martes, 6 de noviembre de 2012

Mi viaje Iniciático

La primera vez -por lo menos consciente- que viajé en avión tendría, diga usted unos siete años e iba exiliado Llano adentro para las bocas del río Pauto a pasar vacaciones navideñas en el hato Las Plumas. No conozco la razón del exilio, pues a esa edad todavía no me habían echado del primer colegio, no había sustraído subrepticiamente con mis amigotes -que no amigos- el Simca de la familia y el Susuki de mi papá no había sufrido ninguna abolladura a causa mía, debido entre otras a que en esa época tenía un jeep Willis o una moto Honda, no recuerdo bien. Esos fueron otros exilios y ya no a los llanos casanareños sino a las serranías del Vichada a donde se fue mi padre a fundar La Surumba.

Decía, que mi primera experiencia aérea en solitario se dio a esa edad en un DC-3 mod. 1947 de aerolíneas La Urraca, empresa que desapareció literalmente cuando la última de sus aeronaves chocó contra un cerro. Sea esta la oportunidad para enviarle un saludo a la señora madre de cada uno de  los tripulantes que me hicieron entrar en pánico una vez me percaté que para prender dicho aparato se ayudaban con unos rejos impulsando las hélices cual planta eléctrica, guadañadora o motobomba, y no dejé de gritar, hijueputear, escupir, patear, arañar al esposo "godo" (que todo hay que decirlo) de una prima, que iba para Trinidad y a quien me recomendaron, y en donde me estaban esperando con un atajo de bestias y una recua de bueyes la chueca Isabel, su esposo Vicente y sus dos hijos -mis primos- para emprender un viaje  de seis horas en ancas de mi prima María Isabel con quien siempre tuve amores platónicos (que todo hay que decirlo).

Fue el inicio de unas vacaciones que luego resultaron calcadas a las demás en donde el concepto de diversión se remitía a jugar linea cuatro (si, ya existía), batalla naval (también, si) y a comernos unos melocotones almibarados que eran nuestro premio del día y a los que el viejo Vicente les hacía todo un  ritual que empezaba por abrir la lata haciendo gala y alarde de su navaja Smith & Wesson  -que yo admiraba y anhelaba más que cualquier otra cosa en el mundo y que hoy esta en mis manos después de haber estado en las de mi padre quien se la heredó- . Todo lo anterior después de las cinco de la tarde, hora en que las labores propias del hato culminaban encerrando la becerrada en los corrales y que iniciaba a las cinco de la mañana con la ordeñada. 

Conocer el llano a esa edad y de esa manera generó en mi la convicción y el orgullo de pertenecer a una raza de hombres bravíos,  pero sobre todo simples, básicos y de mirada amplia como la sabana misma. Fue mi primera vez para muchas cosas; montar a caballo sólo, pastorear ganado, recogerlo, marcarlo, curarle la gusanera, caparlo, bañarlo, pero especialmente fue mi primera navidad fuera de casa y sin los míos.

Cada noche rezábamos (sí, yo recé) la novena en el hato El Porvenir de propiedad de la hermana y sobrinas de Vicente el esposo de mi tía, quienes habían armado un árbol navideño inmenso rodeado de regalos. Yo, cada vez que podía revisaba al escondido los paquetes para buscar el mio, y siempre lo encontraba colgando de una de las ramas. Era pequeño, pero era mío, era rectangular, diez centímetros de largo y tres de ancho y duro al tacto  -lo más parecido a una navaja diga usted- .

