sábado, 30 de abril de 2011

30 de Abril

Hoy 30 de abril del año cristiano del dos mil once, sábado para más gracia, día al que considero tonto, innecesario, producto de una sociedad perezosa, que vive como ya he dicho varias veces poniéndose de acuerdo para hacer y decidir pendejadas, sábado de mierda en dónde a los señores residentes de esta ciudad brumosa y encantadora, pero no por ello menos caótica, les da por sacar hasta la motobecane, solo para darse el placer de echar ajos por doquier por el tráfico insoportable y los trancones interminables.

Hoy he dicho, ha muerto a los 99 años de edad Ernesto Sábato, escritor argentino , quién marcó mi adolescencia con EL TUNEL, esa obra maestra del existencialismo, del fatalismo, del amor y de los amores contrariados. Con esa novela de mi adolescencia, que a algún profesor de literatura se le ocurrió ponernos a leer en un pueblo asqueroso para el estudio como es Villavicencio, en un colegio de shit en obra gris, de propiedad de una política con ínfulas de educadora y en un calor húmedo de las once y media de la mañana, en dónde los más pilos luchábamos por no cerrar los ojos del sopor y del aburrimiento y a dónde fuimos a parar gracias a la incomprensión de nuestra educación con raíces Jesuitas es decir religiosas - que nada bueno se puede sacar de esos manes  y demás comunidades del mismo o peor calibre -, que no soportó nuestras muestras de incoformismo y las acciones que se hacían para expresarlas. 

Es que también se delican por nada, como si fumarse un porro en los baños para soportar la mediocridad de nuestros profesores fuese considerado falta grave. Que hay que ver la falta de tolerancia de por dios!!!

Por supuesto que odie a Sábato desde la primera página y lo deteste aún más cuándo tuve que hacer el consabido y estúpido Análisis Literario, con su deconstrucción de personajes principales, secundarios, inicio, argumento, trama y desenlace, espacio y tiempo y no se que carajadas más que ya no recuerdo gracias al dios de la mala memoria (si ya sé, que ustedes saben que prefiero el politeísmo), ejercicio que siempre he considerado torpe e innecesario y que no colabora de a mucho para que nuestros chicos amen la lectura, como se debería amar, es decir como un placer, como un juego, como un divertimento.

Ansina mismo fue mi descubrir de Sábato, que logré rescatar en gracia a que soy terco con mis lecturas y que luego de una segunda oportunidad adoré como ama un adolescente fatalista, romanticon y bobo como yo. Enamorado del primer beso con lengua que me zampó una vecina y a quién le debo ese y otros más placeres a pesar que jugaba conmigo pues sus tres años de diferencia de edad le daban ya para ejercer de mujer fatal y a quién yo esperaba leyendo y aprendiéndome de memoria frases trágicas del TUNEL, para que volteara su atención hacía mi y por supuesto volviera a meter su lengua en mi boca que finalmente era lo que yo realmente esperaba

Que carajos!!! me esta saliendo demasiado confesional esta entrada.

Sábato desde entonces se convirtió en uno de mis preferidos y como no hay mal que por bien no venga se convirtió en uno de mis héroes reales, pues alguien que dice que "uno no puede ponerse del lado de quienes hacen la historia sino al servicio de quienes la padecen", no puede generar sino admiración.

Un incansable defensor del débil, un hombre, un viejo hermoso, que no descanso hasta no desenterrar toda la barbarie de la dictadura Argentina, de los desaparecidos, de los torturados, de los niños perdidos y entregados en adopción a familias prestantes y que quedo consignado en ese documento que se llamo "el informe sábato" luego de que Raúl Alfonsín lo nombrara presidente del comité encargado de investigar la violación a los derechos humanos durante la dictadura y que realizó con valentía. 

Con personas como Ernesto Sábato cae uno en cuenta que la heroicidad de la gente viene del corazón y de unas profundas convicciones y principios y que no tienen nada que ver con la fuerza bruta y menos de las armas. Lección que deberíamos y deberían aprender tantos ídolos creados de la nada a los que les da por hablar cuándo no consiguen sus fines personales, egoístas y megalómanos. 

Finalmente yo siempre he considerado que uno se enamora de los escritores que leyó de joven por que pensaban por uno.

Se va un héroe. Deja sus libros, deja su tumba. Mis honores.

PD: y solo por que el destino es fatalista, un 30 de abril fue asesinado en esta ciudad un ministro de justicia valiente que decidió declararle la guerra a muerte a la mafia. Rodrigo Lara Bonilla y no contento con esto en 1991 también en Bogotá, cayó completamente desprotegido Enrique Low Murtra, otro valiente, otro exministro de justicia.

Sobre héroes y tumbas..... novela de Sábato.


2 comentarios:

  1. "Fe de erratas, esta es una frase de Albert Camus citada por Ernesto Sábato en su libro Antes del fin, el cual de pura casualidad me encuentro leyendo por enésima vez."

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  2. Fe de erratas aceptada luego de ser comprobado que lo que dices es cierto, pero no por incrédulo sino por rabón.

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