viernes, 31 de mayo de 2013

Doña Mercedes

Debo tener cinco, seis años, estoy sentado en sus piernas y su mano derecha esta sobre la mía. Mi abuela me ayuda a hacer las planas en letra cursiva en mi cuaderno tipo ferrocarril (si, ya existían), que al día siguiente me pedirá mi tía Marina mi profesora de kinder. (sí, yo hice kinder).

Este tal vez es el mayor recuerdo que yo tengo de la mamá de mi mamá. En muchas ocasiones cierro los ojos y nos veo. Es una comunión perfecta la que hay, estamos sentados en el comedor de la vieja casa del resbalón y en la cocina, Mechitas prepara agua de panela que yo he de tomar contra mi voluntad para ganarme el derecho a un barquillo.

Mi abuelita (así, en diminutivo o de lo contrario se molestaba), llegó de Gigante a Villavicencio detrás de mi abuelo con cinco de sus seis hijos donde vivió por cerca de sesenta años. Yo, que fui su primer nieto nacido en esas tierras, la adoraba. Siempre sentí que era más mía que de los otros que llegaron después, incluyendo a mi hermana, que entre otras y con el tiempo, hizo más méritos por su amor que yo. Ingrato que fui muchas veces.

Nunca nos castigó, jamás nos regañó, siempre nos consintió y defendió.

Mi hermana y yo pasábamos tardes enteras jugando en su casa y cada vez que salíamos al parque del barrio cortaba en rodajas una remolacha que nos pasaba por los cachetes, pues sufría por el amarillo Vaupez que siempre nos caracterizó. No esta de más aclarar que a la primera carrera sudábamos chorros rojos de remolacha, amén de ser el hazme reír de nuestros amigos.

Doña Mercedes (como la conocían en el barrio), tuvo innumerables iniciativas emprendedoras para ayudar a sus hijos con el magro presupuesto familiar. Cuando mis tías compraron su primera nevera, vendió helados de coco y refrescos (bolis que llaman en otras regiones, hermanos pobres del Bon Ice). Ángela, mi hermana (que siempre fue más hampona que quien les escribe), sacaba las monedas del tarro de las ventas, las dejaba caer en el mismo recipiente asegurándose que sonaran y le gritaba imperturbable, con cara de palo, con una seguridad de la que era imposible dudar o desconfiar, algo así: "Abuelitaaa un refresco, ahí le eche las monedas". Sobra decir que ante esta práctica, por lo demás deleznable, la abuela quebró estrepitosamente.

No sé como hará Ángela en estos días en que ya es madre de Matías para poder dormir tranquilamente con ese pecado a cuestas y esa conciencia negra que la debe perseguir noche tras noche.

Su última iniciativa que recuerde se pudo lograr cuando mi tía Nelly compró su Renault 4. Investida mi abuela de transporte propio, dio por ofrecer cubetas de huevos que compraba en Restrepo y vendía por encima del precio de la tienda del barrio a cada uno de sus hijos y sus yernos. Ella jamás quiso entender que trasladarse hasta el pueblo, pagar peaje de ida y vuelta y el respectivo consumo de gasolina eran ítems que debían tenerse en cuenta a la hora de las sumas, las restas y las utilidades, eso eran minucias que la dueña del carro debía asumir.

Había que verla después de su derrame, sentada en el viejo Renault bajo el sol canicular del medio día esperando a Nelly en sus diligencias porque se molestaba si la dejaban en casa. Yo adoraba encontrármela en la calle, le hacía visita mientras llegaba la tía, nos tomábamos una gaseosa juntos con un pan coco de Pan Dumbo y la escuchaba preguntar por todos, yo pacientemente le respondía pero ella ya estaba sorda. Nunca se acostumbró al aparato.

Era un encanto la abuela y creo que el mayor de ellos era hacernos sentir especiales y con un lugar lleno de amor en su corazón para toda esa camada que se le vino encima de nietos, bisnietos y tataranieto. Con cada uno de nosotros tuvo una sonrisa, una caricia, una carantoña, a todos nos miro con sus ojos llenos de cariño pero sobre todo de orgullo. Fue una pionera ella, fue el pilar de una familia que a la larga ella mismo se inventó y saco adelante sola, sin marido, y sin tacha.

Yo tengo la idea y prefiero seguir teniéndola, que para nadie fue una tortura visitar a la abue y que por el contrario, las reuniones que hacíamos en torno a ella, hoy hacen parte de nuestros mejores recuerdos.

Eso, y su famosa sopita de masitas.

14 comentarios:

  1. Está hermoso. Gracias por compartirlo, brotaron unas cuantas lágrimas

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  2. Que hijuemadre!!!!!! Me hizo quedar mal, que dirán mis amistades!!!!!!.
    Que risa, me diverti mucho leyendo el blog, me hizo volver a mi niñez y recordar esos momentos, son inolvidables y muy felices.
    Así era la abuela, un orgullo para toda la familia
    Un abrazo
    Yo

    PD: y no se haga el huevon que usted también le jalaba al engaño de los helados
    Yo

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    1. Jamás de los jamases yo pagaba mi heladito muy juicioso. jejejeje

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  3. Cada vez que te leo, siento una conexión con tus letras más rara que la que siento por el tercer sexo (yo me entiendo). Sentimientos por familias parecidas en número y en historia. Y entonces, se me afloja el moco. Me gustan tus recuerdos, los míos, que le ponen "soflán" a mi vida llena de pocas expresiones. Siempre gracias.

    María Inés.

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    1. María I, a mi me encanta que te pegues la pasada por este despachadero de emociones. Abrazos

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  4. Muy bonito, hermoso.Esa era la abue. Marcela O

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  5. Tienes el don y el conocimiento para escribir, muy interesante.. y nunca pares de hacerlo. Marisa

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  6. Sin duda, mi abuelita mercedes fue una persona muy especial, soy feliz de haberla tenido por tantos años y tener momentos muy bonitos que recordar con ella. Gracias por contarlos de esta forma tan íntima, divertida y única. Te adoro <3
    Camila.

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  7. Amigo Gabriel, creo que por fin lo voy a lograr jajaja. Me morí de la risa con tan bonitos recuerdos y sobre todo con la vuelta de los bolis y el tarro. Dile a tu hermana que fresca, que quienes te leemos entendemos que se trató de una travesura infantil que da cuenta de una mujer muy avispada, nada más!!! Y es definitivo, los seres queridos se marchan cuando dejamos de evocarlos. Vos sabes!!! Yenycaro :P

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  8. No recuerdo muchos, pero de los pocos , son lo máximo. Ximena O

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  9. Doña Mercedes era mucha abuela.
    BeaEu.

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