martes, 6 de noviembre de 2012

Mi viaje Iniciático

La primera vez -por lo menos consciente- que viajé en avión tendría, diga usted unos siete años e iba exiliado Llano adentro para las bocas del río Pauto a pasar vacaciones navideñas en el hato Las Plumas. No conozco la razón del exilio, pues a esa edad todavía no me habían echado del primer colegio, no había sustraído subrepticiamente con mis amigotes -que no amigos- el Simca de la familia y el Susuki de mi papá no había sufrido ninguna abolladura a causa mía, debido entre otras a que en esa época tenía un jeep Willis o una moto Honda, no recuerdo bien. Esos fueron otros exilios y ya no a los llanos casanareños sino a las serranías del Vichada a donde se fue mi padre a fundar La Surumba.

Decía, que mi primera experiencia aérea en solitario se dio a esa edad en un DC-3 mod. 1947 de aerolíneas La Urraca, empresa que desapareció literalmente cuando la última de sus aeronaves chocó contra un cerro. Sea esta la oportunidad para enviarle un saludo a la señora madre de cada uno de  los tripulantes que me hicieron entrar en pánico una vez me percaté que para prender dicho aparato se ayudaban con unos rejos impulsando las hélices cual planta eléctrica, guadañadora o motobomba, y no dejé de gritar, hijueputear, escupir, patear, arañar al esposo "godo" (que todo hay que decirlo) de una prima, que iba para Trinidad y a quien me recomendaron, y en donde me estaban esperando con un atajo de bestias y una recua de bueyes la chueca Isabel, su esposo Vicente y sus dos hijos -mis primos- para emprender un viaje  de seis horas en ancas de mi prima María Isabel con quien siempre tuve amores platónicos (que todo hay que decirlo).

Fue el inicio de unas vacaciones que luego resultaron calcadas a las demás en donde el concepto de diversión se remitía a jugar linea cuatro (si, ya existía), batalla naval (también, si) y a comernos unos melocotones almibarados que eran nuestro premio del día y a los que el viejo Vicente les hacía todo un  ritual que empezaba por abrir la lata haciendo gala y alarde de su navaja Smith & Wesson  -que yo admiraba y anhelaba más que cualquier otra cosa en el mundo y que hoy esta en mis manos después de haber estado en las de mi padre quien se la heredó- . Todo lo anterior después de las cinco de la tarde, hora en que las labores propias del hato culminaban encerrando la becerrada en los corrales y que iniciaba a las cinco de la mañana con la ordeñada. 

Conocer el llano a esa edad y de esa manera generó en mi la convicción y el orgullo de pertenecer a una raza de hombres bravíos,  pero sobre todo simples, básicos y de mirada amplia como la sabana misma. Fue mi primera vez para muchas cosas; montar a caballo sólo, pastorear ganado, recogerlo, marcarlo, curarle la gusanera, caparlo, bañarlo, pero especialmente fue mi primera navidad fuera de casa y sin los míos.

Cada noche rezábamos (sí, yo recé) la novena en el hato El Porvenir de propiedad de la hermana y sobrinas de Vicente el esposo de mi tía, quienes habían armado un árbol navideño inmenso rodeado de regalos. Yo, cada vez que podía revisaba al escondido los paquetes para buscar el mio, y siempre lo encontraba colgando de una de las ramas. Era pequeño, pero era mío, era rectangular, diez centímetros de largo y tres de ancho y duro al tacto  -lo más parecido a una navaja diga usted- .

Llegó el añorado veinticuatro y después de la consabida rezadera y de la hayaca tradicional, empezaron con la repartición de los regalos: paquetes iban y venían, mi prima destapaba, mi primo ídem, los hijos de los encargados otro tanto, muñecas, carritos, avioncitos etc, hasta que llegó el momento del mío (pequeño, pero mio), rectangular, diez centímetros de largo por tres de ancho  -una navaja haga de cuenta-  y cuál no sería mi sorpresa, la tristeza, la desazón, el desconcierto, la rabia, la impotencia cuando me encontré entre el envoltorio un paquete de galletas waffer. Repito, dos puntos, UN miserable básico y simple (así, como los llaneros) paquete de galletas waffer de vainilla de regalo de navidad para un niño de siete años que todavía hoy es la hora que no entiende en que cabeza adulta empezando por mis padres, pasando por mi tía y las tías de mis primos pudieron, a los unos no ocurrirsele mandar los regalos y a los otros pretender que con ese paquete de galletas yo iba a quedar feliz  -que no hay nada más peligroso que un descriteriado con iniciativa-. A este niño no le dejaron alternativa diferente que la de desquitarse con sus papás, chocándoles el carro, sustrayéndolo subrepticiamente del garaje apoyado por sus leales amigos, que no amigotes, haciéndose expulsar colegio tras colegio, metiéndose a militar, casándose a los 21 años, teniendo dos hijos, siendo abuelo a las 39, hasta que ya no hubo más remedio que parar la catarsis so pena de parecer exagerado.

