Veo
Veo su cara llena de amor y ternura, veo su cuerpo lleno de dolor, veo sus manos pasar por su cabeza y sus dedos enredarse en su pelo, la veo peinándolo, amándolo, consintiéndolo.
Veo como le susurra palabras al oído, la veo despidiéndolo mañana y tarde una vez entiende que el desenlace es inminente, irreversible.
Veo a esta mujer hermosa, digna y orgullosa viendo como de un momento a otro la vida la golpea de manera tan cruel, tan fuerte, tan triste.
Veo en nuestro pasado a mi incansable madre, a mi sacrificada madre imponiéndonos su ejemplo de entereza, de fortaleza. La veo como siempre la he visto callada, silente, con su mirada perdida, austera, simple, pero a la vez plena y satisfecha con lo que la vida puso en sus manos y que ella ha sabido con los años acoger, proteger, decantar.
Nuevamente retorno al presente y la veo con el cofre de cenizas en su regazo en donde yace su amor, su vida, su amigo, su amante, su confidente, su razón de ser. Y veo también como le habla durante el viaje, como le cuenta hacía donde vamos, por dónde estamos pasando y como recuerda cada uno de sus gestos, de sus anécdotas, cada uno de sus muchos viajes compartidos. Y la veo bajarse en el pueblo de su amor y con la delicadeza propia que reviste el momento, pero también con la angustia y el dolor en su corazón, abrir el baulito y despedirse en silencio, con sus lagrimas, con su tiempo, despedirse dije de aquel a quién tantos cuidados prolijo, a quién tantos desvelos dedico, a quién le ofreció su vida, a quién le parió uno hijos, a quién le formó un hogar.
Y la escucho susurrarle, contarle en secreto que ya por fin tal cual él quería esta de nuevo en su pueblo, en su pauto, en su llano.
Cuánto la admiro, cuánto la quiero y cuánto la he hecho sufrir. No te imaginas madre el orgullo que siempre he sentido por tenerte, por saber que gracias a ti provengo de una familia grande. Cuánto ejemplo me has dado, cuántas lecciones en silencio he recibido de ti. Que gran mujer que eres.
Ahora la vuelvo a ver, en su sillón sentada, tejiendo, bordando al lado de sus recuerdos, con el peso de una soledad que se le vino encima y probablemente allí, donde mas cerca se siente de su viejo seguirá esperando a que mi padre en cualquier momento la llame:
“mijaaa….”.
Veo su cara llena de amor y ternura, veo su cuerpo lleno de dolor, veo sus manos pasar por su cabeza y sus dedos enredarse en su pelo, la veo peinándolo, amándolo, consintiéndolo.
Veo como le susurra palabras al oído, la veo despidiéndolo mañana y tarde una vez entiende que el desenlace es inminente, irreversible.
Veo a esta mujer hermosa, digna y orgullosa viendo como de un momento a otro la vida la golpea de manera tan cruel, tan fuerte, tan triste.
Veo en nuestro pasado a mi incansable madre, a mi sacrificada madre imponiéndonos su ejemplo de entereza, de fortaleza. La veo como siempre la he visto callada, silente, con su mirada perdida, austera, simple, pero a la vez plena y satisfecha con lo que la vida puso en sus manos y que ella ha sabido con los años acoger, proteger, decantar.
Nuevamente retorno al presente y la veo con el cofre de cenizas en su regazo en donde yace su amor, su vida, su amigo, su amante, su confidente, su razón de ser. Y veo también como le habla durante el viaje, como le cuenta hacía donde vamos, por dónde estamos pasando y como recuerda cada uno de sus gestos, de sus anécdotas, cada uno de sus muchos viajes compartidos. Y la veo bajarse en el pueblo de su amor y con la delicadeza propia que reviste el momento, pero también con la angustia y el dolor en su corazón, abrir el baulito y despedirse en silencio, con sus lagrimas, con su tiempo, despedirse dije de aquel a quién tantos cuidados prolijo, a quién tantos desvelos dedico, a quién le ofreció su vida, a quién le parió uno hijos, a quién le formó un hogar.
Y la escucho susurrarle, contarle en secreto que ya por fin tal cual él quería esta de nuevo en su pueblo, en su pauto, en su llano.
Cuánto la admiro, cuánto la quiero y cuánto la he hecho sufrir. No te imaginas madre el orgullo que siempre he sentido por tenerte, por saber que gracias a ti provengo de una familia grande. Cuánto ejemplo me has dado, cuántas lecciones en silencio he recibido de ti. Que gran mujer que eres.
Ahora la vuelvo a ver, en su sillón sentada, tejiendo, bordando al lado de sus recuerdos, con el peso de una soledad que se le vino encima y probablemente allí, donde mas cerca se siente de su viejo seguirá esperando a que mi padre en cualquier momento la llame:
“mijaaa….”.
Lo mejor del ser humano es ser y sentirse orgulloso de donde es!
ResponderEliminarNo hay algo mas hermoso que el amor que se siente por los hijos y a su vez por los padres y sé que no hay ser en el mundo mas fuerte y templante que una "Madre" quien es la que lleva las riendas de un hogar y la que fortalece el mismo con amor. Por esto y mucho mas la mujer debe ser un símbolo en la humanidad; simbolo de valor, fortaleza, respeto, autoridad, dinamismo, de amor, ternura, en ella se encierra todo lo que somos cada uno de nosotros, por que? por que es una mujer la que nos da la vida!!!!!!!!!!!
Creo que es un testimonio demasiado hermoso, se palpa em tus palabras lo que es un amor de verdad, amor que redunda en amor, amor que no termina porque no depende de intereses particulares.
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