Almorcé con ella después de una cita postergada varias veces; ordenó burritos y yo me fui por unas fajitas, nos sentamos en una de esas terrazas-vivero con efecto invernadero que tienen los centros comerciales que hoy hacen iguales y, que inundan estas ciudades que miden el progreso por el número de marcas que se instalan en ellas.
- Ya en Villavicencio hay Juan Valdez, por ejemplo
- Pitalito ya tiene Hamburguesas del Corral, Totto, Bosi, Spoleto y así...
Puro progreso consumista, arribista, exhibicionista.
Decía que almorcé con ella y a pesar de su disfraz elegante, de su figura perfecta (en lo que a ella concierne), de su belleza buscada y aún más, anhelada y casi que desesperada, lo primero que percibí fue su tristeza en los ojos, su mirada cansada y harta, su cara ajada de mujer de treinta y tres años y su cansancio que ya le dura mucho tiempo.
Obvio que empezó con su discurso de felicidad aparente, con el guión bien aprendido de las alegrías efímeras, de los restaurantes exclusivos, de las “discos” de moda (todavía se dice así?), de los asados sabaneros, de los fines de semana en el Llano metida en Capachos. Yo, a lo único que atinaba era a seguir viéndole su mirada triste, cansada y harta de mujer de sesenta años a la que la vida le ha dado sus buenos golpes para enseñarle y ella a no dejarse.
Comencé a asustarme un poco; no lograba entender cómo alguien con una carrera brillante, con un humor exquisito, con una inteligencia aguda, con tanto amor para dar, pudo haber caído en una trampa que ya se está volviendo común. La trampa mañosa del estilo de vida que combina a las barbies con las mujeres fatales y la estética mafiosa adobada de un libertinaje que raya a veces en la ingenuidad.
Me aterroricé en realidad cuándo le pregunté que cómo andaba de corazón y me respondió que estaba abierta a todas las posibilidades, que el man con el que salía no lograba llenarla. Y empezó a hilvanar un discurso que cada vez ensombrecía más su cara y llenaba de rencor su corazón; y que por lo que deduje, no era nada más que una competencia de egos en dónde a todas luces los dos se tienen sólo para mostrarse, para exhibirse.
Pero mi verdadero pavor lo sentí cuándo concluyó con una frase lapidaria:
"Mira Gaby, te juro que antes de un mes ese man esta rendido a mis pies y sólo entonces, cuándo lo vea así, me daré el placer de mandarlo para el carajo!"
Quedé frió, pasmado, sin palabras... sigo sin entender cuál es la razón de hacer el daño, ¿cuál es la necesidad? ¿Por qué nos abrogamos derechos aleccionadores? ¿Qué nos lleva a pensar que alguien necesita una lección, cuándo a todas luces el error es compartido? Yo adoro a mis amigos y fue muy triste para mi escuchar a esta gran amiga convertida en algo que no es, pero sobretodo me duele saber que la está pasando mal y que sólo ella es la responsable.
Al final y luego del sinsabor que me dejó ese almuerzo, no puedo dejar de pensar en lo inútiles que somos para conducir nuestras vidas, y en las tristes caricaturas en las que solemos convertirnos por culpa de nuestros egos desmesurados.
"El rencor es un veneno que se toma uno esperando que se muera el otro"