miércoles, 28 de diciembre de 2011

Mujeres

Mujeres 

La mujer imposible,
La mujer de dos metros de estatura,
La señora de mármol de Carrara
Que no fuma ni bebe,
La mujer que no quiere desnudarse
Por temor a quedar embarazada,
La vestal intocable
Que no quiere ser madre de familia,
La mujer que respira por la boca,
La mujer que camina
Virgen hacia la cámara nupcial
Pero que reacciona como hombre,
La que se desnudó por simpatía
Porque le encanta la música clásica
La pelirroja que se fue de bruces,
La que sólo se entrega por amor
La doncella que mira con un ojo,
La que sólo se deja poseer
En el diván, al borde del abismo,
La que odia los órganos sexuales,
La que se une sólo con su perro,
La mujer que se hace la dormida
(El marido la alumbra con un fósforo)
La mujer que se entrega porque sí
Porque la soledad, porque el olvido...
La que llegó doncella a la vejez,
La profesora miope,
La secretaria de gafas oscuras,
La señorita pálida de lentes
(Ella no quiere nada con el falo)
Todas estas walkirias
Todas estas matronas respetables
Con sus labios mayores y menores
Terminarán sacándome de quicio.

Nicanor Parra

La doncella y la muerte


Una doncella rubia se enamora
De un caballero que parece la muerte.

La doncella lo llama por teléfono
Pero él no se da por aludido.

Andan por unos cerros
Llenos de lagartijas de colores.

La doncella sonríe
Pero la calavera no ve nada.

Llegan a una cabaña de madera,
La doncella se tiende en un sofá
La calavera mira de reojo.

La doncella le ofrece una manzana
Pero la calavera la rechaza,
Hace como que lee una revista.

La doncella rolliza
Toma una flor que hay en un florero
Y se la arroja a boca de jarro.

Todavía la muerte no responde.

Viendo que nada le da resultado
La doncella terrible
Quema todas sus naves de una vez:
Se desnuda delante del espejo,
Pero la muerte sigue imperturbable.

Ella sigue moviendo las caderas
Hasta que el caballero la posee.


Nicanor Parra (Premio Cervantes 2011)

viernes, 9 de diciembre de 2011

Treinta y Tres

Siete de la mañana del nueve de diciembre del dos mil doce, suena mi característico timbre en mi chat del Blackberry y alargando la mano lo más posible, pues no encontré mis gafas, veo, o mejor leo que es mi buena amiga María Jose quién me dice: "paisanito anoche soñé contigo". Yo, hombre que soy, pensé en lo que pensamos los hombres cuándo nos lanzan estas afirmaciones. Sin embargo, ella rápidamente despeja cualquier duda y a continuación aclara: -Si, soñé que tenias una librería, "Librería Hurtado" y vivías en un pueblo pequeño con edificios de máximo tres pisos. -que hay que reconocer el grado de exactitud de  los sueños de mi paisana, así como el poco ingenio y creatividad para lo de los nombres-.

Ahora, lo curioso del relato es que el día anterior chateando con mi amiga Hoffbauer que vive en Austria le había contado que yo si tenía claro que mi futuro estaba en regentar una librería y como me picó la lengua (bobo careado mata la máma), heme aquí listo a confesarles que he creado todo un imaginario alrededor de este sueño que pienso comenzar a cumplir pasada la cincuentena y cinco.

Mi librería se va a llamar "tleinta y tles" por que así era como le decían a mi padre en su juventud pues no podía pronunciar correctamente la "erre". Y obvio, es un claro homenaje a él pues gracias a su ejemplo  adquirí el hábito de la lectura y el amor por los libros (que es diferente). Y sí, tal cual lo soñó Majo, estará ubicada en un pueblo pequeño con alguna tendencia cultural y turística.

Digamos por decir cualquier cosa que podría ser Barichara. Allí o mejor, desde allí, atenderé mi negocio que abriré a partir de las tres de la tarde hasta pasadas las once de la noche entre semana. Seguiremos derecho -si la salud me lo permite- los fines de semana; el trabajo de asistente será voluntario y lo podrá ejercer cualquiera que sienta pasión por la lectura, por que lo que soy yo, me dedicaré a fumar habanos todo el santo día y a hojear y comentar libros con cuánto personaje del pueblo pase. Por supuesto que me haré a  un circulo de amigos quienes podrán no solo servirse café si no además licor -si la salud se los permite-.

Yo, que siempre he sentido predilección por la caracterización, no me bajaré de mis jeans viejos, unas sandalias tres punta´as, una boina vasca que tapará mis ausencias y una barba larga, lánguida y blanca. En los más de los días leeré y tertuliaré y crearemos mis amigotes y yo un ritual finalizando la tarde, que no será otra cosa que salir a sentarnos en el andén a ver pasar las beatas camino a misa para increparlas con piropos obscenos y reírnos a carcajadas de niños grandes cuándo luego de la consabida morisqueta una santiguada se echarán.

Además de las novedades literarias, de los clásicos, de los contemporáneos, de las crónicas de Salcedo y Guerreiro, de las recomendaciones de Jotica y demás ratones, crearé un sitio exclusivo para las obras de la hermana de Olga Patricia, una tal Pilar Quintana que vive recluida en el Pacífico.

La sección de música tendrá Jazz, Soul, Son, Tango, Salsa, Rock, Bossa, amén de mi infaltable Sabina y mi adorada música clásica. Imprescindible una cafetera bien dotada y no faltarán las facturas para atender a mi buen amigo Albeiro, y como valor agregado, un sitio exclusivo y casi que privado "el rincón del porro".

Dos reglas impajaritables a saber:

  • Se expulsará a pescozones a quienes de manera vil y con alevosía lleguen a preguntar y exigir títulos de auto ayuda, de motivación y de superación personal,
  • Se encontrará en el altillo una cama bien tendida para mis buenos amigos a quienes lo único que cobraré y aceptaré es un hígado bien dispuesto para el tinto.

Al final yo me quedaré viendo el amanecer de un pueblo que aún no conozco, solo para darme el placer de verla pasar enfundada en su chal rumbo a su misa dominical ya algo encorvada pero con la altivez propia de su raza y su orgullo inmutable e inamovible.

Punto.