Llegó el añorado veinticuatro y después de la consabida rezadera y de la hayaca tradicional, empezaron con la repartición de los regalos: paquetes iban y venían, mi prima destapaba, mi primo ídem, los hijos de los encargados otro tanto, muñecas, carritos, avioncitos etc, hasta que llegó el momento del mío (pequeño, pero mio), rectangular, diez centímetros de largo por tres de ancho  -una navaja haga de cuenta-  y cuál no sería mi sorpresa, la tristeza, la desazón, el desconcierto, la rabia, la impotencia cuando me encontré entre el envoltorio un paquete de galletas waffer. Repito, dos puntos, UN miserable básico y simple (así, como los llaneros) paquete de galletas waffer de vainilla de regalo de navidad para un niño de siete años que todavía hoy es la hora que no entiende en que cabeza adulta empezando por mis padres, pasando por mi tía y las tías de mis primos pudieron, a los unos no ocurrirsele mandar los regalos y a los otros pretender que con ese paquete de galletas yo iba a quedar feliz  -que no hay nada más peligroso que un descriteriado con iniciativa-. A este niño no le dejaron alternativa diferente que la de desquitarse con sus papás, chocándoles el carro, sustrayéndolo subrepticiamente del garaje apoyado por sus leales amigos, que no amigotes, haciéndose expulsar colegio tras colegio, metiéndose a militar, casándose a los 21 años, teniendo dos hijos, siendo abuelo a las 39, hasta que ya no hubo más remedio que parar la catarsis so pena de parecer exagerado.

Regresé de mis primeras vacaciones en solitario un seis de reyes en el mismo DC-3 mod. 1947 de aerolineas La Urraca, que luego desapareció como ya lo manifesté al principio de esta declaración.  Los tres, me estaban esperando en el viejo aeropuerto de Vanguardia en Villavicencio (donde más), el mismo que todavía existe y opera, para llevarme a la vieja casa de la Esperanza en dónde encontré bajo el árbol mis regalos: un lego (sí, ya existían), patines y patineta (también, sí), ropa y demás. Pero ya que, ya el daño estaba hecho y el desquite pensado.

Obvio yo a los tres los he adorado y ellos a mi (que todo hay que decirlo), porque qué más.

lunes, 30 de julio de 2012

MMB


Ayer domingo 29 de julio del año en curso (dos mil doce por si acaso) debuté en la Media Maratón de Bogotá -a este punto yo dejaría de leer esto y remitirme a la gesta de Fílipides que le da el nombre a tan exigente competencia y que si es una historia digna de ser contada-, no como esta que pretendo hacer.

Sigo para los perseverantes. Contaba que debuté y lo que más puedo decir al respecto es que se trata de una verdadera fiesta. Fiesta que invoca y que provoca, fiesta que empieza (por lo menos para mi) desde el momento en que vas a reclamar el Kit de competencia y te entregan una bolsa llena de sorpresas (les dije que era una fiesta): gorra, camiseta oficial, galletas, jabones, elementos para cuidar tus pies, folletos, volantes y demás chucherías que suelen traer las sorpresas y que orgullosamente recibes junto con tu número el cual te convierte en un atleta digno de ser ingresado a una base de datos y de ser contabilizado en una lista de participantes.

Te despiertas el día de la competencia e intentas recordar que es lo que debes desayunar, confundes en medio del nerviosismo proteínas con carbohidratos, grasas saturadas con las transgénicas, fibra dietaría con el ácido fólico. En fin, terminas en la panadería de la esquina desayunando huevos pericos, chocolate y dos pan rollo ¡ah! y jugo de naranja, colado eso sí. Sigues las recomendaciones, pides un taxi que te lleve al sitio de partida, buscas un baño dónde aliviarte y empiezas el estiramiento y el calentamiento consumiendo pequeñas dosis de gatorade (como reza el manual) mientras caminas a una frecuencia cardíaca entre el 50 y 60% (ni idea que será eso pero dicen que es bueno), te la das de "abeja" y te zampas un “red bull sugar free” echándote la bendición para que no te de taquicardia (ni idea que será eso pero dicen que es malo), te vas para tu lugar de salida; que no era la azul sino la morada, y que obvio queda al otro extremo, me alivio por enésima vez y así sin mayores ceremonias y de buenas a primeras casi sin darte cuenta pasas el lugar de partida. El competitivo que habita en mi no puede creer tanta informalidad y se impone la meta personal de hacer todo el recorrido al trote.

