martes, 24 de diciembre de 2013

Una impresión de navidad

El papel seda color rojo y verde suena agradable cada vez que lo doblas, mientras tu, sentada, vas empacando con verdadero amor cada uno de los obsequios que has escogido para los tuyos. Detrás de ti suena Jewel y yo, recostado en el sofá blanco, termino este diario catártico (¿cuál no lo es?) de un húngaro ex burgués abandonado a su suerte y a su exilio.

El agua corre, Miguel se ducha.

Bogotá, 24 de diciembre de 2013

jueves, 12 de diciembre de 2013

Una historia de amor.

Llegaron él y sus cinco hijos del cementerio, tristes y abatidos después de haber enterrado, él, a quien fuera su esposa durante cuarenta y cinco años, y ellos a su mamá. Cansados, con hambre, y sin ánimo para nada diferente que fuera pedir un domicilio, se tranzaron por un pollo que tardó cincuenta minutos en llegar.

Él en la cabecera de la mesa, la silla vacía a su derecha, y ellos sentados cada uno en los puestos que desde pequeños les fueron asignando por orden de llegada y por la fuerza de la costumbre se dispusieron a comer -pasadas ya las cuatro de la tarde- lo que podría ser el almuerzo más triste de su vida. Fue la hija mayor quien hizo los honores de servirle su sempiterna pechuga que él se limito a mirar con esos ojos profundos que da la edad y con esa tristeza interminable que da el haber perdido a su compañera de tantos años.

-A mi no me gusta la pechuga, exclamó.

Todos, incluyendo la silla vacía, se miraron sorprendidos entre sí y se mantuvieron desconcertados en un engorroso medio minuto que a cada uno (a la silla vacía la que más), le pareció eterno.

No era para menos, durante toda su vida habían sido testigos de que la pechuga había sido su plato predilecto, lo habían visto engullir a satisfacción y con ojos llenos de placer la tan preciada (creían ellos) presa.

-A mi no me gusta la pechuga repitió.

-¡Pero si...! exclamaron todos al unísono, (la silla vacía la que más).

-NO ME GUSTA, nunca me ha gustado, todo se debe a que a su abuelo le encantaba y alrededor de esta presa se gestaba todo un ceremonial tribal para hacerle saber lo mucho que lo querían, lo mucho que lo cuidaban y lo mucho que lo necesitaban, y cuando su mamá y yo nos casamos y formamos nuestro propio hogar heredé esta tradición, y cómo yo había sido testigo de lo importante que era para ella esta muestra de afecto, no tuve corazón para romper el de ella haciéndole saber que a mi la pechuga no me gustaba.

 -Cuarenta y cinco años -continuó-, recibí mi pechuga como lo que era, el más grande acto de amor de su  mamá hacía mi, lo que por supuesto, y no creo que tenga que explicárselos, era mucho más importante que  cualquier otra cosa, incluyendo mi aversión a tan insípida pieza.


Un suspiro de amor se escucho en el comedor...la silla vacía la que más.


viernes, 29 de noviembre de 2013

De las buenas maneras

Imagínense que ustedes están sosteniendo una conversación en la sala de su casa con alguien a quien quieren, a quien aprecian, a quien consideran su amigo o su amiga, alguien con quien has sido especial, con quien has sido considerado, a quien le has entregado tu amistad. Es más, ese alguien es quien te busca para conversar y tú, amable que eres, sacas un tiempo, lo escuchas atentamente, intentas ser útil, intentas animarlo, en fin, hacerlo sentir bien o por lo menos servirle de consuelo y porque no, de entretención, algo que a veces tanto necesitamos.

Imagínense que pueden durar mucho tiempo conversando, riéndose de cada ocurrencia, sintiéndose agradable y pensando que la vida tiene sus misterios maravillosos cuando nos pone personas con las que podemos entendernos muy bien y con quien podemos trascender en el tiempo.

Ahora, imagínense que esa persona se para de su sala y sin mediar palabra se va, sin decir nada, sin siquiera despedirse.

Así mismo, como ustedes se sintieron (si hicieron el ejercicio de imaginación que les propuse) me siento yo cada vez que alguien hace uso debido de su mala educación, de su falta de modales y me va dejando colgado en una conversación a través de un chat, que muchas veces ellos mismos buscaron.

A mi, repito, a mi, no me cabe en la cabeza que alguien por más importante que sea o por más afanado que esté no se tome cinco segundos para despedirse o excusarse en caso de que se haya ocupado.

