Ando un poco con la cabeza caliente así que lo más seguro es que esta entrada me salga un poco visceral, lo cual no esta del todo mal pues la visceralidad es parte de mi esencia (y me atrevo a pensar que la de todos, en menor o mayor medida).
Y es que a veces la gente suele confundirse un poco respecto a los demás y tienden a asumir cosas que no sé de donde provendrán.
Me imagino que algunos pueden pensar por ejemplo que uno es un facho terrible por haber estado en la muy noble y milenaria profesión de soldado durante unos buenos años, o aquellos pueden creer que mi desacuerdo con prácticas que envilecen dicha carrera provienen de un profundo resentimiento hacía la Fuerza a la que le debo buena parte de mi formación; algotros más avezados se imaginarán que mi proverbial resistencia a alabar los ocho años de gobierno del expresidente Uribe me convierte ipso facto en un "mamerto" incapaz de tener un juicio objetivo sobre algo sin caer en la tentación de la extrema izquierda; algunos asegurarán que mis buenos exmatrimonios son sinónimo de desequilibrio (que lo tengo, pero no debido a eso), o el que me fume un porro de cuando en vez me convierta en un drogo confeso o que mi resistencia a creer en seres superiores me hace indigno frente a los demás. Y, así podría continuar con las mil y una cosas que a unos o a otros podría parecerles insanas, dependiendo de la posición en la que juegan o en la que fungen.
No pretendo con esta entrada lanzar proclamas exigiendo respeto por el derecho a la individualidad o al libre albedrio o al haga y deje hacer, pues sería llenarlos de lugares comunes. Faltaba más, y creo que estaría irrespetando la inteligencia de cada uno de ustedes, pero a lo que si me avoco es a "invitarnos" a reflexionar sobre el facilismo con que juzgamos y nos hacemos una idea respecto a los demás pero sobre todo a aquellas personas que son afectas a nuestro corazón y con quienes solemos ser más severos.
La realidad monda y lironda es que nos cuesta aceptar a los nuestros tal cual son; pero lo más grave es que juzgándolos pretendemos reivindicar nuestras propias vergüenzas y nuestras propias desgracias.
Ya lo dijo un profeta que no existió pero en el que la mayoría de ustedes creen:
No juzguéis a los demás si no queréis ser juzgados. Porque con el mismo juicio que juzgareis habéis de ser juzgados, y con la misma medida que midiereis, seréis medidos vosotros.
Buenìsimo Gabriel. Me encantò el cierre!!! DCRC
ResponderEliminarCreo que en efecto, ser un poco visceral no convierte a nadie en un
ResponderEliminarbicho raro ni nada que se le parezca, es un derecho divino tener la
vida que a cada uno le plazca y por otro lado es absolutamente sano
que cada decisión que se tome no invada el espacio de los demás.
Admirar o no a alguien por sus actuaciones o resultados es
categóricamente la aceptación de una situación frente a casos
particulares o si se quieren generales, exponiéndose a la guillotina
publica, lo cual no es cuestionable sino respetable. El numero de
ex-matrimonios no determina la capacidad de relacionarse ni con un yo
interior ni con los demás, es apenas la confirmación de una constante
búsqueda de ese "gemelo" perfecto que debe encontrarse por ahí, eso es
como quien decide crear su propio Frankenstein ante la considerable
perdida de tiempo en una búsqueda inalcanzable sin los resultados que
en un imaginario colectivo (si lo hacemos buscando parámetros
socialmente aceptables) determine. Hilda Rangel