Corro y voy pasando a la señora embarazada, a los muy queridos grupos de la tercera edad que para mi grata sorpresa son mayoría, veo a un padre empujando el coche de su pequeño hijo y a su hijo cual tiranillo empoderado en su papel, observo de reojo a la pareja que no lleva un kilómetro y ya esta discutiendo y se me aguan los ojos cuando paso al lado de un señor que claramente ha sufrido una parálisis y camina a buen ritmo con su bastón de soporte.  Muy sorprendido conmigo mismo rebaso un grupo que vi calentando antes de partir "muy uniformados, muy emperifollados, muy disciplinados" (lo cual no habla bien de mi, sino mal de ellos), a la distancia veo y no lo creo un banderín de infantería, mi gloriosa arma de mis años al servicio del país y me propongo alcanzarlos; miento si no confesara que me emocione hasta los tuétanos al escucharlos trotar y animarse con viejas canciones de soldados.  Saludo a un antiguo subalterno de Fuerzas Especiales los acompaño un rato en el que rememoro lo que me gusta de esa época que no es otra cosa diferente a la camaradería que se logra en los cuarteles de los hombres de guerra. Dejo mi mística de Comando a un lado, me despido, y a esta altura ya voy por los primeros cuatro kilómetros y el segundo punto de hidratación.

Es tanta la participación que a veces es necesario pasarse al anden para poder mantener un ritmo de trote eficaz, la gente va enfiestada con globos de colores y llaman mi atención varias camisetas que algunos portan apoyando fundaciones contra el cáncer de mama, contra la violencia de género y contra el maltrato infantil, me gustan estas manifestaciones. Sigo y adelante veo una pareja joven, ataviados él de frac y ella en su vestido blanco de novia, con un cartelito informándonos a todos que están celebrando ocho años de matrimonio y tres hijos.

El malpensado que habita en mi no deja de sonreír sarcásticamente cada vez que sobrepaso parejas treintañeras vestidas para la ocasión con cinturones de bebidas y geles hidratantes y con las caras de ellas a punto de reventar por el esfuerzo de la caminada -que no trotada- y que casi puedo asegurar que es el resultado para ellas de esa incapacidad de respetar espacios y no dejar ir a los pobres hombres solos a su carrera. ¿Inseguridades? ¿Carencias? No lo sé. Lo que sí puedo afirmar es que el próximo año -si siguen juntos- los esperarán en la meta.

A esta altura del paseo caigo en cuenta que estoy cerca al sitio de encuentro con mi amigo "pollo é finca" socio de venturas pero más de desventuras con quien he coordinado la segunda avionada del día: otra lata de "red bull free sugar" que ya me estoy saboreando, pero que sobre todo ya mi menguada y desgastada humanidad me está exigiendo y casi que implorando. Busco a lado y lado, primero con ansiedad y luego con desesperación, siento que ya estoy sobrepasando el dichoso punto; en fracción de segundos intento tomar una decisión: me regreso a seguir buscándolo o continuo sin la preciada lata. Decido seguir, definitivamente "mi amigazo" no está. Setentamilhijueputazos se gana mentalmente y mentalmente me mentalizo para que este pequeño percance no afecte mi rendimiento. No contento con la guachada que me acaba de hacer, Pollo e´ finca comienza a llamarme con la intensidad de novia fea que siempre lo ha caracterizado máxime cuando sabe que la ha cagado, pero el digno que habita en mi decide no responderle solo por la ilusión de joderle su existencia. Lo cual a él por supuesto lo tiene sin cuidado.

Cruzo puentes, me ánimo con los aplausos de la gente al borde, me lavo con el agua que me entregan los boys scouts y me río entredientes viendo a esos señores que con más de treinta años andan de pantalón corto con sus pañoletas e insignias de lobatos, jefes de manadas y otras cacorradas- síndrome de Peter Pan que llaman ahora-. Con grata sorpresa veo la pancarta de “últimos tres kilómetros”, elevo la mirada al cielo -como he visto hacer a los futbolistas cuando marcan un gol- y le dedico este tramo a mi padre que siempre se burló de mi afición por la competencia, pero aún más de mis escasos logros.