Yo quiero creer a pie juntillas algo que decía mi padre: "las buenas maneras no riñen con nada".

Punto

martes, 29 de octubre de 2013

La despedida

Ahí estábamos los dos frente a la puerta ocho del puente aéreo fundidos en un abrazo que no quería soltarnos y que por fin pudimos darnos después de esas tres últimas semanas cargadas de tensión. Los ojos bañados en las lágrimas siempre escandalosas de los hombres y diciéndonos entre sollozos lo mucho que nos queríamos, que nos sentíamos y que ya nos extrañábamos. Todo esto, bajo la mirada curiosa de los demás pasajeros que veían una escena común en un aeropuerto y el ceño fruncido de la empleada de la linea aérea que quería terminar el chequeo rápido para irse a descansar.

Te vi partir hijo, vi tus  manos secando el llanto de tus mejillas mientras te adentrabas en el pasillo por el que desapareciste. Me quedé con la imagen de tu espalda ancha y tu cuerpo de flaco estilizado intentando entender de un momento a otro que te estaba despidiendo, que te ibas de mi lado, que al día siguiente no tenía que levantarme temprano a hacerte el desayuno y que de ahora en adelante solo te vería de visita. Algo, para lo que no nos digamos mentiras, no estaba preparado.

Deambulé como alma en pena, fumé como si no hubiera un mañana, pero sobre todo me sentí perdido, desconocido. De alguna manera llegué a casa a encontrarme con tu ausencia, con tu vacío, con la mirada triste de Lucas buscándote, con tu cama revuelta, con el desorden propio de tu escritorio y ¡oh sorpresa! con tu carta cargada de sensatez, de cordura, de reflexión, llena de ese amor profundo que siempre nos hemos profesado, en donde me explicabas la razón de tu decisión, donde me pedías que te entendiera, donde me hacías participe una vez más de tu sueño y de lo importante que era para ti esta oportunidad y más aún, la necesidad que tenías de mi apoyo. Con el que por supuesto siempre contarás.

No pude contenerme, lloré.

Tres meses después, aún lo sigo haciendo... y lo que me falta.



"Eso de que los hijos son prestados suena gracioso hasta que nos toca asumir el dolor de verlos partir".


miércoles, 2 de octubre de 2013

Los Amigos

Una niña con la que salí criticaba hasta el cansancio que mi error más recurrente era que yo no soltaba, refiriéndose básicamente, a que mantenía comunicación con personas de mi pasado, muy específicamente con mis ex esposas, y que para el efecto de construir algo con alguien hacía adelante eso era fatal. 
Yo, que ya no salgo con ella pero a quien tampoco he soltado, no estoy de acuerdo con esa aseveración, y no porque pretenda tener a todas mis ex’s en bajo, o porque esté en función de hacer repitis con ellas cada vez que se me antoje. Es que simplemente, casi todas aquellas personas (no importa el género) que han estado conmigo lo siguen estando de alguna u otra manera. No sé si será la forma de aferrarme a la gente y de intentar construirme una familia a mi medida, pero los MUY pocos amigos que tengo, me han y nos hemos sobrevivido a pesar del tiempo y las distancias.

Ahora, como la molestia es por las buenas relaciones que tengo con las tres mujeres con las que he estado casado, lo único que puedo yo decir, es que es debido a ellas y no a mí, aunque siendo verdaderamente franco, creo que me cabe la virtud de haber sabido escoger.

¿Cómo haces? me preguntan con frecuencia, y solo atino a responder que a mi parecer, la amistad es el desenlace natural al que dos personas adultas tienen que llegar, después de haber compartido tanto durante mucho tiempo.

Hoy, tan cerca a los cincuenta, sería incapaz de entablar una relación con alguien que no tenga la tranquilidad de entender que uno es su pasado y que este viene acompañado de seres que han sido y serán (en mi caso) importantes desde siempre, y que de cuando en vez voy a querer hablar con ellos y decirles que los quiero y que los extraño, e inevitablemente voy a reclamar tiempo para visitarlos, para ocuparme de ellos; mis amigas, mis amigos.

