lunes, 13 de diciembre de 2010

Fatality

Se que uno debe ser respetuoso de la fe ajena, pero a mi me molestan las personas que hablan de energías, mezclan creencias orientales con consejos de superación personal y hacen del optimismo un hostigante sistema de vida.

Por eso me gane una reprimenda de un buen jefe hace algunos años, cuándo al banco para el que trabajaba le dio por llevarnos como conferencista invitado al padre Gallo, un cura que ya no lo es, que utiliza el humor fácil para ganarse la audiencia, decirnos un poco de obviedades, embolsillarse un buen fajo de dinero y por supuesto vender sus libros llenos de nada. 

Y tuve la valentía rara en mi!, de expresar que yo por principio sospechaba de los curas y más cuando se las daban de chistosos. A este jefe mio le pareció que estaba blasfemando y ahí fue Troya!

Lo cual me convenció nuevamente y para siempre, que aquello de andar opinando de manera sincera no sirve para mucho.

A veces solo creo que hoy más que antes y que nunca, estamos llenos de carencias y para suplirlas terminamos haciéndonos un revoltijo, una amalgama de creencias provenientes, como dije al principio de disimiles culturas y religiones en las que no vamos a encontrar nunca la paz de espíritu y la gracia de la felicidad.

En términos generales siempre me ha parecido que toda filosofía que desprecie la duda y el escepticismo no merece mayor respeto intelectual.

Abajo el optimista irredento y que viva el fatalista racional!

He dicho, que carajos!




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