- Papá, llegué de segundo - le decía
- ¿Cuántos eran, dos? se respondía él mismo.

En fin, ya con la meta al alcance aprieto el paso y con cada zancada de mi corta humanidad siento que me espera la gloria, los aplausos del público me animan a apurarle, los últimos doscientos metros los hago con el corazón, pero sobre todo con la inmensa felicidad de haberme animado a participar en esta increíble fiesta que se llama "La Media Maratón de Bogotá" a la que por supuesto aspiro a asistir el próximo año si el Dios de ustedes me da vida y salud por supuesto.



Epílogo:
- Aló, quiubo Pollo que pasó?
- No marica, la policía no me dejo pasar en bicicleta y yo lo esperé en la glorieta de la sesenta y ocho.
- Usté si es mucho huevón Pollo, para que voy a necesitar una red bull a cincuenta metros de la llegada maricón.


*cuelgo y me declaro en estado de indignación

Fin




miércoles, 25 de julio de 2012

Los oficios del parque

Ayer 24 de julio del año en curso (dos mil doce por si acaso), estuve por segunda vez en Casa Tomada, una librería en el Barrio Palermo (en Bogotá por si acaso de nuevo), que entre otras no debería llamarse así, sino Casa Perdida por lo complejo de encontrar la dirección; al decir de los dos taxistas que me han llevado las dos veces que allí he estado, que ya lo dije y lo repito. (por si acaso de nuevo por tercera vez).

En fin, decía que estuve en esta librería que tiene como sede una bellísima casa de estilo inglés propia de la localidad a la que pertenece atendiendo una invitación que a mi me parece fascinante y seguramente a muchos no tanto, pero como soy yo y no ustedes pues que le vamos a hacer. 

La cosa consistió en sentarnos a leer el último ejemplar de la colección "Libro al viento" y que en esta ocasión recoge varias crónicas bajo el nombre de "Los oficios del parque" y que no pienso ni resumirselos, ni hacerles un análisis literario y mucho menos opinar sobre si me gustaron o no. Cada quién será libre de leerlo si lo consideran conveniente diría mi padre -que era un viejo mierdoso-.

Lo que si me propongo hacer es contarles que sentarse con un poco de desconocidos, orientados por un gran editor y escuchar en cada una de esas voces desconocidas las palabras que otros desconocidos escribieron para que estos desconocidos (nosotros) las leyéramos no deja de tener un componente mágico y de logia, que termina en este caso haciéndonos recorrer cada uno de los parques que se mencionan en el libro y que logra al final reconocer una ciudad que para muchos -para mi- es desconocida o por lo menos no observada, que es de lo que adolecemos la mayoría por razón a nuestros afanes y nuestras afugias  y que nos impide detenernos a eso, a algo tan sencillo como a permitirnos "ver", pero sobre todo a respirar, a disfrutar, a llenarnos de vida con la belleza de las propiedades intangibles y de los bienes irreales. 

Sonará cursi (y yo lo soy), pero hay mucho de encantador en poner rodilla en tierra y disfrutar en medio del bullicio de una ciudad, un poco de esa paz y de esa felicidad que siempre encontraremos en un parque y que generalmente proviene de los buenos recuerdos y momentos que pasamos en uno de ellos durante nuestra infancia. 

Va pues mi invitación a que salgamos a buscar uno (no importa, puede ser el de la 93, para que los vean) y encuentren esa comunión que algunos llaman felicidad y que muchos de nosotros la hallamos en un pedazo de manga al decir de los paisas, y que no tiene nada de elaborado o afectado y que por el contrario tiene la belleza de lo simple, de lo sencillo y de lo elemental. 

