Tenemos en mi promoción de la Escuela Militar de Cadetes, un grupo en Yahoo que nos permite mantenernos en contacto después de 23 años de haber egresado como subtenientes del ejército nacional.
Se cumplen varios objetivos con este grupo, el primero y mas obvio es el de comentar anécdotas, chismes, novedades familiares de todo tipo. Luego esta la de informar sobre oportunidades laborales que puedan llegar a concretarse, y finalmente esta la de acudir al grupo para campañas de apoyo a quienes nos necesiten. Somos tantos que resulta muy complejo mantener la unidad de criterio y pensamiento (igual tampoco es la intención), pero lo que si se genera muchas veces, además por tratarse de un grupo en el que hay oficiales activos, retirados, etc. es una serie de comportamientos mezquinos, odiosos y egoístas que sacan las mas de las veces lo peor que tenemos como personas, sobretodo por hechos intrascendentes que insistimos en mantener a pesar de nuestra ya madura edad. Esto no es potestativo de nosotros como militares, lo triste es precisamente en que se ha vuelto un lugar común en que para afirmarnos como individuos de "éxito" tenemos que pisotear y pasar por encima de los demás. Pura ley de la jungla.
Se cumplen varios objetivos con este grupo, el primero y mas obvio es el de comentar anécdotas, chismes, novedades familiares de todo tipo. Luego esta la de informar sobre oportunidades laborales que puedan llegar a concretarse, y finalmente esta la de acudir al grupo para campañas de apoyo a quienes nos necesiten. Somos tantos que resulta muy complejo mantener la unidad de criterio y pensamiento (igual tampoco es la intención), pero lo que si se genera muchas veces, además por tratarse de un grupo en el que hay oficiales activos, retirados, etc. es una serie de comportamientos mezquinos, odiosos y egoístas que sacan las mas de las veces lo peor que tenemos como personas, sobretodo por hechos intrascendentes que insistimos en mantener a pesar de nuestra ya madura edad. Esto no es potestativo de nosotros como militares, lo triste es precisamente en que se ha vuelto un lugar común en que para afirmarnos como individuos de "éxito" tenemos que pisotear y pasar por encima de los demás. Pura ley de la jungla.
A propósito de una riña de un par de compañeros, otro escribió una nota que no solo retrata mejor lo que estoy intentando decir sino que lo hace magistralmente. Aquí van sus palabras:
"Podría comenzar diciendo, que nada más paradójico en esta sociedad pacata que la necesidad de portar un documento para hacer constar que se es "buen" ciudadano, "buen" militar o "buen" intelectual. Tras mi experiencia jurídica - no la llamo problema ni desgracia pues fué más lo que aportó que lo que detuvo - comprendí que si bien un hecho concreto me envió a prisión, jamás me sentí delincuente o criminal, ni actué como tal, ni siento haber perdido mi dignidad o no se que otras cosas.
Cuando pienso en personas de gran calidad humana como Alvaro Osuna Padilla, Pinto Colmenares o Rodrigo Cañas por mencionar algunos nombres, jamás pensaría que son delincuentes o criminales, por el contrario los veo como personas mesuradas, rectas, con todas las posibilidades para convivir en sociedad, compañeros que enfrentan una situación difícil que no les hace distintos de otros.
Sin embargo, la sociedad fija unas "reglas", unas maneras de certificar quién es bueno o no, los documentos son una de ellas, un pasado judicial que indique antecedentes a los ojos de muchos genera inquietud y algo de temor, un documento militar en el que conste como se retiró un oficial puede llevar a alguien a pensar, lo siento por él, que tiene en frente a un individuo de la peor laya, ni que decir de los diplomas o certificados académicos que cuando aumentan en volúmen impresionan al común de la gente, o las tarjetas personales en las que se leen grados, cargos o títulos, creo que ellas no son más que caminos no siempre rectos hacia el fin verdadero.
Si la ética personal se pudiera conocer con solo mirar al otro, pocas personas podrían aspirar siquiera a ser ciudadanos, pues la inmoralidad oculta no permitiría acceder a tanto sepulcro blanqueado al mínimo derecho. Y al hablar de inmoralidad me refiero a aquella que se esconde tras vistosas y adornadas máscaras, pero que contiene las peores perversiones.
Por todo esto, procuraré jamás volver a pedir un documento que me acredite como persona de bien, no lo necesito, me basta con observar a mis hijos con mirada limpia, sin temores, buscando reconozcan a su papá, pero no por título sino por el mérito, por mi amor filial, mi entrega y mi decisión de ser su compañero de camino. Para sentirme buena persona, requiero igualmente la mirada de aprobación de mi joven esposa, una mujer que sabe que la amo entrañablemente. Para reafirmarme como buena persona, necesito únicamente encontrar un amigo, un compañero de curso que con un cálido abrazo o una palabra refrende nuestra amistad. Para ser buena persona, solo necesito actuar frente al dolor ajeno, respetar mi hogar, defender lo que creo justo, denunciar la injusticia, amar lo que hago, adquirir sabiduría para compartirla, pero no aquella de los libros sino la que otorga la experiencia cuando se reflexiona sobre el error.