Yo, que me defino como un solitario al que le gusta estar acompañado, intento ser el buen amigo cascarrabias que todos tenemos, pero que saben que ahí está, aunque sea para regañarlos, para decirles que no molesten que se dediquen a vivir y a dejar vivir en paz, que sean amables con los suyos que es lo único verdadero con lo que contamos, que perdonen, que de nada vale la arrogancia y menos el falso orgullo, que recuerden que la vida es más liviana sin tanto prejuicio al hombro, pero sobre todo, y cómo dijo García Márquez, "que el corazón tiene más cuartos que un hotel de putas" y que resulta iluso por no decir estúpido, que queramos entrar a saco en él de alguien a expulsarle los amores de antaño, los amores de ayer e inclusive los amores que vendrán.


sábado, 10 de agosto de 2013

Aniversario

Hace quince días cumplí un año de andar corriendo. No sé eso para que será bueno y la verdad no me interesa averiguarlo, pero lo que si puedo decir con claridad es para que me ha servido. 



Correr me ha servido para ser feliz. Punto






















viernes, 12 de julio de 2013

Un recuerdo

Para los que me conocen no es ningún secreto que yo afirme que quien me enseño a leer fue mi padre, o mejor dicho, a quien le heredé el amor por los libros y a la lectura fue a él, y no porque me hubiese inducido de mil maneras a coger un libro, de hecho no recuerdo que me haya insistido mayor cosa del asunto. 

Lo que yo recuerdo es que mi padre dormía poco y leía mucho, motivo por el cual era expulsado del lecho matrimonial, razón por la que aterrizaba en mi habitación, donde encontraba un chinchorro guindado en el que se acomodaba luego de prender la luz, a continuar su lectura. 

Por supuesto que a mi no me asistía el mínimo derecho al reclamo y en cambio, sí me acostumbré a verlo en mi duermevela, imbuido, ido, lejos muy lejos, página tras página, libro tras libro, noche tras noche devorándolos, a tal punto que yo mismo comencé a preguntarme qué había detrás de cada letra, de cada palabra, que se entretejía cuando las hilaba, cuando se unían, qué historias contaban, hacía donde lo llevaban, por qué sus ojos brillaban a veces febrilmente, por qué sus ojos enrojecidos se negaban a cerrarse, se negaban el descanso, qué tantas cosas pasaban por su cabeza, cuál era el misterio que allí habitaba, por qué exclamaba, por qué sonreía, por qué fruncía el ceño. 

Sí, sin duda, mi padre efectivamente me enseño a leer.

viernes, 31 de mayo de 2013

Doña Mercedes

Debo tener cinco, seis años, estoy sentado en sus piernas y su mano derecha esta sobre la mía. Mi abuela me ayuda a hacer las planas en letra cursiva en mi cuaderno tipo ferrocarril (si, ya existían), que al día siguiente me pedirá mi tía Marina mi profesora de kinder. (sí, yo hice kinder).

Este tal vez es el mayor recuerdo que yo tengo de la mamá de mi mamá. En muchas ocasiones cierro los ojos y nos veo. Es una comunión perfecta la que hay, estamos sentados en el comedor de la vieja casa del resbalón y en la cocina, Mechitas prepara agua de panela que yo he de tomar contra mi voluntad para ganarme el derecho a un barquillo.

Mi abuelita (así, en diminutivo o de lo contrario se molestaba), llegó de Gigante a Villavicencio detrás de mi abuelo con cinco de sus seis hijos donde vivió por cerca de sesenta años. Yo, que fui su primer nieto nacido en esas tierras, la adoraba. Siempre sentí que era más mía que de los otros que llegaron después, incluyendo a mi hermana, que entre otras y con el tiempo, hizo más méritos por su amor que yo. Ingrato que fui muchas veces.

Nunca nos castigó, jamás nos regañó, siempre nos consintió y defendió.

Mi hermana y yo pasábamos tardes enteras jugando en su casa y cada vez que salíamos al parque del barrio cortaba en rodajas una remolacha que nos pasaba por los cachetes, pues sufría por el amarillo Vaupez que siempre nos caracterizó. No esta de más aclarar que a la primera carrera sudábamos chorros rojos de remolacha, amén de ser el hazme reír de nuestros amigos.

Doña Mercedes (como la conocían en el barrio), tuvo innumerables iniciativas emprendedoras para ayudar a sus hijos con el magro presupuesto familiar. Cuando mis tías compraron su primera nevera, vendió helados de coco y refrescos (bolis que llaman en otras regiones, hermanos pobres del Bon Ice). Ángela, mi hermana (que siempre fue más hampona que quien les escribe), sacaba las monedas del tarro de las ventas, las dejaba caer en el mismo recipiente asegurándose que sonaran y le gritaba imperturbable, con cara de palo, con una seguridad de la que era imposible dudar o desconfiar, algo así: "Abuelitaaa un refresco, ahí le eche las monedas". Sobra decir que ante esta práctica, por lo demás deleznable, la abuela quebró estrepitosamente.

