martes, 1 de septiembre de 2009

"Mi dulce enemiga"

Pierre de Ronsard, el más famoso poeta francés del Renacimiento escribió una bella canción a Casandra quién fuera la mujer más bella de su tiempo. Ella hija de riquísimo banquero italiano pariente de los Médicis, era además familiar de los Salviati quienes llegaron a Francia en el más suntuoso cortejo que recuerde el Renacimiento, cuya nave capitana transportaba el Santísimo Sacramento. Dicho cortejo era el de Catalina de Médicis, quien llegaba a Francia para casarse con Enrique II, duque de Orleans, hijo de Francisco I.
Ronsard, nacido también dentro de una familia noble y rica, conoció a Casandra en una fiesta de primavera que reunía a la juventud dorada de Francia en el castillo de Blois. "La vi y por ella enloquecí", gritó Ronsard a su amigo Pierre Paschal, y agregó con voz entrecortada:

"Muérome, Paschal, cuando la veo tan bella.
Su hermosa frente, y su boca, y sus ojos
ojos donde mora el amor victorioso
que me ha herido con su flecha nueva"
Luego le compone esta bella canción:
¡Buen día corazón, buen día dulce vida
buenos días, mis ojos, buenos días mi amiga!
¡Sí, sí, buen día tú, perfectamente bella
mi graciosa, buen día
mis delicias mi amor
mi dulce primavera y mi dulce capullo
mi más dulce placer, mi más dulce paloma
mi pájaro feliz, mi tórtola gentil!
¡Buen día, buenos días
tú mi dulce enemiga!
Vale decir, que la bella Casandra, no lo amó nunca. Ronsard se moría por ella, y Casandra, a pesar de la inmortalidad que él le ofrecía, de las odas que le compuso, de las rosas que cortaba para ella en su jardín, no dudó un minuto en dirigir sus lindos ojos color violeta a don Jean de Pigné, señor de Pray, un caballero agricultor adinerado, "que no se molestó jamás en abrir un libro".
Bella historia extraída del libro de Alvaro Castaño Castillo, que nos recuerda acerca del amor y sus veleidades.
Pd: para mi As

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