Por fin! después de dos semanas dándole duro y parejo me despaché las más de 2200 páginas que contienen la trilogía de Stieg Larsson, a saber: los hombres que no amaban a las mujeres, la chica que soñaba con una cerilla y un bidón de gasolina y la reina en el palacio de las corrientes de aire. Con esos titúlos confieso que necesite un impulso para tomar la decisión; primero de comprarlos y luego de emprender la tarea de leerlos. Dicho impulso llego de la mano de una columna de Hector Rincón en la revista Cambio en la que hacía referencia a la recién publicada novela de Maria Cristina Restrepo. Allí Rincón refería que leyendo esta última había logrado salir del vacio existencial que le dejo leer a Larsson y fue en ese momento que sentí el empujon y salí a comprarlos. La verdad era que asimilaba los titúlos, con los libros de superación en los que estuve embuido a principios de este año tratando de superar una crisis que me dejo bastante maltrecho y que por supuesto no estaba interesado ni en recordar ni en repetir.
Término siendo una grata sorpresa esta lectura pues resultó lo más de divertida y entretenida. Es decir si uno no quiere profundizar ni echarle mucha cabeza al asunto los tres libros se convierten en lectura de playa, de vacaciones, de esas que uno busca para olvidarse de este mundo y sus pasiones y solo importa que la historia mantenga el vilo y obligue volver a coger el libro justo después de levantarse, comer y ...bueno cualquier cosa que uno haga en vacaciones. Así resultó la trilogia en su superfície.
En sintesís se trata de la mas pura novela policiaca, dónde su personaje principal me recuerda a uno de mis héroes de comics. El gran Tin Tin, aquel periodista imberbe, con cara de adolescente, que tiene una mezcla de detective, investigador, policia y aventurero que historia tras historia sale avante en cada de sus misiones.
Por otra parte, hay dos circunstancias que me obligaron a profundizar un poco más en lo leído. La primera son las alarmantes cifras que Larsson en el primero de sus libros va colocando al inicio de cada capítulo sobre violencia doméstica, violaciones y todo tipo de délitos cometidos contra las mujeres en SUECIA, uno de los paises con mayor calidad de vida del mundo y la segunda, es la percepción favorable que me deja acerca de la veeduria que el ciudadano común hace de sus organismos de control, de su gobierno y de su parlamento. lo que quiero significar con este comentario, es como la sociedad tiene claro su papel de derechos y deberes y en consecuencia lo asume. Estas dos circuntancias me asombraron por su contradicción; por un lado un país con problemas tercermundistas y por otro, comportamientos ciudadanos propios del primer.
En cuánto a Larsson el escritor, les puedo contar que se trató de un gran defensor de los derechos de la mujer y un activista consagrado a denunciar grupos neonazis y de extrema derecha (lo cuál habla muy bien de él), periodista notable quién no alcanzó a celebrar el inmenso éxito de su obra ya que murió a la edad de 54 años victima de un ataque al corazón, unos días después de entregar el manuscrito de su tercer historia y unas semanas antes de ver publicada la primera.
Yo, pues quede igual que Hector Rincón, con un hueco en el alma y sin muchas ganas de emprender pronto una nueva lectura, a pesar que ya compré la biografia que Gerald Martin hace de GGM, mi gran idólo. Así quede, eso les cuento.
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