No sé como hará Ángela en estos días en que ya es madre de Matías para poder dormir tranquilamente con ese pecado a cuestas y esa conciencia negra que la debe perseguir noche tras noche.

Su última iniciativa que recuerde se pudo lograr cuando mi tía Nelly compró su Renault 4. Investida mi abuela de transporte propio, dio por ofrecer cubetas de huevos que compraba en Restrepo y vendía por encima del precio de la tienda del barrio a cada uno de sus hijos y sus yernos. Ella jamás quiso entender que trasladarse hasta el pueblo, pagar peaje de ida y vuelta y el respectivo consumo de gasolina eran ítems que debían tenerse en cuenta a la hora de las sumas, las restas y las utilidades, eso eran minucias que la dueña del carro debía asumir.

Había que verla después de su derrame, sentada en el viejo Renault bajo el sol canicular del medio día esperando a Nelly en sus diligencias porque se molestaba si la dejaban en casa. Yo adoraba encontrármela en la calle, le hacía visita mientras llegaba la tía, nos tomábamos una gaseosa juntos con un pan coco de Pan Dumbo y la escuchaba preguntar por todos, yo pacientemente le respondía pero ella ya estaba sorda. Nunca se acostumbró al aparato.

Era un encanto la abuela y creo que el mayor de ellos era hacernos sentir especiales y con un lugar lleno de amor en su corazón para toda esa camada que se le vino encima de nietos, bisnietos y tataranieto. Con cada uno de nosotros tuvo una sonrisa, una caricia, una carantoña, a todos nos miro con sus ojos llenos de cariño pero sobre todo de orgullo. Fue una pionera ella, fue el pilar de una familia que a la larga ella mismo se inventó y saco adelante sola, sin marido, y sin tacha.

Yo tengo la idea y prefiero seguir teniéndola, que para nadie fue una tortura visitar a la abue y que por el contrario, las reuniones que hacíamos en torno a ella, hoy hacen parte de nuestros mejores recuerdos.

Eso, y su famosa sopita de masitas.

martes, 21 de mayo de 2013

A los tristes cuatro años.

Padre:

Me vejaron, me ignoraron, me desconocieron, me humillaron, me ultrajaron, me quitaron la libertad, me la restituyeron,  me juzgaron,  me condenaron, me absolvieron y, sin embargo padre, no albergo odios, no tengo sed de venganza, no me interesa castigar a nadie, ni reivindicar mi nombre, no es necesario. Tu me enseñaste quien soy y todavía no se me olvida y, a pesar de todo padre, soy feliz desde mi escasez. Y debo, tengo que reconocerte que al final ese afán que no fue el tuyo de acumular, ya tampoco es el mio y esto de cierta manera, me acerca aún más a ti. 

Me haces falta. Miguel se ríe cada vez que imito tus respuestas llenas de sarcasmo y burla, y Camila llora recordando los buenos e imborrables momentos que pasó a tu lado.

Mis hijos, padre, debo confesártelo, me han superado. Son dos personas encantadoras, inteligentes, seguras de si mismas, hermosas, pero sobre todo maravillosos seres humanos que no tienen el más mínimo interés de hacer daño.

Cami acaba de entrar a formar parte del departamento de diseño de la revista Cromos y permíteme la licencia de jactarme, esta señorita es dueña de una inteligencia privilegiada, de unas maneras envidiables y de una seguridad que la va a llevar a conseguir cada uno de sus sueños. No te exagero al decirte que es mi confidente, mi amiga, mi buena y gran  amiga.

Miguel ya tiene diecisiete años, increíble como pasa el tiempo, ¿no?

Miguel, es mi ancla padre. Le debo mucho y siempre he afirmado con profunda convicción que yo soy  hijo de un padre inmejorable y padre de un hijo excepcional. Su disciplina, su perseverancia, su tozudez, su constancia me ha llevado muchas veces a despreocuparme, lo tiene todo tan claro, es tan firme en sus convicciones y tan seguro de sus aptitudes que le queda más fácil realizar sus sueños que no hacerlo, debo decir a su favor que ha trabajado duro para conseguirlo. Es un buen muchacho mi muchacho padre. Son muy buenos muchachos mis muchachos padre. Leen poco eso sí, pero leen bien, ya leyeron a García Márquez, a Saramago, a Herman Hesse, faltan los rusos, pero ya lo harán, te lo prometo.