Regresé de mis primeras vacaciones en solitario un seis de reyes en el mismo DC-3 mod. 1947 de aerolineas La Urraca, que luego desapareció como ya lo manifesté al principio de esta declaración.  Los tres, me estaban esperando en el viejo aeropuerto de Vanguardia en Villavicencio (donde más), el mismo que todavía existe y opera, para llevarme a la vieja casa de la Esperanza en dónde encontré bajo el árbol mis regalos: un lego (sí, ya existían), patines y patineta (también, sí), ropa y demás. Pero ya que, ya el daño estaba hecho y el desquite pensado.

Obvio yo a los tres los he adorado y ellos a mi (que todo hay que decirlo), porque qué más.

22 comentarios:

  1. Un paquete de galleta waffer!!....y lo mas acogedor, escondido bajos los ojos de un niño que veía una soñada navaja!....Me gusto mucho tu escrito. Todo un viaje donde sentí el temor al vuelo, recorrí el llano, palpe tus travesuras, también la impotencia ante semejante regalo navideño, y la alegría aunque un poco amarga por la desilusión de aquel obsequio, de los regalos que te recibían en casa. Hiciste que me involucrara , que me sintiera TU. Escribes muy bien Gabriel, en serio…disfruto mucho leerte…y no solo lo digo gramaticalmente sino porque le pones alma. Abracito y sigue haciéndolo…(Olga Jimeno)

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    1. Pues mi querida Olgui con ese comentario tuyo intentaré ser más perseverante por este lado. Mil gracias por tu generosidad. Abrazos

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  2. Ja!... que sería lo que me regalron a mi que no me gustó... porque la "catarsis" (como la llamas tú), fue extensa... y no regañe Gabriel Fernando! Ya que me puso a hablar, gracias por las sonrisas que me sacaste... hoy eran necesarias...

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  3. Tu blog se debería llamar Carcajadas a la Fija. Que esencia la tuya y no precisamente a vainilla. Muchas gracias por meterte en el baúl de los recuerdos del lector. María Inés.

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    1. María I, eso es pura generosidad la suya. Abrazos y gracias por pasar por aquí.

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  4. Leerte siempre será un placer. Ale

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  5. Lo ojee lo felicito, buenos artículos personales. José Forero

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  6. Me gusto , felicitaciones , buenos recuerdos a veces difíciles de plasmar , porque quedan muchos sentimientos en el aire. Carlos Sanchez

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  7. jjajajaj que pecao!! Brabielito (así con diminutivo como te gusta), ahí estas pintado! Te felicito! La lectoescritura es lo tuyo! El regaño va por no hacerlo más seguido...me gusta esa capacidad de narrar cada cosa y el humor negro y ácido que manejas. Pero por favor...Que no pasen otros seis meses para que hagas una nueva entrada! Abrazos, Pilar Rodriguez

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  8. Mi hermano no deje empolvar tanto esa pluma que hace falta disfrutar de sus escritos! Me entretuve 5 minutos leyendo las guevonadas que escribe, hasta me rei ala!
    El pipe

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  9. Todo un estilo don Gabrielefe!Aida

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  10. Es decir que de galletas para esta navidad, ni hablar.

    Entonces al menos me acepta el vinito moscatel?

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    1. Se le acepta hasta las waffer, pero te identificas primero. Gracias por pasar por este lugar.

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  11. muy buena narrativa, cualidad que debe seguir desarrollando, muy interesante .....Alex Rodriguez

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  12. Me gustó y me antojaste de una waffer. OlgaP

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  13. Lo leì con la misma pasiòn con la que lo escribiste. Natalia Z

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  14. Yo peleada con quien me enseña a escribir y vengo y me encuentro contigo.......... que bonito escribes....

    un abrazo

    Yaneth Pinilla

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  15. Bueno mi querido Gabriel, esta narración de un viaje navideño contado por el niño "enojado aún" que hay en sumerce, me dejo perpleja. Cuanto daño pueden hacer unas galletas waffer (y lo inofensivas que se ven). Siempre es un placer leerte. Un abrazo gigante! Hilda R

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  16. excelente paisano,por fortuna no tuviste una "muerte berraca" volando en "La Urraca" para rebelarte con altura x las Waffer!

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  17. mi cielo como siempre me encanta tu forma de escribir, me transporto, me río, me conmueve, me divierte ... que rico poderlo disfrutar. Te quiero mucho ...no me cansaré de decirte como desde hace mucho tiempo, que me encanta como escribes. Sueño con que algún día sea motivo de tu narrativa.

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  18. Una sugerencia para poder seguir leyendo sus notas sin cansancio visual, es cambiar el fondo del escrito a blanco y la letra a negro, pues no se si le pase a otros lectores, este formato deja reflejos posteriores en la vista por un tiempo que cansa la vista. Una sugerencia si la quiere tener en cuenta.

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