías
con el dolor de garganta
que me saca la rabia.
Porque todos los días me acuerdo
de la guerra y el hambre
que son tan reales como las señoras
a la misma hora
en que estoy aquí sentada
como una pendeja.

martes, 6 de enero de 2015

ridículo,la

  1. adj. Que por su rareza o extravagancia produce risa.
  2. Absurdo, falto de lógica.
  3. m. Situación humillante que sufre una persona y provoca la risa y la burla de los demás.



Todos absolutamente alguna vez en nuestras vidas hemos sido ridículos y hemos el ídem. No me alcanzan los dedos para contar las veces que yo lo he sido y lo he hecho, sólo de recordar un par de experiencias ya me estoy avergonzando mientras escribo esta entrada innecesaria como todas, pero debo confesar que no había visto RI DI CU LEZ más inmensamente grande -y perdónenme los adjetivos calificativos- que el de comprar un palo largo ensamblarle una cámara fotográfica para tomarse una puta foto.

(Perdónenme la despachada)