Además de lo anterior, no hay mucho que contarte, de mi mamá no te hablo porque ella conversa contigo cada madrugada y de mi hermana y Matias estarás enterado mejor que yo por ella, es tan inmensamente pequeña nuestra familia que te aburriría hablándote de cada uno. 

Por lo demás, este país es una mierda que no merece mayor comentario.

Te sigo llorando hermano y conservo intacta la convicción que nunca dejaré de hacerlo.

Un abrazo (como aquel que nos dimos la última vez que te vi de pie)

PD: va un regalo de una mujer que no leíste (tú, que todo lo leíste)

Abatid mis ramas
cortadme en pedazos
las aves continúan cantando 
en mis raíces.

Con las piedras arrojadas
contra mí
he construido los muros
de mi casa.


Anise Koltz

sábado, 27 de abril de 2013

El Wannabe

Yo, hijo de  mi padre, salí con la misma compulsión al rechazo hacia todos aquellos que aman aparentar, y no sólo estoy hablando de dinero porque aparentadores hay de toda especie. Hay quienes posan de intelectuales, emprendedores, ejecutivos exitosos, viajados, cultos, perfectos, de familias de rancia raigambre, de tener acceso a las salas VIP de las aerolineas en particular y del resto en general y de un largo etcétera. Debo sí decir, que los que más me incomodan son aquellos que utilizan su billetera para arrastrar y pisotear a quienes no consideran sus iguales y por iguales me estoy refiriendo a la suma de sus cuentas corrientes.

No es fácil hablar de este tema porque finalmente de aparentadores todos tenemos un poco, sin embargo hay cosas y hechos concretos que potencian la estupidez de los que más, a tal punto, que no acaba uno de sorprenderse por los límites que pueden alcanzar estos personajes con tal de lograr algún -el que sea- tipo de reconocimiento.

Hace un tiempo asistí al bazar de un colegio de esos en los que algunos de mis amigos tienen a sus hijos y cuya importancia deriva más del tipo de camioneta y el número de escoltas que tienen los papás que en la formación de sus hijos y, luego del gasto, siempre exagerado de dinero por una comida fría mal servida y mal sentada, llegó la hora de los discursos en donde las directivas informaban acerca de sus proyectos, más de infraestructura que educativos (en este caso un coliseo) y cuan sería mi (nuestra) sorpresa cuando un padre de esos de camioneta 4x4 blindada se paró junto a su esposa y sus hijos a anunciar(nos) que "Pepita, los niños y yo" habían tomado la decisión de donar CIEN MILLONES DE PESOS para que se terminara de construir dicho coliseo. Repito, dos puntos: ¡CIEN MILLONES DE PESOS! 

(Dejo este espacio para que en silencio entiendan el despropósito)

Prosigo. En un país cuya tasa de analfabetismo alcanza un exagerado 9,6%, y  la cobertura escolar en el área rural tiene un déficit escandaloso del 30%, donde sólo 25 de cada 100 estudiantes acceden a educación superior y el 55% de las escuelas campesinas no conoce un computador; no deja de ser  morboso que un nuevo rico, que un esnob de pacotilla, un aparentador social salga con un desatino de ese tamaño frente a una comunidad que por las razones que sea "non semper sanctas" tiene exagerados privilegios y bajo ninguna circunstancia cabe y cabrá en mi cabezota que alguien no pueda encontrar mejores obras a las cuales destinar una suma tan exagerada y considerable de dinero.

Mejor dicho y aquí debo corregir, es claro que tiene una razón y esta no es otra que la de batir en nuestras narices un fajo de billetes a quien el considera sus iguales.

Y pensar para mi pesar que hay (mucha) gente así.

martes, 16 de abril de 2013

El juez

Estoy molesto con un compañero y lo estoy sobre todo porque lo consideraba una persona inteligente, con capacidad de reflexión, de análisis y aún más de tolerancia y prudencia.

Pero resulta que no, que no es así y de ahí mi molestia con él, y también conmigo, por hacerme ilusiones, y por permitir que me afecte lo que otros hagan, digan, opinen, crean.

