martes, 5 de agosto de 2014

PatA

Acabo de encontrarme tres cosas a saber: Una bolsa de leche condensada de 400g, café listo para servir y el álbum La Habana canta a Joaquin Sabina, dicho lo anterior y dándole gusto al gusto he dejado a un lado el plan de mercadeo en el que trabajo. Escucho, consumo, bebo y recuerdo.

1979, una pe eme, esquina de barrio, pantalón de prenses, camisa blanca con el ¡Oh negra y larga partida! del Caldas, para esa época el mejor colegio de Villavicencio con perdón de La Sallistas y Feministas. Tomamos mis amigos y yo el bus que ha de llevarnos junto a estudiantes del Inem, y de la Normal a nuestros respectivos sitios, yo no paso de ser un imberbe metido a grande y cabezón saliendo de mi pre adolescencia e intentando contener ese hormonerío tan hijueputa que se nos vino encima a todos sin pedirnos permiso. De pie, con los ojos más negros y brillantes que he visto en mi vida enfundada en la falda plisada del Inem y con una cola de caballo perfectamente recogida, te veo, me ves, nos vemos, guardamos silencio, no nos conocemos, me bajo primero y sigo viéndote cuando el bus que ha de llevarte sigue su ruta.

Te llamas Patricia, te apellidas Aparicio y has de convertirte en la primera niña de la que me enamoré, has de ser mi primera novia, he de hacerte visita en el ante jardín de tu casa, has de esperarme cada día terminando la tarde y he de sentarme a tu lado en una de las mecedoras de tu familia, hemos de entrelazarnos las manos, hemos de darnos besos húmedos y he de acercar con mis manos tus caderas hacía mi, has de meter tu perfecta nariz en mi cuello, has de aspirarme, he de aspirarte, has de apretarme fuertemente mientras bailas conmigo en Acuarius, he de rozar tus senos, has de entreabrir tu boca, he de escribirte largas cartas de amor, las has respondido con dibujos primorosos, nos hemos jurado amor eterno, has de conocer a mis padres, he de conocer a los tuyos, hemos emparejado a nuestros amigos, hemos (todos) caminado por el viejo y cálido barrio donde vivimos, has de hacerle barra a tu colegio mientras se enfrentaba al mío y hemos de ganarles siempre, te he esperado pacientemente, me has acompañado a verme jugar el flaco fútbol que siempre jugué, hemos construido un carro de balineras juntos para una carrera que perdimos, has sido mi pareja de todas las fiestas de quince años, hemos bailado como si no hubiese mañana, nos hemos refugiado en el baile para descubrirnos, han llegado las tristes vacaciones y nos hemos despedido por dos meses, hemos prometido pensarnos y encontrarnos en las noches, he dejado tu nombre junto al mío grabado en cualquier frutal de La Surumba, he aceptado con estoicismo las burlas de mis padres y de mi mejor amigo por la traga tan brutal que me poseía, he regresado y he corrido a verte, te he encontrado... pero ya me has dejado.


FIN (literal)





8 comentarios:

  1. Las primeras historias que nos hacen felices y nos dejan tan poco dolor.

    Saludos y besos

    Francesita

    ResponderEliminar
  2. Me fascinó... Excepto por el madrazo. Ese sobra, digo yo!

    ¿Y para cuando el libro ?

    Abrazo, X

    ResponderEliminar
  3. Creo que sin querer queriendo nos hemos vuelto discípulos de Fernando Vallejo, todo en primera persona! Muy buen relato. Aida

    ResponderEliminar
  4. Woow. Nunca la dejaste de querer . Ya se lo mostraste. Muy sensual esa entrada...PR

    ResponderEliminar
  5. Está genial. Y entonces me hizo devolver en el tiempo para recordar mi primera "histeria" de amor.

    ResponderEliminar
  6. Que buena pieza Gabriel. Me hizo revivir ese primer y gran amor. Es un homenaje a esa parte de la vida por la que todos hemos pasado. Y que en mi caso en particular, no he logrado superar. Después de haber pasado por muchas relaciones e incluso un matrimonio, el solo recordar ese inicio en las lides del amor, hace llenarme de vitalidad.

    Gracias Gabriel por este homenaje.

    ResponderEliminar
    Respuestas
    1. Me gusta que te haya gustado, pero me gustará más saber a quien estoy respondiendo. Gracias por leer (me).

      Eliminar