Por que de lo que si estoy seguro y convencido es que no hay nada más triste y deprimente que ir de paseo a un "shopping". (con el perdón de Angela Cuartas a quién le plagié este tweet).

Ahí los dejo y nos vemos en el parque.

sábado, 7 de julio de 2012

De los juicios y otros epítetos

Ando un poco con la cabeza caliente así que lo más seguro es que esta entrada me salga un poco visceral, lo cual no esta del todo mal pues la visceralidad es parte de mi esencia (y me atrevo a pensar que la de todos,  en menor o mayor medida).

Y es que a veces la gente suele confundirse un poco respecto a los demás y tienden a asumir cosas que no sé de donde provendrán. 

Me imagino que algunos pueden pensar por ejemplo que uno es un facho terrible por haber estado en la muy noble y milenaria profesión de soldado durante unos buenos años, o aquellos pueden creer que mi desacuerdo con prácticas que envilecen dicha carrera provienen de un profundo resentimiento hacía la Fuerza a la que le debo buena parte de mi formación; algotros más avezados se imaginarán que mi proverbial resistencia a alabar los ocho años de gobierno del expresidente Uribe me convierte ipso facto en un "mamerto" incapaz de tener un juicio objetivo sobre algo sin caer en la tentación de la extrema izquierda; algunos asegurarán que mis buenos exmatrimonios son sinónimo de desequilibrio (que lo tengo, pero no debido a eso), o el que me fume un porro de cuando en vez me convierta en un drogo confeso o que mi resistencia a creer en seres superiores me hace indigno frente a los demás. Y, así podría continuar con las mil y una cosas que a unos o a otros podría parecerles insanas, dependiendo de la posición en la que juegan o en la que fungen.

No pretendo con esta entrada lanzar proclamas exigiendo respeto por el derecho a la individualidad o al libre albedrio o al haga y deje hacer, pues sería llenarlos de lugares comunes. Faltaba más, y creo que estaría irrespetando la inteligencia de cada uno de ustedes, pero a lo que si me avoco es a "invitarnos" a reflexionar sobre el facilismo con que juzgamos y nos hacemos una idea respecto a los demás pero sobre todo a aquellas personas que son afectas a nuestro corazón y con quienes solemos ser más severos.

La realidad monda y lironda es que nos cuesta aceptar a los nuestros tal cual son; pero lo más grave es que juzgándolos pretendemos reivindicar nuestras propias vergüenzas y nuestras propias desgracias.

Ya lo dijo un profeta que no existió pero en el que la mayoría de ustedes creen:

No juzguéis a los demás si no queréis ser juzgados. Porque con el mismo juicio que juzgareis habéis de ser juzgados, y con la misma medida que midiereis, seréis medidos vosotros.

miércoles, 20 de junio de 2012

Vida?


Almorcé con ella después de una cita postergada varias veces; ordenó burritos y yo me fui por unas fajitas, nos sentamos en una de esas terrazas-vivero con efecto invernadero que tienen los centros comerciales que hoy hacen iguales y, que inundan estas ciudades que miden el progreso por el número de marcas que se instalan en ellas.
 
- Ya en Villavicencio hay Juan Valdez, por ejemplo
- Pitalito ya tiene Hamburguesas del Corral, Totto, Bosi, Spoleto y así...
 
Puro progreso consumista, arribista, exhibicionista.
 
Decía que almorcé con ella y a pesar de su disfraz elegante, de su figura perfecta (en lo que a ella concierne), de su belleza buscada y aún más, anhelada y casi que desesperada, lo primero que percibí fue su tristeza en los ojos, su mirada cansada y harta, su cara ajada de mujer de treinta y tres años y su cansancio que ya le dura mucho tiempo.
 
