Yo, hijo de mi padre, salí con la misma compulsión al rechazo hacia todos aquellos que aman aparentar, y no sólo estoy hablando de dinero porque aparentadores hay de toda especie. Hay quienes posan de intelectuales, emprendedores, ejecutivos exitosos, viajados, cultos, perfectos, de familias de rancia raigambre, de tener acceso a las salas VIP de las aerolineas en particular y del resto en general y de un largo etcétera. Debo sí decir, que los que más me incomodan son aquellos que utilizan su billetera para arrastrar y pisotear a quienes no consideran sus iguales y por iguales me estoy refiriendo a la suma de sus cuentas corrientes.
No es fácil hablar de este tema porque finalmente de aparentadores todos tenemos un poco, sin embargo hay cosas y hechos concretos que potencian la estupidez de los que más, a tal punto, que no acaba uno de sorprenderse por los límites que pueden alcanzar estos personajes con tal de lograr algún -el que sea- tipo de reconocimiento.
Hace un tiempo asistí al bazar de un colegio de esos en los que algunos de mis amigos tienen a sus hijos y cuya importancia deriva más del tipo de camioneta y el número de escoltas que tienen los papás que en la formación de sus hijos y, luego del gasto, siempre exagerado de dinero por una comida fría mal servida y mal sentada, llegó la hora de los discursos en donde las directivas informaban acerca de sus proyectos, más de infraestructura que educativos (en este caso un coliseo) y cuan sería mi (nuestra) sorpresa cuando un padre de esos de camioneta 4x4 blindada se paró junto a su esposa y sus hijos a anunciar(nos) que "Pepita, los niños y yo" habían tomado la decisión de donar CIEN MILLONES DE PESOS para que se terminara de construir dicho coliseo. Repito, dos puntos: ¡CIEN MILLONES DE PESOS!
(Dejo este espacio para que en silencio entiendan el despropósito)
Prosigo. En un país cuya tasa de analfabetismo alcanza un exagerado 9,6%, y la cobertura escolar en el área rural tiene un déficit escandaloso del 30%, donde sólo 25 de cada 100 estudiantes acceden a educación superior y el 55% de las escuelas campesinas no conoce un computador; no deja de ser morboso que un nuevo rico, que un esnob de pacotilla, un aparentador social salga con un desatino de ese tamaño frente a una comunidad que por las razones que sea "non semper sanctas" tiene exagerados privilegios y bajo ninguna circunstancia cabe y cabrá en mi cabezota que alguien no pueda encontrar mejores obras a las cuales destinar una suma tan exagerada y considerable de dinero.
Mejor dicho y aquí debo corregir, es claro que tiene una razón y esta no es otra que la de batir en nuestras narices un fajo de billetes a quien el considera sus iguales.
Y pensar para mi pesar que hay (mucha) gente así.
(Dejo este espacio para que en silencio entiendan el despropósito)
Prosigo. En un país cuya tasa de analfabetismo alcanza un exagerado 9,6%, y la cobertura escolar en el área rural tiene un déficit escandaloso del 30%, donde sólo 25 de cada 100 estudiantes acceden a educación superior y el 55% de las escuelas campesinas no conoce un computador; no deja de ser morboso que un nuevo rico, que un esnob de pacotilla, un aparentador social salga con un desatino de ese tamaño frente a una comunidad que por las razones que sea "non semper sanctas" tiene exagerados privilegios y bajo ninguna circunstancia cabe y cabrá en mi cabezota que alguien no pueda encontrar mejores obras a las cuales destinar una suma tan exagerada y considerable de dinero.
Mejor dicho y aquí debo corregir, es claro que tiene una razón y esta no es otra que la de batir en nuestras narices un fajo de billetes a quien el considera sus iguales.
Y pensar para mi pesar que hay (mucha) gente así.