Mi compañero -que no amigo- se hizo abogado después de ser militar y hace dos o tres años fue nombrado juez penal militar, (pero juez al fin y al cabo) y desde esos mismos años  ha sacado a modelar una faceta que otrora tenia bastante oculta; la del intolerante recalcitrante, la del  obtuso reaccionario, la del facho enardecido que a juro de querer parecer gracioso, termina siendo ofensivo, vulgar e irrespetuoso.

Todo esto a través de las redes sociales, en FaceBook para ser exactos, en donde cada quien va colgando en su muro lo que a bien tenga, que es donde yo creo que nos equivocamos, pues ese "a bien tenga" debería ser medido, respetuoso, pensado.

Desde siempre escuche decir que los derechos de uno terminan donde empiezan los de los demás y sonará cliché y todo lo que ustedes quieran, pero no por eso menos cierto. 

No concibo, ni concebiré jamás, que siendo Juez de la República, sinónimo de ecuanimidad, equilibrio, equidad y por supuesto, de autoridad, vaya públicamente denostando contra los homosexuales, contra las personas de izquierda, contra los malquerientes de Uribe, de Capriles (Sí! también se mete en asuntos externos), mejor dicho contra todo aquello que se aparte de sus sesgadas y fascistas convicciones.

¿Qué podrá esperar -me pregunto yo- quien pase bajo su togado? 
-Nada bueno -me respondo yo mismo-, si logra detectar que no se es reverentemente fiel a sus convicciones. (las de él, las del juez, las de mi compañero para que les quede claro).

Es la polarizaciòn -me quedo pensando- uno de los más grandes males que aquejan esta sociedad de por si ya bastante apaleada y es nuestra responsabilidad hacer esfuerzos ingentes para entendernos, para entender que no porque pensemos diferente somos más buenos o más malos dependiendo de la ubicación y que el hecho afortunado de vivir bajo una democracia trae escrito la libertad de escoger en que pensar, en que creer, eso si, sin atropellar, sin humillar, sin mancillar, sin insultar.

Yo creo que cuando se alcanzan dignidades y ser juez es una gran dignidad, hay que saber entender que estas vienen con deberes, con responsabilidades y especialmente con silencios.

Quiera el Dios de mi compañero que el hijo que tiene y que tanto se precia de amar (a través de la red) no le salga "marica", pobre muchacho de ser así.

PS: A mi tanta homofóbia declarada siempre me parecerá sospechosa.

viernes, 5 de abril de 2013

Cinco de abril

Ayer cumplí años, no fue un buen día pero cumplí años. Traigo el hecho a colación porque tal parece que uno esta obligado el día de su cumpleaños a estar bien, a ser feliz y no siempre es así, y cuando no se pasa bien en esa fecha, y uno lo expresa, nuestros más cercanos, nuestros bien-querientes se sienten aludidos, como si nos hubieran fallado, como si fuese su culpa y no necesariamente lo es o por lo menos, no en este caso.

Yo siempre he tenido la idea que no soy muy bueno para recibir explosiones de cariño, de afecto, siempre estoy tratando de descubrir la hipocresía vedada, la llamada obligada, el mensaje de texto frío escrito por salir del paso, por eso cumplir años me cohíbe un poco o mejor, me cohíbe un mucho. Imbécil que es uno, inseguro que también es uno. 

Ayer cumplí años y estuve más bien triste, añoré más que de costumbre la llamada de madrugada (es literal) de mi viejo, quién siempre saludaba con un "que viejos que están mis hijos" y luego pasaba mi madre y a los cinco minutos llamaban mis tías y así. Ahora, debo decir que excepto la de mi padre, el resto llamó, sin embargo no logré conectarme con el hecho, no tuve la capacidad de liberarme de mi sombrío estado de ánimo, preferí encerrarme en la nostalgia de lo que uno considera los mejores tiempos, que va uno a ver y son mejores porque ya pasaron, por nada más.

A veces pienso que puede ser esta soledad que me arrastra y me apalea con mayor intensidad cada cierto tiempo o que sufrí un ataque (válido) de melancolía, de añoranza, de pesadumbre...

Ayer cumplí años y no fui feliz.

Mea culpa (de nadie más).

viernes, 22 de marzo de 2013

El Cuento

(Antes de leer esto, advierto que yo jamás cuento un libro)

Esta mañana en medio de la nebulosa del sueño y después de haber preparado el desayuno número ochenta mil para Miguel -que no es queja, que me gusta hacerlo- al sentarme a acompañarlo (al Migue, que todo hay que aclararlo), lo vi. 