Obvio que empezó con su discurso de felicidad aparente, con el guión bien aprendido de las alegrías efímeras, de los restaurantes exclusivos, de las “discos” de moda (todavía se dice así?), de los asados sabaneros, de los fines de semana en el Llano metida en Capachos.  Yo, a lo único que atinaba era a seguir viéndole su mirada triste, cansada y harta de mujer de sesenta años a la que la vida le ha dado sus buenos golpes para enseñarle y ella a no dejarse.
 
Comencé a asustarme un poco; no lograba entender cómo alguien con una carrera brillante, con un humor exquisito, con una inteligencia aguda, con tanto amor para dar, pudo haber caído en una trampa que ya se está volviendo común. La trampa mañosa del estilo de vida que combina a las barbies con las mujeres fatales y la estética mafiosa adobada de un libertinaje que raya a veces en la ingenuidad.
 
Me aterroricé en realidad cuándo le pregunté que cómo andaba de corazón y me respondió que estaba abierta a todas las posibilidades, que el man con el que salía no lograba llenarla. Y empezó a hilvanar un discurso que cada vez ensombrecía más su cara y llenaba de rencor su corazón; y que por lo que deduje, no era nada más que una competencia de egos en dónde a todas luces los dos se tienen sólo para mostrarse, para exhibirse.
 
Pero mi verdadero pavor lo sentí cuándo concluyó con una frase lapidaria:
 
"Mira Gaby, te juro que antes de un mes ese man esta rendido a mis pies y sólo entonces, cuándo lo vea así, me daré el placer de mandarlo para el carajo!"
 
Quedé frió, pasmado, sin palabras... sigo sin entender cuál es la razón de hacer el daño, ¿cuál es la necesidad?  ¿Por qué nos abrogamos derechos aleccionadores? ¿Qué nos lleva a pensar que alguien necesita una lección, cuándo a todas luces el error es compartido? Yo adoro a mis amigos y fue muy triste para mi escuchar a esta gran amiga convertida en algo que no es, pero sobretodo me duele saber que la está pasando mal y que sólo ella es la responsable.
 
Al final y luego del sinsabor que me dejó ese almuerzo, no puedo dejar de pensar en lo inútiles que somos para conducir nuestras vidas, y en las tristes caricaturas en las que solemos convertirnos por culpa de nuestros egos desmesurados.

"El rencor es un veneno que se toma uno esperando que se muera el otro"

viernes, 1 de junio de 2012

¿Padres?


Instrucciones para leer:

1. No respirar
2. Se vale pensar

Texto a leer:

Un papá enseñando a sus hijos a burlar el control de la registradora para no pagar su pasaje; una mamá matriculando a su pequeña hija en un colegio de monjas (purezas de algo, nada importante) para que le enseñen a llegar virgen al matrimonio, algo que ella misma no fue capaz hacer; un amigo organizando una fiesta de quince a su hija porque sus tíos tienen "modo" de regalarle sobres con billetes; una ex (la primera) amenazando a mi hija con mandarla a vivir conmigo como castigo supremo; otra ex (la segunda) infringiéndole a mi hijo de seis años en ese entonces, la vergüenza de verla ebria y perdida por varios días; un compañero ex milico avergonzando a su hijo adolescente en un lupanar; una mamá sometiendo a su pequeño hijo a salir con el novio que se consigue cada semana; otra mamá cogiendo con su amigo casual mientras su hija hace tareas con su compañera de curso, y otra engañando a su ex marido para que firme un permiso de salida del país y perderse con su hija para siempre. Un buen amigo convencido que su responsabilidad como padre merma porque él había dejado muy claro que no quería hijos. Otro papá despidiendo a su hijo de dos años por que el fin esta cerca para los dos; un hijo observando cómo su mamá es golpeada inmisericordemente, convencido que él puede hacer lo mismo; una pequeña nena preguntándose por qué sus padres tratan tan descortésmente a la nana que la cuida y la protege; una preadolescente cuestionando a sus abuelos porque la empleada del servicio domestico no puede sentarse a comer en la mesa con ellos; una madre (la mía) haciéndonos sentir culpables a mi hermana y a mí por los malos ratos que tuvo que soportar para asegurarnos un hogar estable; un padre (yo) mal enseñándole a mi hijo que para evitar controles y normas lo mejor es siempre poner cara de patrón; una hermana (la mía) siendo injusta con su hijastro porque es hiperactivo y no quiere que su hijo sea igual; otro padre (el mío) caído de la borrachera conduciendo en eses con toda su familia; una preadolescente recibiendo llamadas de su padre ebrio en la madrugada a insultarla porque no lo quiere;  ese mismo padre igualmente ebrio o más, llamando a su hija menor (ocho años) a darle quejas porque su hermana no lo quiere; un padre diciendo a viva voz lo decepcionado que está de su hijo  porque no es igual de brillante a su hermano; una madre quitándose de encima a su pequeñísima y única hija porque le espicha una teta llena de silicona; un par de niños hermosos observando cómo su papá intenta asfixiar a su mamá porque no le soporta un ataque depresivo más. La hija de una médica pediatra especializada en adolescentes besándose con todo el colegio intentando llamar la atención de sus padres. Una mamá transfiriendo a su hija sus rencores y peleas con el resto del mundo, un papá tratando a su ex de puta delante de su hijo; unos padres recordándose mutuamente lo infieles que han sido el uno con el otro con su pequeña al lado.

