Como ando sin la alegría del hogar por estos días, que entre otras no es el Migue, sino Gloria mi asistente doméstica, he tenido que esforzarme al máximo para mantener los estándares de limpieza y orden a los que un cuarentón medio amargado, gruñón y chocho, esta acostumbrado pero algo oxidado en la disciplina del tener que valerse por si mismo, dada la costumbre de tener a Gloria.
Cuento esto por que llegue hace un rato a recoger y lavar lo que estaba acumulado estos tres días de ausencia de empleada y luego de dejar todo como estaba, me he sentado a despachar el libro de Maria Jimena Duzan que es algo así como una catarsis, un viaje al interior para recordar a Silvia su hermana, asesinada por paramilitares hace ya algunos años. Dice la critica que es conmovedor, aterrador y supremamente honesto, pero eso luego se los ratifico por que una vez, música lista, sentado en mi sillón amarillo, con las gafas del negro Sierra y el libro abierto, me surgió la imperiosa necesidad de escribir esto que sigue a continuación.
Anoche Marcela y Nestor abrieron las puertas de su hogar para mi con el propósito pensaba yo de tomarme unos vinos, comer una buena pasta, e inclusive llegue a creer que me figuraba novena - que hay que ver lo que uno esta dispuesto a hacer por los amigos que quiere - pero oh sorpresa! hemos estado los tres y he tenido una de las veladas no solamente más cálidas, afectuosas y cariñosas de mi vida, sino absolutamente conmovedora, amén de la buena mesa y el buen vino que se escancio por montones.
Dirán ustedes que exagero pero no es así, lo cierto es que estar con ellos, a quienes conozco desde antes que fueran los Vargas Rodriguez, y con quienes compartí una de las mejores épocas de mi vida en donde todavía el romanticismo pesaba más que este pragmatismo horroroso en el que se convierte de cuando en vez el paso por este mundo, me hizo retrotraer y recordar o mas bien añorar el hombre que era y lo ligero que viajaba por ese entonces y han tenido que pasar tantos años, tantas cosas por mi vida para sentarme y concluir cuán felices eramos, cuán ingenuos, cuán románticos y sobretodo y a pesar que se pudiera pensar lo contrario, cuanta pero cuanta razón teníamos de vivir así, por que la vida debe ser bebida a borbotones, por que no hay manera diferente de sentirla, de percibirla, de respirarla.
Sentarnos a escuchar a Cerati, Serrat, Pablo, Silvio, Ana Belen, Victor Manuel a Clapton y a Sabina, es decir hacer programa ochentero, cantar a trio y gritarnos para hacer valer el mejor de nuestros recuerdos, ver fotos nuestras con cara de niños, desconocernos en esos rostros, intentar buscarnos allí, ha sido una experiencia reveladora y encantadora.
No ha habido un solo día desde que conocí a Marce, en que la he dejado de querer, ha sido mi amiga desde entonces y hasta siempre, la he visto esperando a Mariana, la he visto angustiada y valiente esperando a su esposo con la certeza de que su Dios no se lo iba a quitar tan pronto, es mi confidente y mi conciencia pero sobretodo es quién se ha preocupado por mi y quién me conoce como pocos.
El Negro es quién yo hubiese querido ser, así de sencillo y así de simple, lo único que me debe en esta vida es que lo saque lancero, así nunca jamás me lo quiera reconocer, de resto es mi alter ego.
Ellos dos son personas excepcionales que han construido un hogar hermoso en un medio a mi manera de ver absolutamente adverso, y eso solo se puede hacer con un profundo Amor y nada mas admirable para mi que eso.
Son mis amigos y para mi los amigos son los hermanos que uno no pudo escoger.
Para los dos mis respetos y mi cabeza descubierta.