Por tanto no necesitaré de un documento que me "certifique" como mejor o peor persona, pues tengo certeza de lo que soy, como se que la tienen mis hermanos centenarios internos en la cárcel.
Creo que no podemos para tratar de ser alguien, intentar ser otro: otro más rico, más exitoso o mejor posicionado; desvíos que conllevan a abandonar la búsqueda de quien de veras se es. La profesión humana es descubrir el propio manantial de vida, es ser siempre natural evitando asumir papeles o roles ajenos que de por sí nos cuesta trabajo representar, y de paso nos ocasionan angustias, pues es difícil sobrevivir en un mar de mentiras .
Erich Fromm, en ese delicioso texto ¿Tener o ser?, refiere una frase que creo resume lo que pienso de la verdadera calidad del ser humano, dice este autor: "Al afirmar que alguien o algo es, nos referimos a la esencia de la persona o de la cosa, y no a su apariencia".
Finalmente quiero decir, que entender la vida y dedicar mi tiempo a vivirla, es mi reto personal, y por fortuna, para ello, no necesito constancia distinta de aquella que expida mi conciencia."
Un saludo especial,
César Castaño
Cuando pienso en personas de gran calidad humana como Alvaro Osuna Padilla, Pinto Colmenares o Rodrigo Cañas por mencionar algunos nombres, jamás pensaría que son delincuentes o criminales, por el contrario los veo como personas mesuradas, rectas, con todas las posibilidades para convivir en sociedad, compañeros que enfrentan una situación difícil que no les hace distintos de otros.
Sin embargo, la sociedad fija unas "reglas", unas maneras de certificar quién es bueno o no, los documentos son una de ellas, un pasado judicial que indique antecedentes a los ojos de muchos genera inquietud y algo de temor, un documento militar en el que conste como se retiró un oficial puede llevar a alguien a pensar, lo siento por él, que tiene en frente a un individuo de la peor laya, ni que decir de los diplomas o certificados académicos que cuando aumentan en volúmen impresionan al común de la gente, o las tarjetas personales en las que se leen grados, cargos o títulos, creo que ellas no son más que caminos no siempre rectos hacia el fin verdadero.
Si la ética personal se pudiera conocer con solo mirar al otro, pocas personas podrían aspirar siquiera a ser ciudadanos, pues la inmoralidad oculta no permitiría acceder a tanto sepulcro blanqueado al mínimo derecho. Y al hablar de inmoralidad me refiero a aquella que se esconde tras vistosas y adornadas máscaras, pero que contiene las peores perversiones.
Por todo esto, procuraré jamás volver a pedir un documento que me acredite como persona de bien, no lo necesito, me basta con observar a mis hijos con mirada limpia, sin temores, buscando reconozcan a su papá, pero no por título sino por el mérito, por mi amor filial, mi entrega y mi decisión de ser su compañero de camino. Para sentirme buena persona, requiero igualmente la mirada de aprobación de mi joven esposa, una mujer que sabe que la amo entrañablemente. Para reafirmarme como buena persona, necesito únicamente encontrar un amigo, un compañero de curso que con un cálido abrazo o una palabra refrende nuestra amistad. Para ser buena persona, solo necesito actuar frente al dolor ajeno, respetar mi hogar, defender lo que creo justo, denunciar la injusticia, amar lo que hago, adquirir sabiduría para compartirla, pero no aquella de los libros sino la que otorga la experiencia cuando se reflexiona sobre el error.
Por tanto no necesitaré de un documento que me "certifique" como mejor o peor persona, pues tengo certeza de lo que soy, como se que la tienen mis hermanos centenarios internos en la cárcel.
Creo que no podemos para tratar de ser alguien, intentar ser otro: otro más rico, más exitoso o mejor posicionado; desvíos que conllevan a abandonar la búsqueda de quien de veras se es. La profesión humana es descubrir el propio manantial de vida, es ser siempre natural evitando asumir papeles o roles ajenos que de por sí nos cuesta trabajo representar, y de paso nos ocasionan angustias, pues es difícil sobrevivir en un mar de mentiras .
Erich Fromm, en ese delicioso texto ¿Tener o ser?, refiere una frase que creo resume lo que pienso de la verdadera calidad del ser humano, dice este autor: "Al afirmar que alguien o algo es, nos referimos a la esencia de la persona o de la cosa, y no a su apariencia".
Finalmente quiero decir, que entender la vida y dedicar mi tiempo a vivirla, es mi reto personal, y por fortuna, para ello, no necesito constancia distinta de aquella que expida mi conciencia."
Un saludo especial,
César Castaño
No hay comentarios:
Publicar un comentario