Padres y padres siendo observados por caritas que no logran entender lo que está pasando a su alrededor.




lunes, 20 de febrero de 2012

El Mozo que fui

Yo fui mozo lo confieso, no me siento muy orgulloso de eso pero ya lo hice y no puedo hacer nada para devolver el tiempo y sinceramente no estoy tan seguro de mi arrepentimiento, lo que si puedo afirmar es que  no me volverá a ocurrir -ya estoy muy viejo para eso- además que no creo que haya mucha candidata por ahí buscando un mozo como yo.

Fui mozo como ya lo dije y sufrí esperando una llamada, extrañando un fin de semana compartido, una idita a cine, una salidita a Unicentro o al bar de moda. También tuve ansiedad por saber de ella a horas incorrectas, hice escenas de celos por que dormía con el marido y si....me creí el cuento que se iba a separar, que todo era cuestión de tiempo, que su matrimonio era una farsa. En fin...espíritu de mozo no me faltó. 

Salí corriendo a horas inciertas a sitios surrealistas, me tocó aparecer como quién no quiere la cosa en bares donde estaba reunida con sus compañeros de oficina, sacar tiempo para almorzar o sacarle el tiempo al almuerzo ya se imaginarán para qué, es más, muchas veces quise que el marido nos encontrará para que todo se resolviera de una buena vez. En fin...pataletas de mozo hice.

La acompañé a hacer mercado para su casa, la visité en su apartamento con servicio doméstico vigilante, me presentó al marido como amigo de tiempo atrás, salí con los hermanos en plan de paseo, le cargue el niño y le dije que era un bebe precioso (cosa que no es tan cierta, son más bonitos los míos), le serví permanentemente de entretención y me sentí usado, comido, cogido, manipulado. En fin...espíritu de mozo si tuve.

Confieso además que durante mucho tiempo fui hasta buen mozo, de esos entregados a la relación, empoderados dicen los expertos al management, excusándole su comportamiento, defendiéndola ante mis pocos amigos, creyendo cada cosa, sintiéndome novio y no lo que era: un simple, vulgar, básico y pordebajeado mozo. En fin...que ingenuidad de mozo tuve.

No fue fácil lo confieso, pero tampoco fue una pesadilla, finalmente, mi ????? (como se le dice a la pareja de un mozo?), era bastante agraciada por no decirle hermosa y los riesgos siempre tendrán su encanto, digamos que como experiencia - irrepetible eso sí - la cosa dejo su aprendizaje y hasta su reflexión y como ya lo dije en ese tren no creo volver a montarme.

