miércoles, 20 de junio de 2012

Vida?


Almorcé con ella después de una cita postergada varias veces; ordenó burritos y yo me fui por unas fajitas, nos sentamos en una de esas terrazas-vivero con efecto invernadero que tienen los centros comerciales que hoy hacen iguales y, que inundan estas ciudades que miden el progreso por el número de marcas que se instalan en ellas.
 
- Ya en Villavicencio hay Juan Valdez, por ejemplo
- Pitalito ya tiene Hamburguesas del Corral, Totto, Bosi, Spoleto y así...
 
Puro progreso consumista, arribista, exhibicionista.
 
Decía que almorcé con ella y a pesar de su disfraz elegante, de su figura perfecta (en lo que a ella concierne), de su belleza buscada y aún más, anhelada y casi que desesperada, lo primero que percibí fue su tristeza en los ojos, su mirada cansada y harta, su cara ajada de mujer de treinta y tres años y su cansancio que ya le dura mucho tiempo.
 
Obvio que empezó con su discurso de felicidad aparente, con el guión bien aprendido de las alegrías efímeras, de los restaurantes exclusivos, de las “discos” de moda (todavía se dice así?), de los asados sabaneros, de los fines de semana en el Llano metida en Capachos.  Yo, a lo único que atinaba era a seguir viéndole su mirada triste, cansada y harta de mujer de sesenta años a la que la vida le ha dado sus buenos golpes para enseñarle y ella a no dejarse.
 
Comencé a asustarme un poco; no lograba entender cómo alguien con una carrera brillante, con un humor exquisito, con una inteligencia aguda, con tanto amor para dar, pudo haber caído en una trampa que ya se está volviendo común. La trampa mañosa del estilo de vida que combina a las barbies con las mujeres fatales y la estética mafiosa adobada de un libertinaje que raya a veces en la ingenuidad.
 
Me aterroricé en realidad cuándo le pregunté que cómo andaba de corazón y me respondió que estaba abierta a todas las posibilidades, que el man con el que salía no lograba llenarla. Y empezó a hilvanar un discurso que cada vez ensombrecía más su cara y llenaba de rencor su corazón; y que por lo que deduje, no era nada más que una competencia de egos en dónde a todas luces los dos se tienen sólo para mostrarse, para exhibirse.
 
Pero mi verdadero pavor lo sentí cuándo concluyó con una frase lapidaria:
 
"Mira Gaby, te juro que antes de un mes ese man esta rendido a mis pies y sólo entonces, cuándo lo vea así, me daré el placer de mandarlo para el carajo!"
 
Quedé frió, pasmado, sin palabras... sigo sin entender cuál es la razón de hacer el daño, ¿cuál es la necesidad?  ¿Por qué nos abrogamos derechos aleccionadores? ¿Qué nos lleva a pensar que alguien necesita una lección, cuándo a todas luces el error es compartido? Yo adoro a mis amigos y fue muy triste para mi escuchar a esta gran amiga convertida en algo que no es, pero sobretodo me duele saber que la está pasando mal y que sólo ella es la responsable.
 
Al final y luego del sinsabor que me dejó ese almuerzo, no puedo dejar de pensar en lo inútiles que somos para conducir nuestras vidas, y en las tristes caricaturas en las que solemos convertirnos por culpa de nuestros egos desmesurados.

"El rencor es un veneno que se toma uno esperando que se muera el otro"

viernes, 1 de junio de 2012

¿Padres?


Instrucciones para leer:

1. No respirar
2. Se vale pensar

Texto a leer:

Un papá enseñando a sus hijos a burlar el control de la registradora para no pagar su pasaje; una mamá matriculando a su pequeña hija en un colegio de monjas (purezas de algo, nada importante) para que le enseñen a llegar virgen al matrimonio, algo que ella misma no fue capaz hacer; un amigo organizando una fiesta de quince a su hija porque sus tíos tienen "modo" de regalarle sobres con billetes; una ex (la primera) amenazando a mi hija con mandarla a vivir conmigo como castigo supremo; otra ex (la segunda) infringiéndole a mi hijo de seis años en ese entonces, la vergüenza de verla ebria y perdida por varios días; un compañero ex milico avergonzando a su hijo adolescente en un lupanar; una mamá sometiendo a su pequeño hijo a salir con el novio que se consigue cada semana; otra mamá cogiendo con su amigo casual mientras su hija hace tareas con su compañera de curso, y otra engañando a su ex marido para que firme un permiso de salida del país y perderse con su hija para siempre. Un buen amigo convencido que su responsabilidad como padre merma porque él había dejado muy claro que no quería hijos. Otro papá despidiendo a su hijo de dos años por que el fin esta cerca para los dos; un hijo observando cómo su mamá es golpeada inmisericordemente, convencido que él puede hacer lo mismo; una pequeña nena preguntándose por qué sus padres tratan tan descortésmente a la nana que la cuida y la protege; una preadolescente cuestionando a sus abuelos porque la empleada del servicio domestico no puede sentarse a comer en la mesa con ellos; una madre (la mía) haciéndonos sentir culpables a mi hermana y a mí por los malos ratos que tuvo que soportar para asegurarnos un hogar estable; un padre (yo) mal enseñándole a mi hijo que para evitar controles y normas lo mejor es siempre poner cara de patrón; una hermana (la mía) siendo injusta con su hijastro porque es hiperactivo y no quiere que su hijo sea igual; otro padre (el mío) caído de la borrachera conduciendo en eses con toda su familia; una preadolescente recibiendo llamadas de su padre ebrio en la madrugada a insultarla porque no lo quiere;  ese mismo padre igualmente ebrio o más, llamando a su hija menor (ocho años) a darle quejas porque su hermana no lo quiere; un padre diciendo a viva voz lo decepcionado que está de su hijo  porque no es igual de brillante a su hermano; una madre quitándose de encima a su pequeñísima y única hija porque le espicha una teta llena de silicona; un par de niños hermosos observando cómo su papá intenta asfixiar a su mamá porque no le soporta un ataque depresivo más. La hija de una médica pediatra especializada en adolescentes besándose con todo el colegio intentando llamar la atención de sus padres. Una mamá transfiriendo a su hija sus rencores y peleas con el resto del mundo, un papá tratando a su ex de puta delante de su hijo; unos padres recordándose mutuamente lo infieles que han sido el uno con el otro con su pequeña al lado.

Padres y padres siendo observados por caritas que no logran entender lo que está pasando a su alrededor.