Este aforismo lo acabo de leer en "Mis Memorias" de Alfonso López Michelsen, quién comentando acerca de la relación tan cercana con su padre, manifiesta en estas memorias algo que con los años vino a entender de aquella frase que su padre le dijo alguna vez, dice así López Michelsen:
"Muchos años más tarde, yo mismo ya casado, y padre de tres hijos, descifraría el alcance del enigmático aforismo. No es que los hijos le enseñen nada a los padres sino que tener hijos, formarlos, frecuentarlos, abre los horizontes sobre nuestra personalidad, como no puede hacerlos ninguna otra de las experiencias vitales. No nos revelan nada nuevo sobre el mundo exterior, pero nos corren el velo sobre nuestro propio yo. Nuestros afectos, nuestras ambiciones, el sentido mismo de nuestra vida, en función de la sangre."
Bueno pues, lo que yo pienso al respecto es que la labor de padre puede convertirse en una experiencia maravillosa siempre y cuándo estemos decididos a tomárnosla no solo con el sentido de responsabilidad propia de un adulto sino como la oportunidad que nos brinda la vida para seguir creciendo y alimentando nuestra esencia de ser. Es decir es estando al lado de una persona llena de energía cuando podemos aprovecharnos de ella y mantenernos en cuerpo y mente vitales y productivos.
Claro que por supuesto!! los hijos le enseñan mucho a los padres.
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