Al final me echaron por mal mozo, por que según el sano criterio de la susodicha la ecuación funcionaba siempre y cuando yo fuera un mozo fiel, cosa que yo no estaba dispuesto a ejercer.

Mozo si, pero no boludo...bueno no TAN boludo.




lunes, 23 de enero de 2012

Los Estatus

Yo soy muy mañoso, maniático, exegético e hideputa,  pero esto último por lo menos ya lo sabíamos y no había razón para repetirlo, pero mejor que lo tengan claro, dado lo que voy a decir.

Aclaro lo anterior (dos veces o mejor, una y media), por que de un tiempo para acá, algo así como un año y medio o mejor, dos para ser más exactos, me ha venido molestando, incomodando, aburriendo, enloqueciendo, fastidiando, irritando, desagradando, esa cambiadera nerviosa y obsesiva de estatus en el blackberry messenger de algunos de mis contactos. 

Debo si confesar que yo mismo en ocasiones tuve que recurrir a ese medio para mantener una comunicación con un amor non sancto y a pesar que me sonrojaba al hacerlo (yo soy provinciano, luego soy acomplejado), no tenía mayor opción y todo se me terminó convirtiendo en un juego de palabras, señales y mensajes cifrados que solo nosotros dos -ayyy el amor prohibido- entendíamos y hasta justificábamos.

Hecha la aclaración sigo. Decía que dada mi condición maníaca obsesiva yo soy incapaz de pasar por alto cualquier tipo de advertencia, señal, icono, alarma que produzca mi teléfono, razón por la cual DEBO ver cada cosa que me envían o que sucede a través de las aplicaciones que para mi desgracia tengo, y que soy incapaz de eliminar. Sin embargo, hay una especialmente que me crispa y es - como no - la del estatus del BBmsn. Y es que este espacio, se ha convertido en un hervidero de chismes, de vainazos que van y vienen, de noticias que no me interesan, de estados de ánimo, de cambios de estado civil, de plegarias, de mensajes de superación personal, de consejos no pedidos, de engaños y desengaños, de tribulaciones, de reflexiones, de banderitas, de coranzoncitos, de maricaditas, mejor dicho, la egomanía en su máximo esplendor. Todos y cada uno queriendo ser los más originales y posar de los más interesantes cuándo la verdad sea dicha lo único que estamos es tratando de llamar la atención -ayyy de las soledades acompañadas-.

Es así como me acabo de enterar que una prima acaba de llegar a Bogotá, una amiga a Manizales, a otra se le acabaron las vacaciones y ella misma dos minutos después esta pidiéndole paciencia a Dios, la mona Amparo da gracias por la salud y el trabajo, la Baquero quiere pasar páginas, cerrar libros y clausurar bibliotecas, a Florecita le duele todo, el Ovejo quiere Chocolatito caliente, la Mafe pretende hacernos creer que para ser feliz es mejor no escuchar, no creer y no decir, mi prima Marcela ama a su mamita María cuándo la de ella se llama Julia, la hija de una amiga cumple cuatro años, los mismos que lleva alegrándoles el corazón, mi prima Luz Karime pone su futuro en manos de ya sabemos quién y mi prima Ximena da gracias a ya sabemos quién también por tener la hija más hermosa del mundo, para otra que ni recuerdo por que la tengo en mis contactos tener sus ojos debe ser ilegal, un compañero de armas ama a su esposa pero todos sabemos que tiene cuatro mozas y así....(puro chisme como ya dije). ayyyy de lo que uno se entera por BBmsn.

Puede producir algo de risa todo esto y deberíamos quedarnos con ella pues finalmente la risa no le hace daño a nadie, solo que a veces a mi me da la impresión estar escuchando gritos desesperados y angustiantes de auxilio, torres de babel contemporáneas, carencias que llaman o en el mejor de los casos, gritos virtuales esperando abrazos reales. ayes y más ayes de nuestra sociedad actual.

Yo no sé, allá ustedes, pero al final queda uno como triptongo.

"Ayudando ando"