Ha sido y sigue siendo tema recurrente con mis amigos, el cuento del paso de los años. Siempre caemos en el chiste facíl y flojo respecto a nuestras contemporáneas acerca de lo viejas y arrugadas que se ven, que al parecer es un privilegio de ellas y no aplica para nosotros toda vez que pareciese que no nos vieramos en el espejo y el paso del tiempo no hiciese mella en estos cuarentones avanzados en lo que nos hemos convertido y a quienes nos esta pasando igual pero que nos negamos a admitirlo. Debe ser por eso que la expresión ¨viejo verde¨ aplica para la serie masculina que no para la femenina (aunque casos se han visto).
Todo lo anterior por que cuándo llega el domingo - día del señor - es cuándo mas viejo me siento, pues es en dónde se me salen todas las manias que veia en mi padre, a saber: me levanto un poco más tarde, lo primero que hago es recoger el periodico, me preparo una bebida caliente y muy acomodado nuevamente en mi cama, me despacho EL TIEMPO y EL ESPECTADOR en toda la mañana. Eso si rogando para que ¨el amito¨ no se despierte temprano a pedir desayuno y me dañe el programazo. Amén de otros pequeños placeres como el de andar enpijamado ojalá todo el día, obviarme la afeitada y rascarme el culo y los huevos (con su olidita respectiva), las veces que me vienen en gana - si ya sé que soy un asqueroso - mea culpa.
En fin, que me he tomado unos minutos para escribir esta pendejada, un domingo cualquiera cuándo sé que hoy se han levantado miles de desaptados a correr en la ciclovía, a mostrar sus mascotas y a andar detrás de las bicicletas, patinetas y otros adminicúlos de sus bastarditos, cuándo - como yo - deberían quedarse en sus casas por que de veras que no vale ni la pena ni el esfuerzo dedicarle al ejercicio un solo día de la semana, además de obviarnos el espectáculo grotesco de sudaderas chillonas y ropa deportiva que hace un esfuerzo grande por cubrir cuerpos obesos que se derraman sobre la lycra desafiando costuras y gravedades.
Sigo sin entender por que esa tendencia a no envejecer con dignidad que hay en nosotros. Ahí si sugiero el consejo de la experta en moda más famosa de nuestro país, cuyo sempiterno consejo se basa en un jean y una camisa blanca ( descubrió el agua esa idiota), ¨señores, señoras veansé al espejo¨ no me jodan!
Más bien les dejo mi principio dominical:
!Que carajos que viva el ocio en todas sus manifestaciones, sibaritas y hedonistas!
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