Ahí estaba, tranquilo, impasible, cerrado, expuesto, ya un poco viejo, trajinado dirían algunos e inclusive con señales de mordeduras, vaya uno a saber si de Barrabas, Rufo o Lucas que son los perros que nos han acompañado en estos años que ya son muchos o que siempre serán pocos, vaya uno a saber... por segunda vez.

Hablo del cuento de la isla desconocida que donó José Saramago a los damnificados del eje cafetero y que por supuesto tengo exhibido en mi magra biblioteca y al que he acudido en dos o tres ocasiones cuando intento caerle a este escritor quien siempre me ha  resultado bastante complejo.

Y claro, mi curiosidad, o mi ociosidad como quieran llamarlo me llevaron de nuevo a abrirlo  y lo volví a descubrir o mejor, a mirar con otros ojos que son los mismos y encontré en esas cuarenta y dos páginas  no solo la gran historia que encierra, sino todo un tratado de sabiduría, que sin ningún tipo de pretensión como suelen hacerlo y serlo los verdaderamente grandes, manifiesta un profundo conocimiento de las personas, de su relación con el poder, con las formas, con el amor, con los sueños, con sus ilusiones (que no es lo mismo), con la libertad.

Nunca lo había visto así, nunca lo había leído así y como suelo yo decir, los libros lo esperan a uno y uno termina llegándoles y llenándose de ellos.


En fin, que no se trata de aburrirlos, sino de animarlos, a que lo busquen, lo lean, lo exhiban, lo presten y vuelvan a él las veces que su corazón les diga que sea necesario, que de las cosas maravillosas que tienen los libros es que jamás se van a sentir lo suficientemente usados, lo suficientemente manipulados.

Digo yo, que no sé nada.


"Todo libro es de auto ayuda menos aquellos que se precian de serlo"

jueves, 14 de marzo de 2013

Esta es mi historia de amor para ti

Recuerdo que caminé veinte días Orteguaza arriba para llegar al Batallón de Infantería de Selva No. 35 "Héroes del Güepí", en donde, si contaba con suerte, iba a encontrar la cabina telefónica para poder llamar a quien era mi esposa en ese momento y de quien estaba profundamente enamorado. 

Así lo hice, sólo que como el destino es travieso y avieso, lo que yo escuché al otro lado no fueron las expresiones de amor que yo anhelaba sino una voz tranquila pero fría y distante, que me hizo saber que nuestro matrimonio acababa de terminar. 


A tu mamá la conocí cuando me filtré sin invitación a un asado que sus compañeras habían organizado en la hermosa casa de la Azotea, y que tal vez tú alcanzas a recordar. Puedo asegurarte que literalmente, no volví a desprenderme de ella. 

Yo, que posaba de gañan de pueblo y que mis intereses iban en contravía de las buenas maneras y de las buenas costumbres, quede prendado de aquella niña menuda y suavecita del Femenino que se aterraba por cada mala palabra y que tenía no solo el don de gentes heredado de sus padres, sino un trato amable y respetuoso para todos; quienes fueran, de donde vinieren y lo que tuvieren.

Nunca logré entender porque se fijó en mi y mucho menos que decidiera correr a mi lado una extraordinaria aventura que nos sirvió para entrar a la adultez primera, luego de terminar al mismo tiempo el bachillerato y, de haber padecido las miradas asesinas de tu abuelo cada vez que me encontraba, o mejor, nos encontraba en el portón despidiéndonos por horas y horas. Lo anterior solamente como entrenamiento previo para soportar las no menos asesinas de tu bisabuelo Alfonso, casa a la que llegó tu mamá a vivir cuando empezamos la universidad. Daba terror sentarse a su mesa y ser reprochado por una cosa u otra. 

Todavía recuerdo los esfuerzos de Don Alfonso para evitar que yo me diera las mañas de hacer visita hasta altas horas de la madrugada, esfuerzos que de nada le valieron. Alma bendita.

Mis años junto a tu madre fueron maravillosos, cada aventura, cada viaje, cada mentira inventada para estar juntos. Las vacaciones a Tibasosa a donde yo iba a parar detrás de ella fueron inolvidables, fue una historia de amor en gran medida epistolar; nos enviábamos telegramas en la misma ciudad, hicimos colección de credenciales, ahorrábamos cada céntimo para salir a pasear, recorrimos el mercado de las pulgas los domingos buscando posters de películas viejas, cada minuto que yo tenía libre era para ella y a pesar (de) que nos tomó por sorpresa su embarazo y de asustarnos por la reprimenda segura que se nos venía encima, nunca jamás estuvimos tan unidos, tan seguros de salir adelante.

Mientras mis compañeros alféreces, en nuestro viaje de especialización de armas a Fort Benning compraban aparatos electrónicos para traer (el walkman, el minicomponente, el televisor), yo era visitante asiduo de la sección de bebés, en busca de esterilizadores, calienta biberones, chupos, toallitas y un gran etcéteraTe esperamos con la felicidad de los padres primerizos irresponsables, que tienen a su favor la fuerza que da estar juntos; la fuerza del amor.

Llegaste a Popayán en el año ochenta y siete a donde me habían enviado a librar una guerra que aún hoy no acaba. De inmediato, y sin perder tiempo, te hicimos participe de la aventura; éramos tres y como tres pensábamos y como tres nos ayudamos y como tres aprendimos.


Fueron los mejores tiempos hija, y hoy no tengo la menor duda que esta ha sido la mejor historia de amor que he tenido y que tal vez tendré. 


De ahí vienes.
  

miércoles, 6 de marzo de 2013

Quién se mete a redentor...

Debo reconocer primero que, me molesté  que me dejé incomodar, que caí en el juego, que olvidé la calidad del foro. Confié que podría llevarlos a la reflexión y obvio, me equivoqué (algo que me suele suceder muy a menudo).

La cosa fue así:

A raíz del anuncio de la muerte del presidente Chavéz en Venezuela comenzaron a entrar a mi bandeja de correo electrónico uno tras otro, comentarios de mis compañeros de promoción en donde el más mesurado decía que ojalá se llevara a su nuevo mejor amigo, haciendo alusión al presidente Santos y el más moderado en su fanatismo religioso afirmaba que Chavéz había muerto porque había retado a Dios.

Yo, imbécil que soy, y desocupado también, les escribí una nota pequeña llamándolos a la cordura, a su innegable amor por el Dios bondadoso que cada uno de ellos manifiesta seguir con profunda devoción, les traje a colación nuestras canas y el ejemplo que debemos dar a nuestros hijos, en fin, una vaina bien jalada de amor por el prójimo y de respeto por el dolor de miles de personas que admiraban la labor del fallecido presidente.

Fue Troya. El que menos me dijo; dijo que no entendía como un ateo (yo) pedía compasión por un muerto (no entendí la asociación, pero eso dijo), me señalaron de Chavista, de comunista, de caer en el adagio popular "que no hay muerto malo", en fin.

No escribo lo anterior con la intención de erigirme en un cruzado de la moral y del amor por los semejantes, faltaba más. Lo hago porque soy un convencido, que de los males que nos aquejan, la incoherencia y la polarización pican en punta y hacía estos nos hemos dejado conducir cual dulces borregos. (y por dulces quiero decir imbéciles).

Digo incoherencia, porque estoy seguro que ese mismo caudillismo, ese mesianismo, ese populismo, esa demagogia, ese irrespeto de Chavéz a las instituciones democráticas, son para ellos (mis compañeros, que todo hay que aclarárselos a ustedes) reconocidas virtudes en la figura del expresidente Uribe. Eso es incoherencia pues se trata exactamente de lo mismo.

Digo polarización, porque aquí el que controvierte se convierte (que lindo eso: controvierte, convierte, en fin, sigo), en enemigo acérrimo, no hay punto para la reflexión, para encontrarse en el camino, para debatir con tranquilidad. La consigna es arrasar, entrar a saco, adueñarse, apropiarse. No hay termino medio, me satisfago con la ruina de mi enemigo, así, como Chavéz, como Uribe.

Será que me faltó guerra (orden público, dirían ellos), pero soy un convencido (y quisiera convencerlos) que ya tuvimos bastante de odio entre hermanos (y Venezuela es un país hermano), que se hace necesario comenzar a acabar un conflicto que ya nos dura mucho tiempo, que deberíamos -porque no- estrecharnos la mano fraternalmente, pero sobre todo, pensar en aquellos que padecen esta guerra absurda -como todas- todos los días (que lindo eso: todas, todos, en fin, sigo), y que son siempre los menos afortunados, los menos privilegiados si me permiten.

Podríamos empezar por el uso de la palabra, por el lenguaje.

Podríamos empezar, repito.